sábado, 10 de septiembre de 2011

ECHARLE GANAS


Alejandro Alvarez

Difícil es encontrar una frase tan manoseada hasta la saciedad como esa de “echarle ganas”. Lo peor de todo es que viéndola bien no tiene sentido y es el recurso fácil para deshacerse de alguien o cuando no se sabe a ciencia cierta qué decir. Se expresa en las situaciones más disímiles, al familiar cercano de un difunto en lugar de hacer votos por la rápida resignación se le manda a echarle ganas. A la persona que acaba de tener un quebranto sentimental (lo abandonó la novia o la esposa)  le damos una patada con la misma frasecita: Échale ganas manito. Al estudiante burro que lleva un rumbo segurito al fracaso en lugar de exhortarlo a estudiar también lo remitimos a echarle ganas. Pero si a algún enfermo terminal le salimos con que le eche ganas, francamente huele a burla. Quien perdió todo en una de las tantas crisis recientes no tomará muy bien que se le invite a echarle ganas si lo que quiere es que le devuelvan lo defraudado. Que ganas ni qué ocho cuartos.
Tuve un jefe, del cual no revelaré su nombre (lo siento, seré lo que sea pero no soy mitotero), que ante el desorden del departamento nos invitaba en cada reunión a echarle ganas. Salíamos de la reunión peor de como entrábamos ¿Qué nos quería decir? Es el caso típico de quien se quiere deshacer de un problema insinuando que para resolverlo lo único que falta es que los subordinados le echen ganas. Evita la engorrosa tarea de pensar y reflexionar sobre el origen de los fracasos y de barajar distintas alternativas tratando de convencer  a los encargados de llevarlas a cabo. Decía en secreto el jefecito: Cómo no vamos a estar fregados si no le echan ganas.
Se me tuerce el hígado cuando un gobernante va a un barrio miserable a decir que se puede salir a flote echándole ganas. O que un diputadete diga que van a superar el rezago legislativo porque ahora si le van a echar ganas. O que los encargados de la seguridad o los jueces digan que  la violencia o que el narcotráfico o que la criminalidad se resolverán echándole ganas  ¿Por qué se mofan así esos zoquetes?
Rebuscándole un significado lógico podríamos llegar a convenir que en algunas circunstancias “echarle ganas” sea equivalente a tomar un cambio de actitud pasiva hacia a otra de mayor entusiasmo. Pero no puede haber entusiasmo si no existe la claridad y convicción en el rumbo a tomar. Si al estudiante holgazán en lugar de decirle que le eche ganas se le cancela el subsidio familiar me canso que cambia su actitud. Si el enfermo se pone en manos de un buen médico y le explica convincentemente el tratamiento a seguir, seguramente su ánimo cambiará con más probabilidad a que si llega el amigote a decirle “Uta! Qué jodido te ves compadre, échale ganas!
Un uso más común y claro de la palabreja “ganas” es el relacionado con el surgimiento de cierto deseo. Por ejemplo: ya me dieron ganas. No me aguanto las ganas. ¿No tienes ganas? Me comen las ganas.
Otro uso muy preciso es aquel referido a hacer algo con contundencia o a conciencia. Le partieron el hocico con ganas. Agarró la borrachera con ganas. Es pendejo y mamón con ganas. Pero ya no mandemos a nadie a echarle ganas. Por favor.

FERIA INTERNACIONAL DEL LIBRO
En la ciudad de La Paz desde el sábado pasado hasta el 15 de septiembre se realizará la Feria Internacional del Libro Politécnico la cual consistirá de diversas actividades en el Kiosco del Malecón y en el Centro Cultural La Paz bajo los auspicios del Centro Interdisciplinario de Ciencias Marinas del IPN. Además de la exposición y venta de libros habrá conferencias, teatro, lecturas, conciertos y talleres desde las 10 h hasta las 20 h. Actividades para todos los gustos y edades. Vale la pena hacer un espacio para darse una vuelta por allá. Un esfuerzo de distintas organizaciones coordinadas por los amigos politécnicos del CICINAR. Felicidades.

miércoles, 7 de septiembre de 2011

EL NANO FONG, EL CIRQUERO QUE DESERTÓ EN SAN IGNACIO...CHARLA EN LA PLAZA DEL OASIS PENINSULAR.


