lunes, 26 de abril de 2010
EL PERIODISMO CULTURAL ATRAVIESA POR CUATRO CRISIS: RICARDO CAYUELAS
El autor de “La voz de los otros” dice que el Estado ha pecado de “una ceguera casi diría que imperdonable”
SALVADOR FRAUSTO CROTTE
EL UNIVERSAL
LUNES 26 DE ABRIL DE 2010
SALVADORFRAUSTO@ELUNIVERSAL.COM.MX
Ricardo Cayuela Gally dice que el estado de salud del periodismo cultural es, en general, muy malo, y que atraviesa por al menos cuatro crisis. La de la pérdida de lectores sería la primera. “El nivel cultural de la gente es bajísimo. ¿A quién carajo le importa qué? Nadie ha leído nada, a nadie le interesa absolutamente nada”.
El jefe de redacción de Letras Libres, revista que dirige Enrique Krauze, considera que la escasez de lectores ha hecho que muchas publicaciones naufraguen y que una buena cantidad de escritores y artistas carezcan de una vitrina donde dar a conocer su trabajo.
La segunda crisis sería “la de formatos”. Cayuela asegura que “el papel está de salida. El papel imponía ciertos códigos y hasta géneros que ahora están en crisis por la irrupción de internet. El periodismo cultural escrito no ha sabido hallar un papel cómodo en el periodismo cultural en internet. A quien más ha perjudicado el cambio de formato es, quizá, al periodismo cultural”.
Cayuela, de 41 años, mece con los dedos su melena, mira al ventanal de la oficina que ocupa en el edificio de la revista que edita desde su fundación, hace más de una década, y continúa la exposición que de seguro ha meditado desde hace tiempo. “La tercera crisis es la de los propios generadores de periodismo cultural”. Habla de la falta de imaginación de editores y reporteros, de la proclividad a las modas comerciales, del culto a los premios, del apego a las efemérides, de las condicionantes externas.
“¿Por qué hacer una revisión de la obra de Juan Rulfo cuando cumple 50 años de muerto y no ahora mismo? El periodismo cultural no debería requerir de una excusa periodística, sino lanzar sus propias discusiones”. Explica que la comunidad crítica debe estar al servicio de las redacciones y no a la inversa, porque ello hace que las publicaciones se sometan a intereses externos. “La agenda cultural deben determinarla los editores y no estar ceñida a calendarios”. En su idea, los medios serían los responsables de abrir los debates contemporáneos y no convertirse en reproductores de la agenda de las instituciones culturales, ya sean de carácter público o privado.
La cuarta crisis sería la de los propios creadores. “Tenemos una clase artística e intelectual muy consentida, por becas, por puestos oficiales, por beneficios de las publicaciones del Estado. Hay una cierta impunidad: no puedes decir lo que quieres decir porque te llaman a cuentas. La materia prima del periodismo cultural es muy difícil”, dice Cayuela. Los creadores, entonces, deberían tener condiciones para poder expresar con mayor libertad lo que quieren, para así elevar la calidad del periodismo cultural. Y culpa, en parte, al gran proveedor de recursos. “El Estado gasta millones de pesos en patrocinar a los creadores, pero no apoya a las publicaciones vía publicidad. ¿Y entonces dónde se van a reseñar los libros, dónde se van a dar a conocer las creaciones? El Estado ha pecado de una ceguera casi diría que imperdonable”.
Entrevista con el entrevistador
Recién comenzó a circular en México La voz de los otros (Barril & Barral), libro donde reúne quince conversaciones con personalidades de la cultura contemporánea. El ex jefe de redacción de La Jornada Semanal dice que sus entrevistados son gente con algo importante que decir sobre “las claves del mundo”.
Mario Vargas Llosa, Carlos Fuentes, Fernando Benítez, Enrique Krauze, Sergio Pitol, Fernando Savater, Jorge Semprún, Ryzard Kapuscinski, Ayaan Hirsi Ali, Jon Juaristi, Carlos Franqui, Teodoro González de León, Manuel García y Griego, Adam Michnik y Roger Bartra hablaron con Cayuela sobre sus respectivas obras, pero también acerca de los temas del debate contemporáneo. Las entrevistas contenidas en el libro fueron publicadas originalmente en Visceversa, La Jornada Semanal y Letras Libres.
A Vargas Llosa le preguntó, en 1993: “El siglo XX estuvo dominado por la idea de la revolución y, en buena medida, por el pensamiento socialista. ¿Qué es lo que queda de él, qué es lo rescatable, qué es lo que podemos heredar?” Formulo la misma pregunta a Cayuela; él responde: “La enseñanza del siglo XX es que casi todas la revoluciones fueron contraproducentes, destruyeron más de lo que crearon, salvo la Revolución femenina, que fue pacífica, que es celebrable. El pensamiento socialista, en su esencia básica, es ético, como la idea de fraternidad en el caso de la Revolución francesa”, dice el autor de La voz de los otros.
“Parafraseando el inicio de Conversación en la catedral, ¿podría decirnos cuándo se jodió la Revolución cubana?”, le preguntó Cayuela al escritor peruano hace 17 años. El jefe de redacción de Letras Libres contesta a idéntico cuestionamiento: “La Revolución cubana nació jodida, es una cosa tristísima. Todos crecimos con el mito de los barbados jóvenes, rebeldes y hasta hermosos dirigentes que echaron a una dictadura siniestra y horrible como la de Fulgencio Batista, pero en el germen de esa revolución estaba ya el caudillismo de Fidel Castro, el autoritarismo, la violencia. Es una revolución que se traicionó a sí misma. La gente apoyó a Fidel porque dijo que haría vigente la constitución del 40 y que convocaría a elecciones, y no cumplió”.
En 1996, Carlos Fuentes recibió a Cayuela en su casa de San Jerónimo, en la Ciudad de México. “¿Qué queda de la palabra ‘utopía’, cuál es su enseñanza, su vigencia?”, preguntó el autor de La voz de los otros, quien años después tiene una opinión sobre el mismo tema: “La gente necesita un espacio de anhelo mental, de mejora mental, es difícil ser sólo un racionalista: tener familia, trabajo, vocación, ser buen padre, buen hijo, buen compañero de trabajo. Estos son anhelos pequeñoburgueses, muy respetables, pero en el fondo es una idea del mundo muy pequeña. Las utopías, que sustituyeron en el siglo XX a las ideas de las religiones, provocan pensar más ampliamente, que la vida no sea sólo pequeños progresos. Ese anhelo, aunque es irrealizable y hasta peligroso, pero necesario en la vida cotidiana, tiene un componente de trascendencia”.
Ateo por tradición
Con Fernando Benítez conversó en 1996 sobre las divinidades. “Dios ocupa una idea cero en mi vida –dice Cayuela–. Soy nieto de una familia atea, es raro, porque la mayoría de las familias conservan algo de tradición religiosa, aunque tengan por ahí un hijo díscolo. Yo ni siquiera estoy bautizado. Si te educan en el ateísmo es muy difícil creer, ves tan claro el cuento, el montaje, lo ves desde tan fuera que cómo vas a creer. Pienso en la religión católica, que me parece la más atractiva, la más humana, la que siento más próxima y a la que pertenezco en muchos sentidos, culturalmente. ¿Pero cómo vas a creer que Dios se hizo hombre, que resucitó a los tres días, que nació de una mujer virgen? Creer en eso me parece imposible, porque estoy fuera de ese discurso”.
Cayuela visitó a Fernado Savater en su casa de Madrid, en 2002. “¿Cuál es la premisa básica de la modernidad?”, le preguntó. Ante el mismo cuestionamiento, el editor de Letras Libres responde: “La libertad individual”.
“Por último, y volviendo al inicio de nuestra charla, ¿puede decirse que la exigencia ética ha estado siempre en minoría frente a la realidad histórica mayoritaria?”, preguntó Cayuela a Savater.
Ocho años después, el experimentado editor contesta al cuestionamiento formulado por él mismo hace ocho años: “Hay siempre un pequeño grupo que quiere trascender a la realidad, mejorarla. Hay gente y momentos que dan pasos hacia el desarrollo ético de las naciones, como quienes lucharon contra la esclavitud y generaron un discurso que inició en un pequeño grupo pero que después se convirtió en un discurso más extenso. Es como el discurso social de la izquierda del Distrito Federal, que ha empujado para que los homosexuales puedan ejercer todos sus derechos, casarse, heredar, adoptar, y esa es una exigencia ética de una minoría que poco a poco irá extendiéndose, como lo hizo el tema del divorcio en un tiempo. Hay una agenda social que promueve las libertades individuales que encabeza el gobierno del Distrito Federal y que, por extraño que parezca, ha ido avanzando”.
DEFENSOR DEL LECTOR...
La declaracionitis en Público
Defensor del lector
Juan Carlos Núñez Bustillo
Lo que alguien dice puede ser, a veces, materia prima para elaborar una noticia. Depende de quién sea y qué diga. Si, por ejemplo, el presidente anuncia que el precio de la gasolina se va a duplicar y explica sus razones, ese dicho es evidentemente noticioso. Igual que cuando dos partidos políticos anuncian que apoyarán a un mismo candidato en las elecciones. Son noticias porque hacen referencia a hechos que tiene repercusiones en la vida de la gente. En ese sentido no sólo es normal, sino también es deseable, que los periódicos nos informen sobre ese tipo de declaraciones si además las contrastan y las completan con datos propios.
