domingo, 14 de abril de 2013

Fin de semana (36 horas) en San Diego


Por Freda Moon, The New York Times
News Service/Syndicate, Última actualización: 08/04/2013


Al igual que su rival urbana Los Ángeles, San Diego no es tanto una ciudad como una colección de comunidades traslapadas (y a veces encontradas) unidas por vías rápidas que les dan vida: hay un pueblo militar en Coronado, un pueblo para surfear en Ocean Beach, siempre ecléctico y de moda; y un pueblo fronterizo en el histórico barrio méxico-estadounidense de Logan. Si es que San Diego tiene una identidad coherente, es por haber adoptado la informalidad sudcaliforniana, fácil y despreocupada.
36 horas            en San Diego
Al igual que su rival urbana Los Ángeles, San Diego no es tanto una ciudad como una colección de comunidades traslapadas (y a veces encontradas) unidas por vías rápidas que les dan vida: hay un pueblo militar en Coronado, un pueblo para surfear en Ocean Beach, siempre ecléctico y de moda; y un pueblo fronterizo en el histórico barrio méxico-estadounidense de Logan. Si es que San Diego tiene una identidad coherente, es por haber adoptado la informalidad sudcaliforniana, fácil y despreocupada. Con su falta de pretensiones, la ciudad generalmente es considerada por los fuereños como una especie de Jauja: un lugar feliz y suave con una cantidad excepcional de luz solar. Dependiendo de la profundidad a la que miremos, eso podría ser lo único que veríamos. Pero, después de todo, hay cosas peores que mosaico español, palmeras, flores tropicales, sandalias todo el año, tacos de pescado fresco y fogatas en la playa.
VIERNES
3 p.m.
Primera parada
De ser posible, llegue a San Diego por tren (trolley). Inaugurada en 1915, la estación de Santa Fe (Estación Unión) es una construcción estilo colonial español, rodeada de fuentes, palmeras y bancas de mosaico. Al lado, en lo que era el edificio de equipajes de la estación, el plantel del centro del Museo de Arte Contemporáneo de San Diego está presentando “The Very Large Array”, una exhibición de obras de unos cien artistas locales y de Tijuana (que permanecerá abierta hasta el 1° de junio de 2014) que ofrece una atractiva introducción a San Diego como ciudad fronteriza. Boleto de entrada, 10 dólares.
4:30 p.m.
Delicias vespertinas
Sentado por arriba del agua en una terraza sobre pilotes en Harbor Island, en el nivel C (880 Harbor Island Drive;cohnrestaurants.com) mire, al otro lado de la bahía de San Diego, los barcos en Coronado, el elevado perfil del centro y los altos buques del Museo Marítimo. Entre semana, en las tardes, de 3:30 a 5:30 p.m., el menú del bar tiene los cócteles en oferta a 5 dólares – no se pierda el Desi Arnaz (ron de mango de St. Croix, néctar de papaya, menta, limón fresco y soda) ni el Sol y Mar (vodka de uva de Finlandia, jugo de aloe y limón fresco) – y las botanas, como camarones envueltos en papel de arroz y los mejillones al vapor con chorizo. Después, maréese a bordo de la montaña rusa de madera Giant Dipper (6 dólares por persona) en Belmont Park, un parque de diversiones clásico en la playa de Mission Bay.
7 p.m.
A las carnitas
Inaugurado en 2011 y adorado por los habitantes locales, Carnitas’ Snack Shack (2632 University Ave.;carnitassnackshack.com) es un puesto de tacos con aspiraciones que sirve antojitos de carne de puerco desde una ventanilla para llevar en North Park. No se pierda los tacos de carnitas con guacamole y salsa fresca (7 dólares), los de panza de cerdo Duroc rehogada con ensalada de escarola, manzana y rábano (8 dólares) o el sándwich de carne con jalapeño y queso Cheddar (9 dólares). La construcción baja tiene mesas en el exterior y lámparas de calor en la parte de atrás, así como una gigantesca escultura en metal de un cerdo que adorna el techo.
8:30 p.m.
Simplemente normal