CHARLA EN LA PLAZA CENTRAL DE SAN IGNACIO, CON ALGUNOS PERSONAJES REPRESENTATIVOS DEL PUEBLO, COMO EL CHINO LIU, Abel AGUILAR, Y EL NANO FONG, EX FAKIR, TRAPECISTA, PAYASO, DOMADOR DE FIERAS, DE UN CIRCO AL QUE ABANDONÓ UN GÉLIDO INVIERNO DE LOS AÑOS SESENTA EN SAN IGNACIO.

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martes, 6 de septiembre de 2011

¿ESTAMOS MEJOR O PEOR QUE ANTES?


Alejandro Alvarez

Para que no empiecen con que ya estoy como los viejitos con aquello de que “todo tiempo pasado fue mejor”, debo confesar que efectivamente así pienso. Pero también les recuerdo aquel dicho que reza “viejos los cerros y todavía echan palos”. Así que mejor ni le muevan.
Volviendo al tema. Difícil es encontrar referencias comparativas que nos hagan calificar “objetivamente” –dirían los científicos– el grado de bienestar entre tiempos distantes, digamos durante las últimas cinco o seis décadas.  Lo peor que podríamos hacer sería confiarnos de las cifras oficiales o de los opositores políticos. Para unos siempre vamos pa’ delante y para los otros siempre vamos pa’ trás.
El tema de la delincuencia ha preocupado en todas las épocas pero no se qué tan comparables sean Gregorio “Goyo” Cárdenas,  y Edgar Jiménez, “El Ponchis”. El primero también conocido como “El estrangulador de Tacuba” conmovió al país por cometer cuatro crímenes en quince días del año 1942; tres de ellos contra prostitutas y el último contra Graciela Arias, quien fuera su condiscípula  en la Facultad de Química. Se cree que asesinó a esta última porque se negó a ser su novia y, ya encabronado (o sea muy enojado), la mató en su coche para llevarla después a su domicilio –el de Goyo–, y enterrarla junto con las otras tres víctimas y unos animalitos. No se supo si Goyo cometía necrofilia o zoofilia, pero se cree que hacía experimentos con los cuerpos; en su jardín también se encontraron cadáveres de conejos y gansos. Al respecto se sabe que de niño padeció encefalitis lo que le causó aparentemente un daño neurológico irreversible. A raíz de su enfermedad, Goyo padeció de eneuresis y empezó a dar muestras de crueldad hacia los animales, se ensañaba torturando pollos y conejos. A los perros les tenía respetillo. De ahí se entiende el hallazgo de los gansos y conejos que acompañaban a sus cuatro víctimas humanas. Curioso el Goyo. Ya para rematar esta historia no podemos dejar de mencionar el hecho de que liberado  Goyo fue ovacionado en la Cámara de Diputados por ser considerado un claro ejemplo de readaptación social. Lo que habla con precisión de que al menos la inteligencia de  los diputados no ha cambiado desde entonces.  De tiempos del Goyo es Higinio Sobera de la Flor, conocido como el “Pelón” Sobera –así le conocían, no jueguen con esto que es serio– quien desde pequeño mostró trastornos de la personalidad muy marcados. Sin motivo, hacía extraños ademanes con las manos (algo así como los priístas al pueblo cuando eran aplanadora) y ruidos anormales con la garganta (como porristas del América). El Pelón Sobera empezó su corta pero famosa carrera delincuencial en marzo de 1952 durante un incidente  de tránsito que resolvió metiéndole cinco plomazos a su contrincante (por llamarlo de alguna manera). Huyó, se refugió en un hotel de Paseo de la Reforma y a las pocas horas de su primer crimen, cometió otro, el de Hortensia López. Mujer a la que no conocía pero que en la calle le echó el ojo, la metió a un taxi y ahí mero se la ejecutó. Tremendamente safado el Pelón Sobera quien con sus dos crímenes también causó revuelo como asesino serial. La conducta del taxista muestra que tampoco este gremio ha cambiado mucho.
Edgar Jiménez alias El Ponchis también conocido como “El niño sicario” es un granuja que al ser atrapado a finales del año pasado tenía catorce años. Integrante del Cártel del Pacífico Sur, su identidad era desconocida pero por fotografías se supo que estaba relacionado con más de 300 muertes violentas registradas en el estado de Morelos, donde tenía la tarea de decapitar y mutilar los cuerpos de sus víctimas. Las hermanas de El Ponchis, según testimonios, tenían como encargo el traslado de personas “levantadas” así como de cuerpos mutilados, antes de ser arrojados a la vía pública o en las carreteras de esa entidad. Será lo que sea pero puestas así las cosas tanto Goyo Cárdenas como el Pelón Sobera eran un par de damas de la caridad ante El Ponchis y sus carnalas. Entonces qué ¿estamos mejor o peor que antes?