Cuando, en cambio, las declaraciones no tienen ninguna ancla en hechos trascendentes para los lectores, no deberían ser noticia porque no nos informan de nada relevante. Cuando un periódico publica esas “no-noticias” como si realmente lo fueran, se convierten en portavoz de los declaradores. Si además abundan, entonces el medio de comunicación padece de declaracionitis, una de las más graves “enfermedades” del periodismo mexicano.
En julio de 2000, el periodista británico Gideon Lichfield publicó en la revista Letras Libres un artículo que tituló: “La declarocracia en la prensa”. El texto comienza con una lista de 47 verbos que abundan en los medios mexicanos. “Esto, el catálogo inenarrable de sinónimos de ‘dijo’, garantiza que no falte en informe alguno del último discurso del licenciado Fulano de Tal, aunque se lo cite 20 veces, el oportuno verbo para enmarcar todas sus adorables frases. Humildemente, quisiera acuñar un nombre para estas palabras sacras: los dijónimos.
“Los dijónimos insuflan vida y emoción a lo que, de otra forma, son informes de noticias de abrumadora monotonía.
“Los dijónimos son síntoma del aspecto quizá más asombroso de la prensa mexicana: la idea de que las noticias no son lo que hay de nuevo, sino lo que haya dicho alguien importante, aunque esa persona o cualquier otra ya lo hubiera dicho, sin importar, realmente, si es verdad o no. Al abrir cualquier diario, muchos de los artículos son informes de un discurso o entrevista o, a veces, de varios discursos pronunciados en una misma ocasión. Contienen paráfrasis de lo dicho por el orador, o citas directas realizadas a través de una selección de dijónimos, sin contexto, o con poco”.
El periódico que padece de este mal, afirma Lichfield, “es un excelente registro de lo que dicen los poderosos, pero no sirve para entenderlo, que es el propósito del periodismo. Los periodistas mexicanos reconocen esta enfermedad que les aflige y tiene su nombre: declaracionitis”.
El periodista español Miguel Ángel Bastenier trata también el tema en su más reciente libro, titulado Cómo se escribe un periódico. Dice: “Hinchamos la información con todo lo que sus protagonistas dicen porque solemos no tener ni idea de lo que hacen. Y, estrechamente ligado a la declaracionitis, el oficialismo, panacea universal para llenar periódicos, cuando a los redactores se les exige un rendimiento de una o más páginas por día. Lo que dijo el que manda es lo único que cuenta”.
Bastenier cita ahí a Tomás Eloy Martínez, periodista y escritor argentino fallecido recientemente: “La reproducción de declaraciones tiene que ver con la pereza para investigar, con la red de compromisos que atan las manos y la libertad, o con la cada vez más estrecha relación entre los periodistas y sus fuentes, a las que se termina no queriendo lastimar u ofender”.
El análisis
Desde hace tiempo noto en Público un incremento de las “noticias de declaración”. Para intentar corroborar esta percepción, elaboré un pequeño análisis de las noticias que se publicaron en las secciones El Tema, Ciudad y Región, y Política durante dos semanas diferentes; la del 4 al 10 de enero, y la del 12 al 18 de abril.
En el análisis consideré como “noticias de declaración” aquellas que tenían como columna vertebral el dicho de alguna persona o institución y que, siguiendo a Lichfield, “contienen paráfrasis de lo dicho por el orador, o citas directas realizadas a través de una selección de dijónimos, sin contexto, o con poco”. No se consideraron columnas de opinión ni avisos. El análisis que hice no tiene validez estadística ni es un estudio “científico”, pero me parece que los resultados no estarían muy alejados de los que daría uno que sí lo fuera.
El promedio de declaraciones publicadas en las tres secciones fue de 42 por ciento. La sección El Tema es la que tiene un menor promedio de “notas de declaración” (34 por ciento). De hecho, en cinco de los catorce días no apareció ninguna. Sin embargo, el promedio aumentó porque en otros casos las declaraciones ocuparon más de la mitad del espacio y llegaron incluso hasta 80 por ciento.
En Ciudad y Región el promedio de “notas de declaración” fue de 37 por ciento. Un día sumó solamente doce, pero en dos ocasiones fueron declaraciones más de la mitad de los textos publicados y en cinco estuvieron muy cerca de ella.
Política es la sección del periódico en la que más declaraciones aparecieron. El promedio en el análisis fue de 54 por ciento, pero hubo un día en que llegó a 91 por ciento, y en seis ejemplares estuvo entre 60 y 70. Solamente en dos ocasiones el porcentaje de declaraciones bajó a menos de 30 por ciento. Si el análisis se hubiera hecho solamente sobre las noticias principales, el porcentaje de “notas de declaración” hubiera sido todavía mayor.
Público tiene claros síntomas de padecer declaracionitis. El mal de la declaración contraviene el sentido mismo del periodismo, porque en lugar de contarle a la gente lo que le pasa a la gente, le cuenta a la gente lo que opinan unos cuantos, especialmente los políticos. La agenda informativa, que debe establecerse en función del interés del lector, termina por definirse en función de las invitaciones de los declaradores. Las “noticias de declaración” suelen ser aburridísimas y ahuyentan a los lectores. Directivos, editores y reporteros deben tomar medidas para evitarlas.
Solidaridad
Un abrazo a Jade Ramírez, colega amenazada en Jalisco por su trabajo periodístico, y a las demás personas que han recibido advertencias por ejercer sus derechos.
"LOS MEXICANOS LLEVAN LA SOLIDARIDAD EN EL ADN": PABLO YANKELEVICH
DIALOGOS › REPORTAJE AL HISTORIADOR PABLO YANKELEVICH SOBRE EL EXILIO ARGENTINO EN MEXICO
¿Por qué México recibió a los exiliados argentinos? ¿Qué contradicciones internas generó esa solidaridad con su propia guerra sucia? ¿De dónde viene la tradición de asilo político? ¿Por qué México fue siempre tierra de confabulación? ¿Cómo vivió, qué produjo y qué debatió el exilio argentino en México? El historiador Pablo Yankelevich acaba de editar el libro Ráfagas de un exilio. Aquí cuenta algunos resultados de su investigación.
Por Martín Granovsky.PÁGINA 12. BA ARGENTINA.
Doctor en Estudios Latinoamericanos de la Universidad de México, el historiador argentino Pablo Yankelevich acaba de escribir un libro del que podría haber sido protagonista: Ráfagas de un exilio. Argentinos en México, 1974-1983, coeditado por Fondo de Cultura Económica y El Colegio de México. Yankelevich dejó forzadamente la Argentina y vive en México. Pero su libro no es una autobiografía sino una minuciosa investigación.
–¿Por qué tantos exiliados eligieron México?
–Hay una cuestión interesante. Los más grandes en edad tenían referencias de la solidaridad mexicana durante el cardenismo para con los republicanos españoles. Para ellos México como destino ya flotaba en el aire.
–Pero Lázaro Cárdenas fue presidente entre 1934 y 1949 y la Guerra Civil había terminado en 1939. ¿No había referencias más recientes?
–Sí. Ya muerto Juan Perón, en julio del ’74, el presidente Luis Echeverría visitó la Argentina en septiembre. Viajó con un enorme contingente de intelectuales mexicanos. Y su discurso fue muy en línea con el discurso tercermundista, de No Alineados. No olvidemos que ese mismo año México rompió relaciones con Chile por el golpe de Augusto Pinochet de 1973. Los primeros exiliados se fueron a México en septiembre del ’74. Sobre todo Rodolfo Puiggrós, que se empleó en el diario El Día como encargado de la sección internacional. Ya había trabajado ahí en los años ’60, durante otro exilio.
–Y en el ’74 volvía luego de ser echado como rector de la Universidad de Buenos Aires.
–Sí. Una vez que se instaló en México, las noticias que el propio Puiggrós transmitía por la prensa daban la idea de un país con enorme apertura y solidaridad, con un clima de libertades para con los extranjeros.
–Pero México estaba en plena guerra sucia. En su guerra sucia.
–Esa es una de las enormes paradojas del sistema político mexicano, que conoció sus momentos más autoritarios en los años ’60. Fue creciendo la insurgencia urbana y rural, descabezada a mediados de los ’70 a través de una guerra que nada tiene que envidiarle a la nuestra, sólo que con menores proporciones. El grueso de los argentinos llegó en 1976, justo el año en que Echeverría terminaba su mandato. Son varios rostros. Si uno le dice a un chileno que Echeverría es un genocida, el chileno pensará que está hablando con un loco. El gesto de Echeverría para con los perseguidos y las víctimas de Pinochet fue impresionante. Hasta montó un puente aéreo por donde llegaron a transitar más de mil exiliados. Y además dio instrucciones precisas para salvar vidas. Pero México también fue muy generoso con los argentinos, y eso que era una situación más complicada de entender.
–¿Por qué?
–Si para los argentinos era difícil comprender que un gobierno peronista matase peronistas, eso era directamente ininteligible en México. En el mundo los chilenos, luego del derrocamiento de Salvador Allende, un socialista, recibieron la inmediata solidaridad de la Internacional Socialista. La pertenencia estaba clara.
–¿Y México no necesitaba esa identidad previa?