Para el postre, diríjase a Adams Avenue y pruebe el helado casero mexicano de chocolate o de plátano con nuez en la heladería familiar Mariposa Ice Cream o las exóticas paletas en Viva Pops, que vienen en sabores como limonada de lavanda, caramelo salado y mango con chile. Las dos tiendas, en el 3450 y el 3330 de Adams, respectivamente, cierran a las 9 p.m. los fines de semana. Después explore el animado barrio de Normal Heights. Deténgase en la cafetería Lestat’s Coffe House, en el 3343 de Adams, a tomar una dosis de cafeína que lo impulse el resto de la tarde. Y mientras esté ahí, échele un vistazo al calendario de eventos en el espacio de conciertos anexo, que presenta al lado números musicales, de comedia y noche de aficionados.
10:30 p.m.
Vieja escuela y New Age
En South Park, los fans del rockabilly y la vieja guardia se turnan para jugar al tejo en Hamilton’s Tavern (1521 30th St.; hamiltonstavern.com), que ofrece el impresionante número de 28 cervezas de barril, dos cervezas de barril sin filtrar, unas 200 marcas de cerveza embotellada y dice ser la cervecería más antigua de la ciudad. O si no, tenga una experiencia que solo puede tener en California en el Kava Lounge (2812 Kettner Boulevard; kavalounge.com), un bar “New Age”, club de baile y espacio artístico que fomenta “la vida nocturna planetaria del futuro” en la forma de cócteles vegetarianos, música de baile experimental y cursos entre los que puede encontrar “Ballet para bailarinas del vientre”, en un anodino edificio identificable solo por el Ojo de la Providencia que tiene pintado arriba de la entrada.
SÁBADO
9 a.m.
A la costa
Recorra la costa hacia el Cottage en La Jolla (7702 Fay Ave.; cottagelajolla.com), una cabaña que pretende ser de surfeo, con un patio cubierto de sombrillas, que aprovecha la generosidad del Oeste con platos como los panqués de ricota al limón (10.95 dólares), la polenta con condimento de jitomate, el pesto con col rizada, la salsa de queso de cabra con cebollitas (11.95 dólares) y el chorizo de soya picado con huevos revueltos, frijoles negros y queso fresco (11.95 dólares). Después sígase hacia el norte, a la reserva natural estatal Torrey Pines, con más de 800 hectáreas y hogar de las especies de pino más raras del mundo, con acantilados de arenisca esculpidos por el mar y una laguna que alberga a las aves marinas migratorias.
Mediodía
Misión Viejo
Fundada en 1769, la primera de las 21 misiones en California, la misión Basílica de San Diego de Alcalá tiene un pasado sangriento y políticamente complicado. Hoy en día, este sitio histórico nacional es un lugar excepcionalmente pacífico, una parroquia activa en una ladera alfombrada de xerófitas, con un jardín estilo español en el centro y una tienda de recuerdos que vende exvotos, un tipo de artesanía mexicana religiosa, y cerámica de Talavera. Para el almuerzo, váyase al norte al Island Style Cafe (5950 Santo Road; islandstylecafe.com), una cafetería hawaiana estilo casero con orquídeas de tela en las mesas y grabados de paisajes tropicales en las paredes. Pruebe los muslos de pollo fritos al estilo coreano (8.75 dólares), servidos con la clásica guarnición de ensalada de macarrones y un imprescindible vaso de jugo de maracuyá, naranja y guayaba (2.50 dólares).
4 p.m.
La tierra de la cerveza
San Diego es uno de los centros de la industria cervecera artesanal, en continua expansión, y tiene un número y una diversidad de destilerías (más de 70, de las cuales unas 20 más o menos se establecieron apenas el año pasado) que resultan intimidantes. Los entusiastas deben de buscar West Coaster (westcoastersd.com), una revista mensual dedicada enteramente al mundo cervecero de la ciudad. Cada destilería tiene su propio interés y ambiente, desde las cervezas potentes con nombres como de Heavy Metal (Anvil, Horny Devil, Evil Dead Red) en AleSmith Brewing Company (9368 Cabot Drive; alesmith.com), la decoración vagamente steampunk de Societe Brewing Company (8262 Clairemont Mesa Boulevard; societebrewing.com) hasta Lightning Brewery (13200 Kirkham Way, Poway; lightningbrewery.com), en el alejado suburbio de Poway, que está manejada por un auténtico destilador, con doctorado en bioquímica y que al visitarla parece que estamos viendo un experimento científico en una cochera.