RECOMIENDAN PELÍCULA
Conocedores del tema recomiendan el documental que se titula "Los Otros Californios" dirigido por César Talamantes. La película se está presentando esta semana en el Teatro de la Ciudad a las 7:30 pm. Narra la vida de algunos rancheros sudcalifornianos. Quienes la han visto comentan que tiene partes muy emotivas, algunas divertidas, con buenas im

LA RUTA DEL COBRE (Crónica)*



Felipe Zúñiga Meza
Todo empezó por mi afición a la geología, algo que muchos cachanos traemos pegado a la piel y aunque soy originario de Isla San Marcos, en la Isla se vive de la tierra también; de hecho todos allí llevamos la tierra en la piel.
La llamada tuvo primero una grata sorpresa por venir de un amigo de siempre con quien no conferenciaba desde meses atrás y segundo por el motivo de la llamada; se trataba de caminar y montar a caballo por los largos, sinuosos y abruptos arroyos del legendario distrito minero “El Boleo”: “El Infierno”; “La cuatas”; “Las Palmas” y “El Yaqui” –el mas largo, el mas bello y con un Oasis al pie de la montaña.
Íbamos a seguir La Ruta del Cobre.
Mi amigo –quien además es mi compadre-, es un Geólogo consultor exitoso. Tiene experiencias en diferentes puntos del continente, además de contar con una basta experiencia en este Distrito Minero el cual tiene entre sus muchas características el de ser único en el universo. Cachanía de origen, Jorge Rafael Gallardo Romero que, como buen cachano, tiene su apodo: “Falito”, al igual que su padre.
“El Boleo”, como sabemos, fue una empresa mineral de capital Francés que explotó el Cobre aquí, también sabemos que fundó Santa Rosalía en 1885, donde se fundía todo el mineral para obtener el ampollado y macizo metal, valioso en aquellas épocas de guerras irracionales y valioso también  para otros mas afortunados lugares del orbe a finales del siglo pasado. El mineral era extraído de la entrañas de la tierra por medio de túneles y socavones que después fueron grandes minas productoras  de Cobre que pusieron a este puerto y mineral en la escala mundial.
Los minerales de Cobre están depositados en la formación geológica que lleva ese legendario nombre, “El Boleo” y fueron geólogos franceses quienes así la denominaron tiempo después de haber descubierto el mineral que le dio nombre y fama a este Distrito Minero: “La Boleíta”, hermoso cristal de estructura cúbica y de color azul intenso dispuesta regularmente en una matriz arcillosa y en forma de “bolas” y en compañía de otros cristales como la paracatamita, la pseudoboleíta, la cumengita, entre otros. 
La formación “Boleo” no es otra cosa que una de las capas que tiene el subsuelo de esta cuenca minera, donde tenemos –en sentido descendente-, la formación Santa Rosalía que es la que nos rodea superficialmente y que está compuesta esencialmente de conglomerados; la formación “Gloria” que son los horizontes de tierra amarilla con algunos tonos blancos y presencia de fósiles marinos y que los lugareños conocemos como “caliche”. Debajo de “Gloria” sigue la formación “Boleo” donde –como había señalado anteriormente- se encuentra la zona mineralizada. Mas abajo se encuentra el basamento, denominado formación “Comondú”, precisamente porque sus principales manifestaciones al aire libre se dan en esa comunidad y que podemos apreciar en los cerros de la Sierra  “La Giganta”. Existe también la formación “Infierno” que tiene características similares a la formación “Santa Rosalía” y la joven formación “Tres Vírgenes” que son las lavas emanadas por el volcán del mismo nombre.
Los mantos del “Boleo” fueron ubicados principalmente entre los arroyos  “Santa Rosalía” o “Viejo Boleo”, conocido después como el arroyo “Del Yeso” –al extremo Norte del distrito minero- y el arroyo Santa Águeda o “San Luciano” en el extremo Sur del Distrito Minero teniendo como intermedios los arroyos: “La Soledad” que tenía como su mina principal “La Amelia”; arroyo “Purgatorio” con sus minas “San Francisco”, “San Luís”, “California” y “La Ley”; el arroyo “Providencia” donde esta situado este puerto y mineral y donde se explotaban minas como “San Guillermo”, “Carmen” y “San Alfonso” ; arroyo “El Montado” donde se explotaba la mina con el mismo nombre y el arroyo “Santa Águeda”, al extremo sur del Distrito donde se explotaba la mina “San Luciano” de las mas famosas en su época, por su enorme torre para maniobrar un pesado malacate y transportar el mineral a este puerto a través de los cerros y en canastillas cual moderno telesférico.
Como podemos apreciar, la explotación del Cobre se circunscribió a esa área limitada por los arroyos: “Santa Águeda” y “El Viejo Boleo”. El mineral extraído pues, estaba depositado en mantos; después vino un nombre que puso de nuevo en el mapa mundial al vetusto Distrito Minero “El Boleo”: “La Tenorita”; un Sulfuro de Cobre que al parecer se encuentra diseminado –esparcido-, principalmente en la zona Noroeste del Distrito Minero, dando con esto la esperanza de volver a vivir de la minería a un Pueblo que tiene demasiadas limitadas sus variables de desarrollo.