–Hay una tradición de asilo muy internalizada en el servicio exterior mexicano. Un ejemplo para agregar una paradoja, o para entender cuán internalizada estaba esa tradición: en octubre de 1968, dos semanas después de la masacre de Tlatelolco en México, el servicio exterior dio asilo político a dirigentes estudiantiles brasileños perseguidos por el AI5. Gobernaba Gustavo Díaz Ordaz. Una vez le pregunté por su historia a un brasileño que se asiló alrededor del 20 de octubre de 1968. “Ustedes estaban locos, ¿cómo se les ocurrió?”, le dije. Y me contestó: “Sabíamos perfectamente bien lo que estaba pasando, pero la verdad es que la historia fue más larga. En Brasil lo primero que hice fue ir a la embajada de Chile. Eramos varios. El embajador nos dijo: ‘Si no se van inmediatamente llamo a la policía’. En la embajada argentina dijeron lo mismo. Entonces llegamos a la de México. El embajador nos recibió y contestó esto: ‘Sí, cómo no, pero nunca digan que son estudiantes’”. Bueno, Echeverría caminó sobre esa inercia. En el caso de Chile desplegó algo que intentó ser parecido a la experiencia de Cárdenas con España.
–¿Qué hizo?
–Además de romper relaciones, dio facilidades extraordinarias en términos normativos al exilio (no tenían que exhibir títulos académicos para el ejercicio de profesiones porque habían salido escapados). Tengamos en cuenta que el chileno era un gobierno entero saliendo al exilio, y muchos de sus seguidores. La clase política argentina se queda en la Argentina, salvo algún peronista como el dirigente sindical Casildo Herreras. En Chile salieron el Ejecutivo, la familia del presidente, senadores, diputados... Parecía una reedición del exilio republicano. La Casa de España fundada entonces terminó siendo un organismo académico prestigioso, El Colegio de México. Echeverría les creó la Casa de Chile. Además, México era visto como un país de política exterior progresista proclive a las izquierdas. Claro que hay versiones que sostienen que no era más que una mascarada, un velo, para esconder el autoritarismo interno. Pero la cosa es tan compleja que el mismo echeverrismo recupera parte de la generación del ‘68 para trabajar en sus equipos propios. México fue en un momento de su historia profundamente represor hacia la izquierda, y sobre todo la izquierda armada, pero la historia revela que por México pasaron desde el Che Guevara y Fidel hasta la guerrilla centroamericana.
–En el libro aparecen referencias de que el Estado mexicano siempre conoció los movimientos de los exiliados.
–Sí. Siempre. Incluso una parte de la llamada contraofensiva montonera salió de México. Los servicios de inteligencia sabían perfectamente bien que Mario Firmenich y otros personajotes estaban tramando ese plan. El Ministerio del Interior también lo sabía.
–¿Y cómo lo puede saber un historiador?
–Mirando los archivos de la Dirección Federal de Seguridad, que vendría a ser algo así como una policía política. Por eso en el libro puedo contar seguimientos precisos. Puiggrós tenía un informante diario que era su secretario particular. Y lo quería mucho. Hay constancia detallada de reuniones entre autoridades del Ministerio del Interior y Firmenich.
–¿La libertad en relación con el país de origen era la misma para hacer política en México?
–Ni modo. Eso es central. El chiste es que los extranjeros tienen y tenían prohibido inmiscuirse en asuntos políticos de México. Y menos operar militarmente. Hubo un grupo del ERP que lo intentó. Duró segundos. Se les ocurrió secuestrar a una señorita de familia prominente. A las horas, nomás, fueron descabezados. Y fue encarcelado el mismo Roberto Guevara, hermano del Che. El caso centroamericano es aún más evidente, por la cercanía o por fronteras. Desde los años ’20 México fue territorio de confabulaciones.
–Toleradas.
–Toleradas, sí. Llegaban muchos refugiados y muchos asilados. Pero llegaban para tratar de volver lo antes posible. Se tejieron muchas confabulaciones. La mayoría fracasó. Una de las que triunfaron fue la revolución cubana. Fidel no hubiera salido de México sin el aval del gobierno mexicano. Del ’26 al ’28 México fue la retaguardia de Sandino y luego, en los ’70, fue la retaguardia de los sandinistas.
–Volviendo al exilio argentino, el libro habla del ejercicio académico, del teatro, del periodismo. Pareciera que el exilio era obviamente argentino, y el libro documenta las discusiones sobre la Argentina y las acciones de solidaridad, pero el trabajo era con mexicanos.
–Es que la vinculación cotidiana con México se da en los ejercicios profesionales. Los espacios eran obviamente mexicanos. Y los vínculos son con mexicanos. Otro lugar de anclaje son los hijos. Los mexicanos argentinos que nacieron en México o que llegaron muy chicos. Las redes de los hijos anclaron pertenencias. Lo interesante es el encuentro. Hay una manera de entender el mundo y de comportarse en ese mundo que causó muchísimo conflicto en la vida cotidiana. Pero hubo muchísima paciencia por parte de los mexicanos, y los argentinos de a poco fueron comprendiendo que también existía otra forma de vivir la vida. Los que rompieron el ghetto ataron solidaridades muy fuertes. La vida de ghetto es mítica. Ahí hago referencias al mito de la Villa Olímpica. Había muchos argentinos, sí, pero no más de 50 o 60 familias en un exilio de centenares. Allí vivían mayoritariamente mexicanos. La vida política de ese exilio tenía que transcurrir en sociabilidades argentinas, y probablemente también las opciones afectivas. El mundo laboral fue donde se descubrió la solidaridad, que los mexicanos llevan en el ADN. Octavio Paz dice que “más que el brillo de la victoria, nos conmueve la entereza ante la adversidad”. Los mexicanos descubrieron esta sobrevivencia frente a la adversidad de la dictadura y desplegaron solidaridades inauditas: en trabajos, casas, escuelas, dando alimentos, cuidando niños, falsificando papeles para que los niños que no los tenían porque sus padres estaban desaparecidos aparecieran como mexicanos... Digo que está en el ADN porque recibieron solidaridad los argentinos, los chilenos, los españoles, los salvadoreños. El propio pueblo mexicano está construido desde la adversidad y la solidaridad. Hablo del vecino que cuidaba a los chicos, no sólo del gobierno.
–¿A pesar de los argentinos?
–Los mexicanos suelen decir que los argentinos son muy buenos tipos siempre y cuando vengan de a uno, porque en el montón suelen ser insoportables. Pero, en serio, en la cotidianidad de la vida de las personas ese estereotipo convivió con otras formas de solidaridad. Y los argentinos hicimos nuestro autoaprendizaje, que se fue dando a lo largo de los años. Es una diferencia étnica, para empezar. Por supuesto, lo peor del racismo argentino afloró en sus momentos más o menos estelares. El aprendizaje fue lento, pero quienes lo consiguieron descubrieron que hay maneras distintas y más agradables de vivir la vida.
–¿Qué aprendieron de los mexicanos?
–Los argentinos no sabemos manejar la incertidumbre, y México es un país de incertidumbres. Dicen: “¡Pos quién sabe, manito!”. Esa es una forma de vivir la vida sin demasiadas certezas o sin las cosas que los argentinos creen que son certezas. En México todo puede salir muy bien, o no, trabajando a cualquier hora o siendo muy impuntual. La gente que aprendió los dos lenguajes la pasó razonablemente bien. Si no, no se entendería la nostalgia de la pérdida de México al regreso.
–Es una nostalgia que llama la atención, por la profundidad y por el cariño que trasunta.
–La gente no se fue de turismo al exilio. El exilio de por sí es una fractura profundísima: te vas porque estás en riesgo de perder tu vida o tu libertad, o la perdieron ya familiares tuyos, y te echaron de una u otra manera. Llegás y no tenés ninguna referencia de tu vida cotidiana. Por supuesto querés regresar a la primera de cambio. Entonces, ¿por qué la nostalgia? Quizá por el descubrimiento de una cultura distinta que a la vez es propia. Eramos muy latinoamericanos, pero todos carapálidas. Están las oportunidades laborales, la solidaridad inconmensurable y está la posibilidad de hacer tuya una cultura que termina cultivando chiles en Buenos Aires o preparando y comiendo moles. Están los que nacieron así y viven un segundo exilio cuando los padres los llevan de regreso a su tierra, gente que tiene la edad de sus padres cuando se fueron para el exilio: entre 20 y 30 años. Esos son los verdaderos argenmex. Van y vienen. Son los que más vínculos mantuvieron. Su primera sociabilidad fue mexicana.
–En el libro aparece muy destacado Gregorio Selser. Fue un gran periodista y hoy casi nadie lo recuerda en la Argentina.
–En México también fue profesor universitario. Se suicidó en 1991. Yo coordinaba una colección de libros sobre problemas claves de América latina. Le habíamos pedido a Don Gregorio que preparase un libro sobre el narcotráfico en América latina. Es lo último en que estaba trabajando. La última vez que lo vi fue en su casa. Me dijo que estaba muy enfermo, y que no creía que pudiera cumplir.
–¿Y cómo fue la relación con Puiggrós?