8 p.m.
Mar y cielo
En el perenne debate acerca de dónde se consiguen los mejores tacos de pescado en San Diego, una de las indicaciones es la cola que se forma en Blue Water Seafood Market & Grill (3667 India St.; bluewaterseafoodsandiego.com). El menú es una invitación a elegir nuestra aventura subacuática, con doce tipos de pescado – entre ellos salmón escocés, albacora hawaiana y halibut de Alaska _, seis tipos de marinada (entre ellas, la de chipotle, la negra y la “de bronce”) y cuatro preparaciones: ensalada, sándwich, plato o tacos (desde 4 dólares por tato hasta 25 dólares por un plato de camarón gigante). Después de eso, échese la del estribo en Aero Club (3365 India; aeroclubbar.com), un encantador barecito de whiskey con unas 600 botellas que trepan por las paredes y aviones de juguete colgados del techo. O si prefiere otra cosa, acomódese en una silla de gravedad cero para ver una película a las 8 p.m. (15 dólares) en Cinema Under the Stars, un cine al aire libre en Mission Hills.
DOMINGO
9 a.m.
Europa en América
Deténgase en Bird Rock Coffee Roasters in La Jolla (5627 La Jolla Boulevard; birdrockcoffeeroasters.com) a tomarse un café, tostado en casa en lotes pequeños, nombrado microtostador del año 2012 por Roast Magazine. Después dé un lento paseo dominguero por la costa, pase por los acantilados de arenisca Sunset hacia Cabrillo National Monument. Recorra a pie los tres kilómetros de la ruta Bayside a lo largo de una punta rocosa de arbustos de salvia y magueyes, cerca de donde, en 1542, Juan Rodríguez Cabrillo dirigió la primera expedición europea hacia la costa de la actual California. Para el almuerzo, diríjase al centro, a Little Italy’s Extraordinary Desserts (1430 Union St.; extraordinarydesserts.com), que ofrece un “desayuno europeo” (20.95 dólares) con queso importado, fruta fresca, granola casera, salmón ahumado, una exquisita repostería y panes rústicos a partir de las 11 de la mañana. Es recomendable reservar.
12:30 p.m.
Parque y paseos
Con 15 museos, uno de los zoológicos más respetados del país y 485 hectáreas de colinas, jardines, bosques y barrancos, Balboa Park (balboapark.org) no puede explorarse por completo en un solo fin de semana, mucho menos en una tarde. Pero para darse una idea, San Diego Fly Rides (75 dólares por persona, incluyendo una botana, agua y casco) usa avanzadas bicicletas eléctricas que pueden viajar a 32 kilómetros por hora, para cubrir 15 kilómetros de terreno en su recorrido de dos horas Spanish Twist (para mayores de 16 años). Para su última comida en San Diego, pruebe los tacos de lengua, al pastor (carne de puerco marinada en adobo) y de cabeza (de res) en Northgate Market, una tienda mexicana del tamaño de un Costco con un patio de comida en donde se hacen tortillas a mano, junto con tamales, ceviche, antojitos y aguas frescas (de frutas) en cantidad suficiente para alimentar a un pueblito.
Alojamientos
Fundado en 2009 como el primer hotel en San Diego con certificación de diseño ecológico, el Hotel Indigo (509 Ninth Ave.; hotelindigo.com) tiene un jardín en el techo de 350 metros cuadrados, Internet inalámbrica gratuita y un bar en la terraza del noveno piso desde el que se ve el estadio de Petco Park. En las habitaciones se pueden tener mascotas y empiezan a partir de 146 dólares.
Con 159 habitaciones “ultramodernas” (a partir de 280 dólares), un club nocturno de cuatro pisos y un vistoso restaurante Philippe Starck-KatsuyaUechi, el recién renovado hotel Andaz San Diego (600 F St.; sandiego.andaz.hyatt.com) parece diseñado para atraer hacia el sur a los jóvenes angelinos elegantes.