Llegamos a donde nace por un extremo el arroyo “El Infierno” un poco tarde. Jorge se había demorado en la estación de combustible por aquello de que hacen corte de caja a esa muy de mañana, perdiendo allí más de una hora. Aunque la demora no significo nada,  iniciamos nuestro descenso de mas de cien metros por una zona –la mejor que encontramos-, sumamente empinada y resbaladiza. La tracción a mis piernas le causaron estragos de tal manera que al terminar el descenso, estaban temblando de cansadas –mal comienzo, me dije.
Ya abajo y después de un emparedado de crema de cacahuate, mermelada y jamón serrano, iniciamos nuestro recorrido aguas abajo recorriendo la senda que  recorrieron el Padre de la “Cumengita”; el Geólogo francés, Edouard Cummenge, en 1892, quien montado en su macho blanco recorrió todo el Distrito Minero realizando importantes descubrimientos inherentes a la mineralización del Cobre en “El Boleo” y, Wilson, de quien no recuerdo su nombre pero es quien hizo el trabajo geológico de mas detalle en esta zona.
Precisamente recorrer y verificar los detalles de Wilson era nuestra ruta; seguir “La Ruta del Cobre”.
Nuestro recorrido fue dentro de lo normal, no sin antes mi compadre estuvo a punto de pisar una víbora “Cascabel”, hasta ese entonces recordó no haber traído el antídoto. Seguimos hasta llegar a un precipicio que me crispo los nervios –ahí confirme que mi vértigo es en serio-, abajo un manantial conocido como “Las Palmitas” nos esperaba con su agua fresca; Jorge buscó la mejor ruta de descenso  y sin tardarse mucho me dijo: -es por aquí-, cambiando de repente su rostro serio por uno de felicidad al encontrar una falla geológica señalada por Wilson en sus estudios y que él habría de verificar en sus componentes de rumbo, sentido de desplazamiento, altitud y otras menudencias que hacen los Geólogos con la tierra y las piedras –mi compadre es del que las prueba y las acaricia como si fuera la cabecita de su hijo Carlitos.
Después, lo más difícil para mí. Un nuevo descenso me esperaba y en lo que duró, prácticamente iba untado al cerro. –No seas culón- me dijo mi compadre, con el cuento que él, es una chiva para andar en los cerros, -yo te guiaré por un lugar seguro. Así llegamos al manantial; un lugar inhóspito, aunque bello y  aun conserva restos de actividades pasadas.
Llegamos después de tres horas de caminar a la bifurcación que separa la afluencia donde iniciamos nuestro recorrido y el otro brazo del arroyo “El Infierno”, donde pudimos apreciar los diferentes horizontes de las formaciones geológicas que antes mencionamos. El Gran arroyo “El Infierno” no fue productor de Cobre, de sus entrañas sacaron muchas toneladas de Manganeso, mineral con mucha presencia en este lugar donde alguna vez existió un Pueblo con el lúgubre nombre de “Lucifer” y donde aun se pueden apreciar restos como mudos testigos de la explotación minera.
Después de siete horas de andar y de terminar el trabajo que mi compadre habría de realizar, salimos arroyo abajo y donde nos esperaba el Papá de Jorge, quien nos llevó de regreso a Rosalía, cansados, pero satisfechos del recorrido.
Al día siguiente recorrimos la barranca conocida como; “Las Cuatas”, esa que hace que se nos erize la piel cuando subimos la cuesta del “Infierno”. Es corta, pero sinuosa y hay que sortear muchos obstáculos, lo que la hace cansada y te hace perder mucho tiempo. Lo interesante de esta cañada es su salida, ya que ahí se pueden observar grandes afloramientos de Yeso. Luego en automóvil recorrimos un poco el arroyo “Las Palmas”, para después caminar por interminables veredas donde Jorge hacia su trabajo, saliendo de esos silentes arroyos y cañadas después de seis horas, en lo personal con mis piernas a punto de estallar.
El último día fue mas tranquilo, ya que después de recorrer el mismo arroyo en auto, llegamos hasta donde nos esperaba Don “Pepe” López con sus bestias para hacer el siguiente recorrido; El Arroyo “El Yaqui”, el cual tiene un hermoso Oasis al pie de la montaña donde nace. Lleno de vegetación, palmeras y mucha agua fresca, cristalina… un lugar prístino.
Iniciamos el recorrido después de que el experto en las bestias y el experto en las piedras se pusieron de acuerdo. Fue un recorrido pesado pero inolvidable y en ocasiones a la orilla de profundos barrancos. Yo jamás había montado por lo que “Pepe” me asignó a la “Prieta”, la mula más tranquila; caminamos por interminables arroyos de piedra y subimos por empinadas veredas, donde Jorge solo observaba y de cuando en cuando anotaba en su bitácora y en su mapa. Llegamos al Oasis, cerca de un afloramiento de Manganeso –al extremo Norte de “Lucifer”- hacia donde al parecer termina la cuenca del “Boleo”.
Regresamos después de seis horas de cabalgar. –Te felicito “Gato”- me dijo el experto en la bestias, aludiendo al apodo heredado de mi familia. –batallé mas con Pedro Mayou- agrego en tono burlón. -Fue un viaje increíble- le respondí por mi parte.
Habíamos concluido en recorrer “La Ruta del Cobre”, donde espero que el trabajo que mi compadre hizo algún día pueda publicarse; lo que si puedo manifestar es que lo que nos llevó a esos inhóspitos y abruptos lugares que todos los nativos debiéramos conocer, es la ruta que le sigue el hombre contemporáneo al Cobre que algún día explotaron los franceses con manos de nuestros antepasados.
“La Ruta del Cobre” –me dije-, una ruta que, aunque cercana, permanece lejos y que despierta el interés de algunos y la codicia de otros.
*Publicada en Septiembre de 2000