–No tuve ninguna relación personal. Tomé algunas clases con él en la Facultad de Ciencias Políticas. Puiggrós fue un viejo extremadamente generoso. Un auténtico patriarca. Un hombre de firmísimas convicciones políticas, equivocadas o no, pero que murió en la trinchera. No desertó. México en aquellos años fue lugar de exilio de uruguayos, chilenos, bolivianos, haitianos, centroamericanos, venezolanos, etcétera. La universidad nacional aprovechó ese capital humano y apostó a crear o potenciar centros de estudios latinoamericanos. Buena parte de ese exilio fue a parar al Centro de Estudios Latinoamericanos en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales. Puiggrós tiene un libro bastante bueno, una América latina en la crisis de 1930. También estuvieron allí Sergio Bagú, Selser, Theotonio dos Santos, Ruy Mauro Marini. Toda la teoría de la dependencia. Los argentinos se latinoamericanizan conociendo a otros exilios. México fue un lugar de encuentro de una intelectualidad exiliada, de izquierda o de izquierda radical. Algunos de estos sectores comienzan la reflexión en torno de la democracia y de la apuesta a procesos de redemocratización. México ayudó en mucho a pensar este tipo de cosas. Se discutió mucho la experiencia chilena. También la autocrítica sobre la experiencia armada. Leer hoy la revista Lucha armada en la Argentina es una continuidad. Sergio Bufano comenzó con esto en 1978, antes de la contraofensiva montonera. Lo mismo sobre la cuestión de la universalidad de los derechos humanos. Cuando el “Toto” Héctor Schmucler escribe o pregunta si los familiares de los militares no tienen derechos humanos, hay que imaginarse hoy la que se armó...
–La investigación revela que además Schmucler fue uno de los primeros en introducir el peso de la derrota política en las reflexiones y la práctica.
–Es que mientras teníamos la consigna “Con vida los llevaron, con vida los queremos”, políticamente no podías decir que estaban muertos. Cuando empiezan a aparecer los sobrevivientes de la ESMA se da una enorme discusión. Hay muchas polémicas interesantes. El grupo que de alguna manera fue heredero de la revista Pasado y Presente, que se encuentra en México con un peronismo de izquierda, es un núcleo de reflexión de temas que siguen estando vigentes. Y la revista Controversia también. No es lo mismo discutir hoy el “No matarás” que formular o prefigurar esto en medio de la dictadura, cuando no había llegado 1979 con el paso por la Argentina de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Pero hay temas que todavía se conservan en la jerga, de la agenda pública. Y en México los intelectuales participaron de la reflexión internacional sobre los modos de repensar el marxismo, lo que algunos retoman luego, ya en democracia, en la revista La Ciudad Futura o en el Club de Cultura Socialista, con implicaciones o cercanías o no con el alfonsinato. Fue muy rico. Aparecían no sólo los temas de la denuncia. También la reflexión, por ejemplo sobre el eurocomunismo, el propio exilio, sobre los de adentro y los de afuera, sobre los derechos humanos, sobre pensar o no pensar en un Nüremberg o en otra forma de juzgar a los militares. Fue muy fuerte cuando el Toto escribió desde la derrota y pidió asumir un proyecto de izquierda violentamente derrotado y ver qué hacer. Fueron muy interesantes las reflexiones de Juan Carlos Portantiero sobre la democracia y las de José “Pancho” Aricó con la revisión del marxismo desde horizontes gramscianos, pero sobre todo de un marxismo latinoamericano. La plataforma común empezaba a ser: “Perdimos, vamos a ver qué hacemos de ahora en adelante”.
–Situándonos en el 2010, ¿qué tono tiene el Bicentenario en México?
–Hay programada una enorme cantidad de eventos y monumentos. Es el Bicentenario de la revolución americana y el centenario de la Revolución Mexicana. Aquí hay otra paradoja. El partido de gobierno, el PAN, se constituye en el ‘39 en contra de la Revolución, que es tan poderosa en la mitología que no pudo ser reemplazada. De modo que el próximo 18 de abril el presidente Felipe Calderón, del PAN, conmemorará un nuevo aniversario de la muerte de Emiliano Zapata. En la mitología es tan poderosa que no ha podido ser reemplazada. La transición a la democracia amplió el panteón de héroes pero no bajó a ninguno. Cuando algunas revoluciones cayeron, cayó también parte de sus ídolos. Eso no ocurrió con la Revolución Mexicana, que sigue siendo constitutiva de la identidad, a punto que Zapata y Pancho Villa siguen cabalgando aun en un gobierno que no viene de ellos. Sí se está viendo cierta apertura a nuevos temas y nuevas reflexiones, y a revisitar procesos con otros ojos. La pluralidad que vive México, la enorme libertad de expresión, absoluta, abrió temas nuevos o temas viejos de otra manera, sin “censura historiográfica”. Hay mesas redondas sobre viejos caudillos pero aparecen temas nuevos, como la “guerra cristera”, la que libran entre 1926 y 1929 el Estado mexicano y un sector muy importante que se levanta al grito de “¡Viva Cristo rey!”.
–¿La que sirve de ambiente a Graham Greene en la novela El poder y la gloria?
–Sí, la misma. Hay una enorme pluralidad de discusión. Se habla hoy de racismo, discriminación, xenofobia, homofobia y ambigüedades en la política mexicana. La Historia se está haciendo más plural y mucho más tolerante.
–¿También más latinoamericana?
–Yo estudié América latina en México. Después los procesos de democratización en América latina marcaron el retorno de muchos profesores a sus países, o el fallecimiento de muchos otros por edad. Eso lamentablemente se cortó. En la sociedad argentina, brasileña o uruguaya hay más latinaomericanólogos académicos de los que hay actualmente en México. Los ‘90 marcan un corte brutal y una mirada más fuerte hacia Estados Unidos. América latina desapareció entre los expertos internacionalistas. Hablamos de historia contemporánea, que era la meca en los ‘70 y los ‘80. Los chilenos Luis Maira, que acaba de ser embajador en la Argentina, o Miguel Insulza, el secretario general de la OEA, daban clases de Chile. Después, la correa de transmisión no fue lo suficientemente poderosa para gestar una generación nueva de discípulos. Quizá porque los períodos fueron cortos. Los exilios argentino o uruguayo duraron ocho o nueve años. Es poco en términos académicos. México perdió el territorio del conocimiento. Y los países latinoamericanos redemocratizados ganaron, porque los colegas y profesores aplicaron su experiencia a los países de retorno. México, creo, se quedó atrás. Es una visión muy personal, pero es difícil encontrar en México un buen experto sobre, por ejemplo, Mercosur. O sobre Brasil. O sobre Honduras.
martin.granovsky@gmail.com
¿Por qué México recibió a los exiliados argentinos? ¿Qué contradicciones internas generó esa solidaridad con su propia guerra sucia? ¿De dónde viene la tradición de asilo político? ¿Por qué México fue siempre tierra de confabulación? ¿Cómo vivió, qué produjo y qué debatió el exilio argentino en México? El historiador Pablo Yankelevich acaba de editar el libro Ráfagas de un exilio. Aquí cuenta algunos resultados de su investigación.
Por Martín Granovsky.PÁGINA 12. BA ARGENTINA.
Doctor en Estudios Latinoamericanos de la Universidad de México, el historiador argentino Pablo Yankelevich acaba de escribir un libro del que podría haber sido protagonista: Ráfagas de un exilio. Argentinos en México, 1974-1983, coeditado por Fondo de Cultura Económica y El Colegio de México. Yankelevich dejó forzadamente la Argentina y vive en México. Pero su libro no es una autobiografía sino una minuciosa investigación.
–¿Por qué tantos exiliados eligieron México?
–Hay una cuestión interesante. Los más grandes en edad tenían referencias de la solidaridad mexicana durante el cardenismo para con los republicanos españoles. Para ellos México como destino ya flotaba en el aire.
–Pero Lázaro Cárdenas fue presidente entre 1934 y 1949 y la Guerra Civil había terminado en 1939. ¿No había referencias más recientes?
–Sí. Ya muerto Juan Perón, en julio del ’74, el presidente Luis Echeverría visitó la Argentina en septiembre. Viajó con un enorme contingente de intelectuales mexicanos. Y su discurso fue muy en línea con el discurso tercermundista, de No Alineados. No olvidemos que ese mismo año México rompió relaciones con Chile por el golpe de Augusto Pinochet de 1973. Los primeros exiliados se fueron a México en septiembre del ’74. Sobre todo Rodolfo Puiggrós, que se empleó en el diario El Día como encargado de la sección internacional. Ya había trabajado ahí en los años ’60, durante otro exilio.
–Y en el ’74 volvía luego de ser echado como rector de la Universidad de Buenos Aires.
–Sí. Una vez que se instaló en México, las noticias que el propio Puiggrós transmitía por la prensa daban la idea de un país con enorme apertura y solidaridad, con un clima de libertades para con los extranjeros.
–Pero México estaba en plena guerra sucia. En su guerra sucia.
–Esa es una de las enormes paradojas del sistema político mexicano, que conoció sus momentos más autoritarios en los años ’60. Fue creciendo la insurgencia urbana y rural, descabezada a mediados de los ’70 a través de una guerra que nada tiene que envidiarle a la nuestra, sólo que con menores proporciones. El grueso de los argentinos llegó en 1976, justo el año en que Echeverría terminaba su mandato. Son varios rostros. Si uno le dice a un chileno que Echeverría es un genocida, el chileno pensará que está hablando con un loco. El gesto de Echeverría para con los perseguidos y las víctimas de Pinochet fue impresionante. Hasta montó un puente aéreo por donde llegaron a transitar más de mil exiliados. Y además dio instrucciones precisas para salvar vidas. Pero México también fue muy generoso con los argentinos, y eso que era una situación más complicada de entender.