Sitio relacionado:

Discover San Diego with a Hop On Off Tour. Book on City Discovery.

viernes, 12 de abril de 2013

LOS INDIGENTES




Conejo sin Orejas

La Indeco es una colonia que ha de tener unos treinta años de vida. Cuando la conocí era una serie de arroyos envueltos en unas cuantas casas a medio construir, que rápidamente se llenaban de hierbas y algún vagabundo. Recuerdo nítidamente las diferencias evidentes que encontrábamos entre el excremento de los perros en las casas abandonadas y el excremento de los vagabundos. La mierda humana se vuelve negra rápidamente. Cuando se defeca al aire libre adquiere una personalidad aun más repulsiva, el hecho de que esté ahí me insinúa una circunstancia desagradable, como el olor. Al menos en el caso del excremento que encontrábamos en las casas abandonadas, esa circunstancia previa se podía adivinar, o inventar.
A veces entrábamos y encontrábamos una cobija vieja, percudida hasta el cansancio. De qué lugar vendrían, a dónde irían los vagabundos, eran cuestiones que nos proporcionaban cierto entretenimiento. Un poco de mierda junto a la cobija era una historia contada en retazos. Nos tocaba a nosotros, niños, ir hilando la cobija percudida, la plasta oscura, el grueso del polvo en la casa, algún pedazo de comida, lo que hubiera.
El excremento humano es inconfundible. Es menos noble. Es el resultado de una tragazón promiscua, de una mezcolanza de alimentos que nos embutimos en el estómago y procesamos sin discriminar. No puede salir nada bueno de una alimentación de ese estilo. Al menos las vacas abonan el campo. El nuestro abona a la cloaca máxima.
No sé de qué manera,  pero cuando veo el excremento humano abandonado en una banqueta, siento una repulsión por mi propia raza, que está acompañada por mi nostalgia, en la que recuerdo aquellos días de casas solas. En la ciudad, ¿qué situación puede llevar a un hombre a defecar en la banqueta, si el símbolo de la civilización occidental es el escusado? Debió haber estado muy desesperado, o abandonado, o miserable, para no poder acceder a los cientos de retretes que hemos colocado en nuestro mundo moderno.
Aquí es donde recapacito y recuerdo que vivo holgado como un lobo marino. Se me olvida que hay ratas que habitan la ciudad, y que hay hombres que han sido convertidos en ratas y no les queda otra que comportarse como los animales que fuimos y que seguimos siendo, aunque nos maquillemos o localicemos vía satélite. Con tanta distracción se me había olvidado que no todos pueden vivir defecando en los retretes, y que la presencia de esos individuos en un Sanborns significa, para muchos, una forma de excreción, una manera de defecarla.
El olor de los indigentes tiene un alcance que nos hace voltear la cabeza y alejarnos. Su aspecto, generalmente, ahuyenta a quien se quiere acercar y las capas de cochambre que los cubren nos incitan a pensar que están locos, por más sensatos que sean. Las ratas son más que una metáfora. Las ratas son físicamente parecidas a ellos, en tanto van adquiriendo los gestos del animal que espera hallar una hamburguesa en el bote de basura.
La moda de los indigentes varía mínimamente. En las ciudades frías se ven obligados a ir vistiendo ropa sobre ropa. Se ponen tantos trozos encima que adquieren el aspecto de las palomas o de las lechuzas manchadas por el tizne y el smog. Detrás de esas capas de tela, y rodeados del tizne, todavía quedan los ojos, que siguen conservando el matiz humano. Algunas veces ese matiz se pierde en una cordura descompuesta, averiada por la falta de alimentos nutritivos, como una burger, unos tacos de longaniza o un caldo de res.
La cordura descompuesta de los indigentes es menospreciada por nuestra locura funcional. Sobre todo, me parece, la presencia del indigente es un atentado contra lo que queremos creer que es el orden. Su estancia debajo del puente, entre cajas vacías de cartón, sorprende en un principio y repugna, y con el tiempo se adhiere a las paredes, o al pavimento, como parte del paisaje. Actualmente su existencia nos parece una tristeza. Pero, en general, la vida es triste. Sería una pena, sin embargo, enfocarme demasiado en lo general de la vida y dejar pasar la felicidad de sus esporádicas particularidades.
Recuerdo a un indigente que encontré en el bulevar Colosio. Me pidió unas monedas para comprarse un aguardiente y nos fuimos juntos a brindar al bordo. Me sorprendieron sus conocimientos de Kafka, de los Hermanos Karamazov, del rey burgués, de Úrsula, de Las mil y una noches, del pescador y su alma, y el aderezo de su antigua profesión como fabricante de anillos, y sus truncados estudios antropológicos. Me di cuenta de que nadie está exento de la indigencia, y mucho menos un hombre con esa clase de ocios y oficios.
Esa noche nos terminamos el aguardiente (que era poca) y regresé a casa contento. Después, pensé que mi encuentro había sido afortunado, pues no con cualquier persona podía compartir una misma afición, que en este caso había sido la afición por unas cuantas letras. Ese tipo de encuentros me ha mantenido en un estado favorable para desconfiar de cualquier orden que luche por inmovilizarnos, o por zangolotearnos a su gusto, aunque pierdo repetidas luchas.