lunes, 5 de septiembre de 2011

FREDDIE MERCURY: A 20 AÑOS DE SU MUERTE...Queen - Bohemian Rhapsody [ High Definition ]

POETAS SUDCALIFORNIANOS: RUBÈN RIVERA CALDERÒN: Domingo con barbilla sobre el brazo

Para Lorena Durán Riveroll y Luis Herrera


Si el colibrí de tu barbilla



se posa en uno de mis brazos,



hay que asumirlo: acariciemos todo.




Así, atrapados y con el esternón abierto



se cuelan esos aires que te dejan de poemitas en la calle,



sin lágrimas que rimen con tu llanto



o asonancias financieras imposibles.



Hay que asumirlo: acariciemos todo.



Qué más da si damos con los dedos en la cárcel.



Qué importa si eres perro o garrapata,



(a cuál elijes, quién no eres).



¿Quién decide si la mosca es menos milagrosa que una uña



o una morsa o estas letras?



¿Acaso vuelan los poemas?



¿Sabe que es hermosa, por sus cuernos, la jirafa?



Así, vibrantes y extraviados



se reconocen en la oscuridad las otras sombras,



las que brillan,



las que saben cómo gimen las huellas dactilares



sobre el papel en blanco.







Quien reciba en su entraña al poema perfectamente impredecible,



o a la rima que le falta saliva en su entrepierna,



a la patraña sin mugre y sin amigos,



al borracho que no toma, al chofer que no sabe manejar,



al que ignora que el amor y la sílaba se definen en una sola emisión de voz,



reciba este regalo que soy yo y se me escapa:



Acariciemos todo.







Y si queda algo sin un labio,



una mano,



o un playa cuajada de nubes y peces voladores,



que no me perdonen los que saben cuáles eran, son y serán esas verdades,



y se acabe mi vida en este punto.







Aunque no lo mires



ni le quite el hambre, la importancia, la felicidad o su cartera a nadie:



a veces el colibrí de tu barbilla



se posa en uno de mis brazos



y se queda en mi lugar



para que vuele.







Rubén Manuel Rivera Calderón















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Rubén Manuel Rivera Calderón

UABCS/REDACCIÓN/Filosofía

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TIRITAS & TIRITOS

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