–¿Por qué?
–Si para los argentinos era difícil comprender que un gobierno peronista matase peronistas, eso era directamente ininteligible en México. En el mundo los chilenos, luego del derrocamiento de Salvador Allende, un socialista, recibieron la inmediata solidaridad de la Internacional Socialista. La pertenencia estaba clara.
–¿Y México no necesitaba esa identidad previa?
–Hay una tradición de asilo muy internalizada en el servicio exterior mexicano. Un ejemplo para agregar una paradoja, o para entender cuán internalizada estaba esa tradición: en octubre de 1968, dos semanas después de la masacre de Tlatelolco en México, el servicio exterior dio asilo político a dirigentes estudiantiles brasileños perseguidos por el AI5. Gobernaba Gustavo Díaz Ordaz. Una vez le pregunté por su historia a un brasileño que se asiló alrededor del 20 de octubre de 1968. “Ustedes estaban locos, ¿cómo se les ocurrió?”, le dije. Y me contestó: “Sabíamos perfectamente bien lo que estaba pasando, pero la verdad es que la historia fue más larga. En Brasil lo primero que hice fue ir a la embajada de Chile. Eramos varios. El embajador nos dijo: ‘Si no se van inmediatamente llamo a la policía’. En la embajada argentina dijeron lo mismo. Entonces llegamos a la de México. El embajador nos recibió y contestó esto: ‘Sí, cómo no, pero nunca digan que son estudiantes’”. Bueno, Echeverría caminó sobre esa inercia. En el caso de Chile desplegó algo que intentó ser parecido a la experiencia de Cárdenas con España.
–¿Qué hizo?
–Además de romper relaciones, dio facilidades extraordinarias en términos normativos al exilio (no tenían que exhibir títulos académicos para el ejercicio de profesiones porque habían salido escapados). Tengamos en cuenta que el chileno era un gobierno entero saliendo al exilio, y muchos de sus seguidores. La clase política argentina se queda en la Argentina, salvo algún peronista como el dirigente sindical Casildo Herreras. En Chile salieron el Ejecutivo, la familia del presidente, senadores, diputados... Parecía una reedición del exilio republicano. La Casa de España fundada entonces terminó siendo un organismo académico prestigioso, El Colegio de México. Echeverría les creó la Casa de Chile. Además, México era visto como un país de política exterior progresista proclive a las izquierdas. Claro que hay versiones que sostienen que no era más que una mascarada, un velo, para esconder el autoritarismo interno. Pero la cosa es tan compleja que el mismo echeverrismo recupera parte de la generación del ‘68 para trabajar en sus equipos propios. México fue en un momento de su historia profundamente represor hacia la izquierda, y sobre todo la izquierda armada, pero la historia revela que por México pasaron desde el Che Guevara y Fidel hasta la guerrilla centroamericana.
–En el libro aparecen referencias de que el Estado mexicano siempre conoció los movimientos de los exiliados.
–Sí. Siempre. Incluso una parte de la llamada contraofensiva montonera salió de México. Los servicios de inteligencia sabían perfectamente bien que Mario Firmenich y otros personajotes estaban tramando ese plan. El Ministerio del Interior también lo sabía.
–¿Y cómo lo puede saber un historiador?
–Mirando los archivos de la Dirección Federal de Seguridad, que vendría a ser algo así como una policía política. Por eso en el libro puedo contar seguimientos precisos. Puiggrós tenía un informante diario que era su secretario particular. Y lo quería mucho. Hay constancia detallada de reuniones entre autoridades del Ministerio del Interior y Firmenich.
–¿La libertad en relación con el país de origen era la misma para hacer política en México?
–Ni modo. Eso es central. El chiste es que los extranjeros tienen y tenían prohibido inmiscuirse en asuntos políticos de México. Y menos operar militarmente. Hubo un grupo del ERP que lo intentó. Duró segundos. Se les ocurrió secuestrar a una señorita de familia prominente. A las horas, nomás, fueron descabezados. Y fue encarcelado el mismo Roberto Guevara, hermano del Che. El caso centroamericano es aún más evidente, por la cercanía o por fronteras. Desde los años ’20 México fue territorio de confabulaciones.
–Toleradas.
–Toleradas, sí. Llegaban muchos refugiados y muchos asilados. Pero llegaban para tratar de volver lo antes posible. Se tejieron muchas confabulaciones. La mayoría fracasó. Una de las que triunfaron fue la revolución cubana. Fidel no hubiera salido de México sin el aval del gobierno mexicano. Del ’26 al ’28 México fue la retaguardia de Sandino y luego, en los ’70, fue la retaguardia de los sandinistas.
–Volviendo al exilio argentino, el libro habla del ejercicio académico, del teatro, del periodismo. Pareciera que el exilio era obviamente argentino, y el libro documenta las discusiones sobre la Argentina y las acciones de solidaridad, pero el trabajo era con mexicanos.
–Es que la vinculación cotidiana con México se da en los ejercicios profesionales. Los espacios eran obviamente mexicanos. Y los vínculos son con mexicanos. Otro lugar de anclaje son los hijos. Los mexicanos argentinos que nacieron en México o que llegaron muy chicos. Las redes de los hijos anclaron pertenencias. Lo interesante es el encuentro. Hay una manera de entender el mundo y de comportarse en ese mundo que causó muchísimo conflicto en la vida cotidiana. Pero hubo muchísima paciencia por parte de los mexicanos, y los argentinos de a poco fueron comprendiendo que también existía otra forma de vivir la vida. Los que rompieron el ghetto ataron solidaridades muy fuertes. La vida de ghetto es mítica. Ahí hago referencias al mito de la Villa Olímpica. Había muchos argentinos, sí, pero no más de 50 o 60 familias en un exilio de centenares. Allí vivían mayoritariamente mexicanos. La vida política de ese exilio tenía que transcurrir en sociabilidades argentinas, y probablemente también las opciones afectivas. El mundo laboral fue donde se descubrió la solidaridad, que los mexicanos llevan en el ADN. Octavio Paz dice que “más que el brillo de la victoria, nos conmueve la entereza ante la adversidad”. Los mexicanos descubrieron esta sobrevivencia frente a la adversidad de la dictadura y desplegaron solidaridades inauditas: en trabajos, casas, escuelas, dando alimentos, cuidando niños, falsificando papeles para que los niños que no los tenían porque sus padres estaban desaparecidos aparecieran como mexicanos... Digo que está en el ADN porque recibieron solidaridad los argentinos, los chilenos, los españoles, los salvadoreños. El propio pueblo mexicano está construido desde la adversidad y la solidaridad. Hablo del vecino que cuidaba a los chicos, no sólo del gobierno.
–¿A pesar de los argentinos?
–Los mexicanos suelen decir que los argentinos son muy buenos tipos siempre y cuando vengan de a uno, porque en el montón suelen ser insoportables. Pero, en serio, en la cotidianidad de la vida de las personas ese estereotipo convivió con otras formas de solidaridad. Y los argentinos hicimos nuestro autoaprendizaje, que se fue dando a lo largo de los años. Es una diferencia étnica, para empezar. Por supuesto, lo peor del racismo argentino afloró en sus momentos más o menos estelares. El aprendizaje fue lento, pero quienes lo consiguieron descubrieron que hay maneras distintas y más agradables de vivir la vida.
–¿Qué aprendieron de los mexicanos?
–Los argentinos no sabemos manejar la incertidumbre, y México es un país de incertidumbres. Dicen: “¡Pos quién sabe, manito!”. Esa es una forma de vivir la vida sin demasiadas certezas o sin las cosas que los argentinos creen que son certezas. En México todo puede salir muy bien, o no, trabajando a cualquier hora o siendo muy impuntual. La gente que aprendió los dos lenguajes la pasó razonablemente bien. Si no, no se entendería la nostalgia de la pérdida de México al regreso.
–Es una nostalgia que llama la atención, por la profundidad y por el cariño que trasunta.
–La gente no se fue de turismo al exilio. El exilio de por sí es una fractura profundísima: te vas porque estás en riesgo de perder tu vida o tu libertad, o la perdieron ya familiares tuyos, y te echaron de una u otra manera. Llegás y no tenés ninguna referencia de tu vida cotidiana. Por supuesto querés regresar a la primera de cambio. Entonces, ¿por qué la nostalgia? Quizá por el descubrimiento de una cultura distinta que a la vez es propia. Eramos muy latinoamericanos, pero todos carapálidas. Están las oportunidades laborales, la solidaridad inconmensurable y está la posibilidad de hacer tuya una cultura que termina cultivando chiles en Buenos Aires o preparando y comiendo moles. Están los que nacieron así y viven un segundo exilio cuando los padres los llevan de regreso a su tierra, gente que tiene la edad de sus padres cuando se fueron para el exilio: entre 20 y 30 años. Esos son los verdaderos argenmex. Van y vienen. Son los que más vínculos mantuvieron. Su primera sociabilidad fue mexicana.
–En el libro aparece muy destacado Gregorio Selser. Fue un gran periodista y hoy casi nadie lo recuerda en la Argentina.
–En México también fue profesor universitario. Se suicidó en 1991. Yo coordinaba una colección de libros sobre problemas claves de América latina. Le habíamos pedido a Don Gregorio que preparase un libro sobre el narcotráfico en América latina. Es lo último en que estaba trabajando. La última vez que lo vi fue en su casa. Me dijo que estaba muy enfermo, y que no creía que pudiera cumplir.
–¿Y cómo fue la relación con Puiggrós?
–No tuve ninguna relación personal. Tomé algunas clases con él en la Facultad de Ciencias Políticas. Puiggrós fue un viejo extremadamente generoso. Un auténtico patriarca. Un hombre de firmísimas convicciones políticas, equivocadas o no, pero que murió en la trinchera. No desertó. México en aquellos años fue lugar de exilio de uruguayos, chilenos, bolivianos, haitianos, centroamericanos, venezolanos, etcétera. La universidad nacional aprovechó ese capital humano y apostó a crear o potenciar centros de estudios latinoamericanos. Buena parte de ese exilio fue a parar al Centro de Estudios Latinoamericanos en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales. Puiggrós tiene un libro bastante bueno, una América latina en la crisis de 1930. También estuvieron allí Sergio Bagú, Selser, Theotonio dos Santos, Ruy Mauro Marini. Toda la teoría de la dependencia. Los argentinos se latinoamericanizan conociendo a otros exilios. México fue un lugar de encuentro de una intelectualidad exiliada, de izquierda o de izquierda radical. Algunos de estos sectores comienzan la reflexión en torno de la democracia y de la apuesta a procesos de redemocratización. México ayudó en mucho a pensar este tipo de cosas. Se discutió mucho la experiencia chilena. También la autocrítica sobre la experiencia armada. Leer hoy la revista Lucha armada en la Argentina es una continuidad. Sergio Bufano comenzó con esto en 1978, antes de la contraofensiva montonera. Lo mismo sobre la cuestión de la universalidad de los derechos humanos. Cuando el “Toto” Héctor Schmucler escribe o pregunta si los familiares de los militares no tienen derechos humanos, hay que imaginarse hoy la que se armó...
–La investigación revela que además Schmucler fue uno de los primeros en introducir el peso de la derrota política en las reflexiones y la práctica.
–Es que mientras teníamos la consigna “Con vida los llevaron, con vida los queremos”, políticamente no podías decir que estaban muertos. Cuando empiezan a aparecer los sobrevivientes de la ESMA se da una enorme discusión. Hay muchas polémicas interesantes. El grupo que de alguna manera fue heredero de la revista Pasado y Presente, que se encuentra en México con un peronismo de izquierda, es un núcleo de reflexión de temas que siguen estando vigentes. Y la revista Controversia también. No es lo mismo discutir hoy el “No matarás” que formular o prefigurar esto en medio de la dictadura, cuando no había llegado 1979 con el paso por la Argentina de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Pero hay temas que todavía se conservan en la jerga, de la agenda pública. Y en México los intelectuales participaron de la reflexión internacional sobre los modos de repensar el marxismo, lo que algunos retoman luego, ya en democracia, en la revista La Ciudad Futura o en el Club de Cultura Socialista, con implicaciones o cercanías o no con el alfonsinato. Fue muy rico. Aparecían no sólo los temas de la denuncia. También la reflexión, por ejemplo sobre el eurocomunismo, el propio exilio, sobre los de adentro y los de afuera, sobre los derechos humanos, sobre pensar o no pensar en un Nüremberg o en otra forma de juzgar a los militares. Fue muy fuerte cuando el Toto escribió desde la derrota y pidió asumir un proyecto de izquierda violentamente derrotado y ver qué hacer. Fueron muy interesantes las reflexiones de Juan Carlos Portantiero sobre la democracia y las de José “Pancho” Aricó con la revisión del marxismo desde horizontes gramscianos, pero sobre todo de un marxismo latinoamericano. La plataforma común empezaba a ser: “Perdimos, vamos a ver qué hacemos de ahora en adelante”.
–Situándonos en el 2010, ¿qué tono tiene el Bicentenario en México?
–Hay programada una enorme cantidad de eventos y monumentos. Es el Bicentenario de la revolución americana y el centenario de la Revolución Mexicana. Aquí hay otra paradoja. El partido de gobierno, el PAN, se constituye en el ‘39 en contra de la Revolución, que es tan poderosa en la mitología que no pudo ser reemplazada. De modo que el próximo 18 de abril el presidente Felipe Calderón, del PAN, conmemorará un nuevo aniversario de la muerte de Emiliano Zapata. En la mitología es tan poderosa que no ha podido ser reemplazada. La transición a la democracia amplió el panteón de héroes pero no bajó a ninguno. Cuando algunas revoluciones cayeron, cayó también parte de sus ídolos. Eso no ocurrió con la Revolución Mexicana, que sigue siendo constitutiva de la identidad, a punto que Zapata y Pancho Villa siguen cabalgando aun en un gobierno que no viene de ellos. Sí se está viendo cierta apertura a nuevos temas y nuevas reflexiones, y a revisitar procesos con otros ojos. La pluralidad que vive México, la enorme libertad de expresión, absoluta, abrió temas nuevos o temas viejos de otra manera, sin “censura historiográfica”. Hay mesas redondas sobre viejos caudillos pero aparecen temas nuevos, como la “guerra cristera”, la que libran entre 1926 y 1929 el Estado mexicano y un sector muy importante que se levanta al grito de “¡Viva Cristo rey!”.
–¿La que sirve de ambiente a Graham Greene en la novela El poder y la gloria?
–Sí, la misma. Hay una enorme pluralidad de discusión. Se habla hoy de racismo, discriminación, xenofobia, homofobia y ambigüedades en la política mexicana. La Historia se está haciendo más plural y mucho más tolerante.
–¿También más latinoamericana?
–Yo estudié América latina en México. Después los procesos de democratización en América latina marcaron el retorno de muchos profesores a sus países, o el fallecimiento de muchos otros por edad. Eso lamentablemente se cortó. En la sociedad argentina, brasileña o uruguaya hay más latinaomericanólogos académicos de los que hay actualmente en México. Los ‘90 marcan un corte brutal y una mirada más fuerte hacia Estados Unidos. América latina desapareció entre los expertos internacionalistas. Hablamos de historia contemporánea, que era la meca en los ‘70 y los ‘80. Los chilenos Luis Maira, que acaba de ser embajador en la Argentina, o Miguel Insulza, el secretario general de la OEA, daban clases de Chile. Después, la correa de transmisión no fue lo suficientemente poderosa para gestar una generación nueva de discípulos. Quizá porque los períodos fueron cortos. Los exilios argentino o uruguayo duraron ocho o nueve años. Es poco en términos académicos. México perdió el territorio del conocimiento. Y los países latinoamericanos redemocratizados ganaron, porque los colegas y profesores aplicaron su experiencia a los países de retorno. México, creo, se quedó atrás. Es una visión muy personal, pero es difícil encontrar en México un buen experto sobre, por ejemplo, Mercosur. O sobre Brasil. O sobre Honduras.
martin.granovsky@gmail.com
domingo, 25 de abril de 2010
"LA POSTURA ESPAÑOLA SOBRE CUBA ES CÍNICA":JORGE G. CASTAÑEDA
ENTREVISTA: JORGE G. CASTAÑEDA Ex canciller mexicano
El ex canciller mexicano afirma que el Gobierno de Felipe Calderón no tiene una estrategia clara en la lucha contra el narcotráfico
VERÓNICA CALDERÓN | Madrid 26/04/2010.EL PAÍS.
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México tiene una política exterior "inexistente" y la postura española sobre Cuba es "cínica". El ex canciller mexicano Jorge G. Castañeda (Ciudad de México, 1953), que participó el miércoles en Madrid en la Conferencia Relaciones Internacionales Unión Europea-Estados Unidos-América Latina, afirma tajantemente en entrevista con EL PAÍS que la lucha del presidente mexicano, Felipe Calderón, contra el crimen organizado "nunca" tuvo una estrategia clara.
Quien fue ministro de Exteriores durante los primeros tres años del Gobierno de Vicente Fox (PAN) y más tarde precandidato independiente por la presidencia de México en 2006, afirma que Calderón ha tomado decisiones "sobre la marcha".
Cita una encuesta difundida en México la semana pasada, que indica que uno de cada cuatro mexicanos dice haber sufrido un delito y el 80% de la población cree que hay mayor inseguridad que hace tres años. Lo más alarmante: sólo el 23% piensa que Calderón ganará la guerra. "En Ciudad Juárez hay más violencia y la gente se siente más insegura que nunca. La decisión de sacar al Ejército y meter a la policía es lo que se debió de haber hecho desde un principio. Qué bueno que Calderón lo haga ahora, pero hubiera sido mejor que lo hiciera al inicio y no tanto tiempo después".
Pregunta. El FBI dijo la semana pasada que el cartel de Sinaloa ha ganado el control de Juárez tras dos años de pelear por la ciudad, la mayor vía de entrada de narcóticos a Estados Unidos. El semanario The Economist publicó en enero que de los más de 50.000 arrestos vinculados al crimen organizado realizados en México, sólo 941 correspondían a esta organización. ¿El Gobierno mexicano tiene una estrategia clara contra el narco?
Respuesta. Nunca la ha tenido. Yo no creo esas versiones que afirman que existe un pacto entre el Gobierno y el cartel de Sinaloa; más bien es que el presidente ha tomado decisiones sobre la marcha, y algunas han sido más atinadas que otras. El propio Gobierno reconoce que han muerto 22.700 personas desde que Calderón tomó el poder. La gente se siente más insegura que antes en el país y el deterioro de la imagen de México es inmenso.
P. ¿Cuál es la política exterior de Calderón?
R. Inexistente. Ha vuelto a las políticas priístas, de no buscar pleitos por el mundo salvo algunas pequeñas excepciones. La más importante, la posición mexicana con el cambio climático [la próxima Conferencia Internacional sobre Cambio Climático se efectuará en diciembre en Cancún]. Pero su posición con Cuba y Venezuela, de llevar la fiesta en paz sin opinar al respecto, es desafortunada. Al menos, aceptó volver al Consejo de Seguridad de la ONU. Será interesante ver su posición respecto al enriquecimiento de uranio de Irán.
P. ¿Y su opinión sobre la política exterior española?
R. La postura del Gobierno español con Cuba y Venezuela es vergonzosa, cínica, oportunista, indigna de un país como España y de un Gobierno socialista. Es anteponer los intereses mercantiles más mezquinos. Las posturas de los países no se miden con resultados, sino con la congruencia con los valores que cada país tiene.
P. A 10 años de que el PRI dejara el poder, ¿considera que la democracia en México se ha consolidado?
R. Creo que ha funcionado muy bien. Por primera vez en la historia del país el poder se gana y se pierde en las urnas. Parece fácil, pero no se había logrado hasta ahora. Es un avance enorme.
P. ¿Y si vuelve a la presidencia en las próximas elecciones presidenciales, en 2012?
R. No estoy tan seguro como otros de que el PRI volverá. Pero aunque volviera, no es el mismo partido ni el mismo sistema. Eso sí, son los mismos priístas, con los mismos defectos congénitos. Ellos no se curan, es como una condición. A mí no me preocupa la vuelta del PRI. Preferiría que no volviera, pero de ninguna manera significa un riesgo para la democracia en el país.
P. ¿Cuáles son los retos entonces?
R. El Estado de derecho en México es muy imperfecto. Los monopolios que controlan los poderes fácticos del país son más fuertes que nunca, el Estado no tiene la fuerza que tenía antes para controlarlos. Y no se ha roto con esta inercia porque no hay instituciones nuevas. Cuando hubo alternancia, el Gobierno decidió mantener las instituciones que existían en la época autoritaria. Se pensó que podían funcionar bien y no. No se toman decisiones, ni de derechas, ni de izquierdas, ni liberales, ni socialistas. Existe la misma relación entre poderes que existía cuando estaba el PRI. Sigue sin haber una segunda vuelta en las elecciones, no se puede llamar a un referéndum para modificar la Constitución. El gran defecto de la democracia mexicana es su parálisis. La iniciativa de reforma que Calderón envió en diciembre es esperanzadora pero no ha pasado nada. Ojalá suceda pronto.
P. ¿México ha perdido liderazgo en América Latina?
R. Eso es una falacia. México nunca tuvo liderazgo en la región. Eso es un invento de algunos mexicanos y de los periodistas. Las posiciones que le dieron prestigio, las condenas a los golpes de Estado, la decisión de no romper relaciones con Cuba, son posiciones que asumió solo, sin que le siguieran otros Gobiernos latinoamericanos.
P. ¿Brasil sí cumple con ese papel?
R. No es comparable. México tiene frontera con tres países y Brasil con nueve. Aunque no me parece que la discusión sobre quién tiene liderazgo o no sea útil.
P. La discusión viene a cuento por la supuesta relevancia de la región como economía emergente.
R. Son exageraciones que tienen que ver con el optimismo, que qué bueno que lo haya, pero yo no exageraría. En realidad la región tiene menor peso en el mundo que el que tenía hace unos años.
POR LA DEMOCRACIA Y LA CULTURA
En los tiempos de la prepa Morelos tuvimos una aleccionadora experiencia política. Como contrapeso a la “dictadura” del Tablita- el bien recordado Humberto Muñoz Zazueta, nuestro director desde la secundaria-, decidimos organizarnos para impugnar el clásico dedazo en la constitución de la sociedad de alumnos..
Nos integramos en la Planilla Roja, encabezada por el Tony Romero, Juan Melgar, Genaro Canett, Tony Manríquez, Pancho Ojeda, César Piñeda, Jesús Collins, entre otros. Al de la VOX , junto con Gastón Castanier, le fue encomendada la cartera de Prensa y Propaganda.
¿Cuál era nuestro lema emblemático? “ Por la democracia y la cultura”. La elección fue un fraude. Perdimos la batalla, pero no la guerra. Con la resaca del 68 en todo su esplendor, nos opusimos a que la espuria sociedad de alumnos del Tablita fuera a recibir en nombre de todos los preparatorianosr al candidato presidencial del PRI, Luis Echeverría..
Aunque no estábamos invitados, acudimos en grupo a la audiencia pública en el Palacio de Cantera en la que Muñoz y sus grupito de esquiroles le confirmarían al gobernador Hugo Cervantes del Río, que la prepa Morelos daría la bienvenida a su compadre Echeverría.
Si mal no recuerdo, fue Juan Melgar que en representación de la Planilla Roja, tomó la palabra para reabatir la obsequiosidad de Muñoz: la sociedad de alumnos que iría a Pichilingue no representaba el sentir de los preparatorianos que no estábamos dispuestos a rendirle tributo a uno de los principales responsables de la matanza de Tlatelolco.
Si bien la “sociedad de alumnos” tablitista acudió al muelle de Pichilingue cargando una aparatosa ofrenda floral para LEA, la comisión de Prensa y Propaganda de la Planilla Roja imprimió en mimeógrafo y repartió de mano en mano el primer número de su periodiquito que ponía el dedo en la fresca herida del 2 de octubre y la “dictadura” de HMZ en la Morelos.
Todo en nombre de la Democracia y la Cultura.
Estos serían los antecedentes de la propuesta de conformar una Alianza por la Democracia y la Cultura…en estos tiempos de descomposición política y moral en nuestro estado, secuestrado por una familia depredadora bajo el signo del analfabetismo ya no tan funcional, la rapacidad, como lo demuestra la desastrosa recta final del sexenio del “Ingeniero”, socio y protector de una caterva de criminales.
.No se trata de un cónclave de pretensiosos “intelectuales” para regodearse en un supuesto elitismo. NO. Es una convocatoria abierta a todos aquellos que se respeten a sí mismos como ciudadanos, y se decidan a poner en juego su facultad de discernimiento compartiendo en la libre confrontación de ideas, su percepción sobre la involución histórica y retroceso político a partir del 99, y a plantear propuestas para incidir en los acontecimientos.
Sudcalifornianos conscientes de que la democracia es inconcebible sin una ciudadanía crítica, informada, ilustrada, que no agota su participación con el voto. Que asumen la democracia como un estilo de vida, un sistema que el artículo tercero constitucional define como “el constante mejoramiento de la calidad de vida del pueblo mexicano”.Que entienden que en este concepto de calidad de vida está implícito el acceso no solamente a los bienes materiales, sino también a los que fortalecen la inteligencia, el espíritu. A la cultura, a la educación que dignifica y vacuna contra las servidumbres políticas.
La preguntas clave serían las siguientes: ¿Se siente usted representado por el actual grupo en el poder? ¿Por tipos de tan baja estofa política y moral como Narciso, su parentela y socios criminales?¿Por “demócratas” como Leonel Cota que tiene que pagar para que le hagan “entrevistas” a modo y desconoce su propia herencia política con el único y miserable fin de imponer a su hermana en la gubernatura?
Con la ADC se trata de impulsar un movimiento de opinión, sin pretensiones electoreras(No puede haber liderazgos políticos sin liderazgos de opinión.).
De entrarle al debate para hacer un diagnóstico de la situación actual, ponerlo sobre el papel y publicarlo en todos los medios al alcance con las respectivas firmas comprometidas. De darle continuidad a este diálogo, llenar el lamentable vacío dejado por los partidos políticos limitados al boletinazo y la pasarela en los desayunaderos políticos, al chisme y a la pueril actitud contestataria.
Se trata de hacer propuestas para recuperar los espacios públicos secuestrados por la FAMILIA: el Centro Estatal de Radio y Televisión, la UABCS, el Instituto Sudcaliforniano de la Juventud(“Aquí no se puede hablar mal del gobierno”, es la consigna. ¿Ya vio los pornovideos que circulan en le WEB?), el Instituto de la Mujer, la Casa de la Cultura( dirigida por Ulises Cota Montaño, sobrino del demócrata Leonel, silvestre hasta el rebuzno), el Instituto Sudcaliforniano de Cultura, el Teatro de la Ciudad, La Unidad Cultural JCA, el Agora, la Biblioteca Filemón C. Piñeda…y todos los demás en los que usted está pensando en este momento.
Se trata de cumplir con el deber cívico de romper el silencio que envilece y que permite que los espurios izquierdistas en el poder se mantengan con su base clientelar a cuenta del erario público.
Al respecto, una ilustrativa anécdota: hace algunos años asistí-sin ser invitado- a una reunión de una hipotética Alianza Opositora. Ahí estaban Coppola, Manuel Salgado( el que muncho ha lushado”),los priistas de siempre. Y una voz tricolor dijo de pronto:¿Cómo vamos a contrarrestar la estrategia del gobierno de repartir despensas a cambio de votos? Como nadie respondió, lo hizo él mismo: pues juntando dinero para también nosotros darles algo…Y se nombró a un tesorero que por cierto se les fue con alrededor de 20 mil pesos.
Aquí me di cuenta que en estos foros no podía haber verdadero debate. El clientelismo no se puede combatir con más clientelismo, explotando la ignorancia y necesidad económica de la gente, sino con una intensa campaña de educación política, con el libre debate de ideas en foros abiertos.
De esto se trata. La ADC no es un movimiento de masas..sino de musas democráticas y misas laicas. Un movimiento de opinión ciudadana. La cita es el próximo miércoles a la 7 de la noche, en el Kiwi. Empecemos a limpiar la casa de todos.
LOS AZTECAS SE ATASCABAN DE POLLO
Se descubrió que...
Luis González de Alba
Resultados de un siglo de relativismo cultural, nacido en Nueva York y cultivado en universidades parisinas, según el cual todo pueblo tiene “su verdad”, tan válida como otra: en Irán el ayatolá Z explica los temblores recientes, de Haití a China, por la maldad de las mujeres: son éstas, por inducir a los castos hombres al pecado, las que causan terremotos. Explicación tan válida como la “occidental”: la corteza terrestre está flotando en magma y rota en pedazos que se traslapan de vez en cuando.
Los obispos católicos no se quedan atrás: fuerzan a niños y jóvenes a causa de ver tanto pecado, se les antoja. Y tienen razón: se llaman “neuronas espejo” las que responden cuando oímos o vemos algo que, realizado por nosotros, proviene de esa zona cerebral. De ahí el éxito de la pornografía. Trajeron al Papa a santificar un vidente del que no hay rastro histórico alguno y en el que no creía ni el abad de Guadalupe ni autoridad religiosa alguna en todo el siglo y medio anterior a 1648, cuando se inventaron las apariciones; a diario convierten pan en el cuerpo y la sangre de Jesús… y se lo comen, como cualquier caníbal.
Tras de canibalizar a Jesús en misa, Evo Morales, presidente indio de Bolivia, sale a decirnos un pequeño listado de barbaridades y se queda tan orondo: Que la homosexualidad la producen los pollos transgénicos engordados con hormonas femeninas. Olvida que los antiguos aztecas, tan entusiastas practicantes de la homosexualidad, se comían a los tlaxcaltecas porque no había pollos ni vacas ni cerdos ni borregos ni cabras ni caballos, traídos todos de España. Que no hay relación alguna entre hormonas y homosexualidad. La hormona masculina principal, la testosterona, produce los caracteres secundarios masculinos: voz grave, vello corporal, barba… y calvicie. No hay hombre muy peludo que no sea calvo. Y hay homosexuales en todas las versiones de la masculinidad, desde el lampiño de voz frágil hasta el oso peludo… y calvo.
La cabellera de Evo indica baja testosterona
Por si algo faltara al analfabeta que preside Bolivia, los pollos engordados con hormonas no son transgénicos porque no se ha actuado sobre su ADN (que alguien le explique a Evo qué es eso, a mí me da flojera). Evo es prueba del democrático reparto de la estupidez entre todas las razas.
Del pueblo de Canoa a Tláhuac hemos visto al pueblo, bueno y noble masacrar estudiantes poblanos en 68 y quemar vivos a dos investigadores en 2004 (que un disparo al aire habría salvado). Ni fray Juan de Zumárraga, testigo principal del estampado de la Guadalupana según el mito, convence a los fieles: “Ya no ocurren milagros porque piensa el Redentor del mundo que no son menester. No andéis pidiendo milagros para que no quedéis como Herodes”… que le pedía a Jesús un milagrito para dejarlo libre.
Y cada 21 de marzo, multitudes de blanco destruyen Teotihuacán para cargarse de una energía imaginaria, aunque el equinoccio caiga en 20 o 22. Y ven luces maravillosas. Si la Tierra no tuviera atmósfera, el ejemplo visual del equinoccio sería el momento en que la línea que separa el día y la noche, que no coincide con los polos de rotación por la inclinación terrestre, pasa sobre ambos polos. Son dos instantes al año, sin relación con energías. Y con todo, la última moda de Occidente es dar razón a todos: avergonzarse de las conquistas sociales, científicas y técnicas que nos dan agua entubada, luz por la noche e igualdad ante la ley.
El otro agujero negro: la SEP
Casi un 20 por ciento del presupuesto federal se va por un agujero negro: no sabemos cuántos maestros dan clase y cuántos reciben salario y prestaciones para dedicarse a la grilla sindical. Nada más en Oaxaca son 10 mil, y Oaxaca es el estado con el peor nivel educativo; en Michoacán se niegan a aplicar a sus alumnos la prueba ENLACE. Pero ya tienen un aumento de 4.5 por ciento y 900 millones de pesos para repartir entre el sindicato de la señora que no logra pronunciar palabras con más de dos sílabas y no sabe el lema de la UNAM. Nos dicen que se repartirán entre los maestros de los alumnos que salgan mejor evaluados… He ahí, sin ser brujos, el móvil para filtrar las respuestas a los alumnos y entrar al reparto de los millones.
La universidad más cara del mundo
Todo puede ser siempre peor (segunda ley de Murphy) y en eso que hace diez años llaman Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM), ocurrencia desvelada del jefe del gobierno que aún oculta los precios de sus obras mayores, a donde se ingresa por rifa (no, no es broma), se han titulado 28 personas. La formación de cada una nos costó a los causantes 357 millones de pesos, denuncia María Esther Orozco, candidata a rectora de eso. A ver, en una carrera de 5 años cuesta 35 millones 700 mil pesos el semestre. Mil veces más cara que el Tec. ¿Por qué no damos mil becas para el Tec a mil estudiantes pobres? Nos cuestan lo mismo y aprovecharán más que deglutiendo bocados de odio social.
Mi página web: www.luisgonzalezdealba.com
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ECOS BOLIVARIANOS
Juan Ignacio Zavala
Hugo Chávez inflama de patriotismo a sus conciudadanos. Los viste de rojo, los alienta al desastre y eso lo hace muy feliz. Nada le importa más que mandar mensajes a su gente e insultos a los gringos. Mientras los estadunidenses denuncian que la fuerza militar de élite iraní está presente con asesorías en Venezuela, Chávez se toma una foto con Raúl Castro. Hace algunos años Chávez había dicho que ambos países son “un mismo gobierno”. Ahora Raúl Castro le correspondió la frase y declaró que Cuba y Venezuela cada día “son más la misma cosa”. Los venezolanos deben estar temblando ante esta declaración. Pero para su presidente es importante porque cuando les arrecie la crisis en que los tiene sumidos su delirio bolivariano, no habrá otro culpable que Estados Unidos. Y para cuando necesiten dinero, pues los cubanos no podrán pagarles porque seguirán siendo “la misma cosa”.
Una de las muestras de dónde puede acabar el chavismo y su furia patriotera, se da en el trágico caso del boxeador Edwin Valero. Este joven de 28 años de edad llevaba un récord perfecto. Todos sus triunfos fueron por nocaut. “Nadie en los 300 años de boxeo había tenido un récord así”, dijo José Sulaiman, presidente del CMB. Valero había ya recibido tratamiento para su dependencia del alcohol y las drogas. Había sido detenido en una ocasión por golpear a su madre y a su hermana, y su esposa alguna vez entró al hospital víctima de la golpiza que le propinó el púgil. Peleador renombrado estaba a punto de entrar de nuevo a un tratamiento para las adicciones que tenía en, por supuesto, Cuba (“son la misma cosa”).
Edwin, aclamado en todos lados, se tatuó una bandera venezolana con la cara del inefable Hugo Chávez y arriba la leyenda “Venezuela de Verdad”, todo esto en su pecho. Así, la Venezuela verdadera peleaba en el extranjero y ganaba fulminantemente; así Chávez aparecía como el modelo de los triunfadores venezolanos. Pero Edwin ya no llegó a Cuba. Bajo el influjo de las drogas y el alcohol, golpeó y asesinó a su esposa. No se acordaba de cómo mató a su mujer. Se suicidó en una celda con todo y la cara de Chávez en el pectoral. Sus amigos decían que uno de sus más grandes problemas era que no le daban la visa en Estados Unidos para pelear. Ni hablar, Venezuela de verdad.
Otro eco verdaderamente bolivariano es el del presidente de Bolivia y su interpretación sobre la calvicie, la homosexualidad y los pollos. La verdad es que se podrían hacer algunos divertimentos sobre los dichos de Evo Morales y preguntarse cosas como si las mujeres que comen esos pollos son más femeninas, se vuelven lesbianas o cosas por el estilo. Pero el asunto es triste. Morales es presidente de un país en condiciones de indigencia. Escuchar los disparates del presidente boliviano, aunque en un inicio cause risa, es tan trágico como ver a Edwin con su tatuaje colgado en una celda.
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