 Recuerdo que esa noche yo venía de la casa de una ex novia, cuya reacción ante beber de la misma botella que un indigente hubiese sido ridícula, luego exasperante. Se hubiese preocupado por la serie de hipotéticas enfermedades que pudiera tener en la boca el difuso individuo, sin atender demasiado (en esos días) a la serie de enfermedades que pudieran rodear mi glande.
Aquél indigente lector había acordado conmigo vernos al día siguiente, lo cual me pareció una excelente oportunidad para diferir un poco del cotidiano comportamiento que el sol soporífero nos provoca. Por la mañana, por desgracia, no pude levantarme a tiempo, y le agregué una decepción más a aquel sujeto.
Hay indigentes exquisitos, como he dicho. Aquel era víctima de un alcoholismo poco más grave que el que tenemos en casa, aunque menos ofensivo. El alcoholismo de ese hombre, según quiero creer, ofendía el olfato y el pudor de algunas personas, pero sólo eso. Sin familia, sin hijos a quiénes darles un buen ejemplo, sin esposa a quién hacerle el amor con una aceptable erección y una voz sin balbuceos, ese sujeto estaba libre de los gritos de la casa, de las faltas al trabajo, de los regaños del jefe y la constante sensación de que, a pesar de seguir funcionando, hemos fracasado en varias direcciones. Este hombre, acaso, estaba completamente seguro de sus fracasos y errores, de la pérdida absoluta de sus familiares y amigos, y más bien tenía, como las moscas que mueren cada día, que afrontar su pequeña existencia roída por la ciudad, por los aventones en la madrugada, por el frío y por el pedazo de jamón de la basura.
Recuerdo que me dijo que él venía de Guanajuato, y que había viajado mucho. En comparación con él, mis sueños de viajar me sonaban ridículos, y también mi estilo de vida, que se parecía más al de un perro que no sale de casa porque una cadena imaginaria lo ata a su tierra. El hombre de esa noche parecía un perro, un perro callejero, sarnoso un tiempo y curado de la sarna con aceite para motor, empanizado de tierra mientras revive. Su cadena imaginaría, que seguramente alguna vez le había rasgado el cuello, se destruyó en alguna parte de su ser, por necesidad, por aventura, por un rompimiento marital, por abusar de las dulces sustancias, por ganas de vivir algo más que este panteón prematuro. Nadie está exento de la indigencia.
Ése era un  indigente errante, nómada, cazador recolector de vasos a medio llenar. Pero hay otros que palpitan dentro de la ciudad por vías bien definidas, repitiéndose a sí mismos para no olvidar ni dejarse caer. No me refiero a nosotros, los camarones de cultivo. Me refiero a los que fueron camarones de cultivo, y las dulces sustancias, el mucho pensar, o el no pensar, han desorbitado y sacado de las cuencas a sus ojos domésticos.
Algunos de ellos han entrado a mi casa, con la confianza que le puedo brindar a un fumador de cristal que habita la calle, y me han brindado conversaciones que envidiarían algunos lectores (que buscan el asombro en los libros). Las cuadras de las ciudades pequeñas suelen ser simples, de arquitecturas sin profundidad. Pero la mente nunca es simple ni las relaciones que las mentes establecen entre sí. La mente de alguien que no ha dormido en dos días puede guardar mejores historias que la de aquellos que dormimos tan tranquilos para no soñar dormidos ni despiertos. Estos fumadores, que llegan de vez en cuando a mi casa a tomarse unas cervezas, a compartir su loquera en la sala, narrando la forma en que han conseguido la sustancia de hoy o recordando la edad de oro en que se les torció el corazón en las colonias más viejas de la ciudad, han captado  más mi atención que no pocos libros ni pocos maestros o gobernantes.
¿Qué se puede esperar de esa gente? Me contestaba al borde del paro un maestro que cree que el mundo sin lenguaje no existe. Y argüía a Wittgenstein, a Gadamer, o a algún otro respetable y prescindible pensador. La exquisitez de ciertos vagabundos no sólo se encuentra en algunas novelas, o en los fortuitos encuentros que podamos tener en las mil y una noches o en Bocaccio. Ya que veo a dios sólo intermitentemente, más me vale buscarlo en los copos de esta bola de nieve que hizo rodar.
En las ciudades grandes la arquitectura se torna compleja, las personas te hacen zigzaguear por una calle recta, pero la mente sigue siendo compleja en los más simples terrenos, incluso en la simpleza de una habitación acolchonada, donde su único habitante se imagina un mundo que el de la bata blanca no alcanza a mirar.
Los pocos indigentes que con frecuencia visitan mi casa son cronistas, reporteros parciales sin periódico y sin pudor. Generalmente defecan fuera del escusado. Al llegar a la puerta, como los vampiros, se detienen hasta que los invito a pasar, y ya que se acomodan en los sillones y comienzan a rolar las cervezas, vomitan, intercalando algunos silencios nerviosos, algo de lo que han vivido. Si los perros hablaran competirían con ellos en ser narradores de sus propias peripecias, y de muchas ajenas.
 Vienen sucios, a veces con una pequeña mochila llena de cristales curiosos, otras veces oliendo al cobre que han robado, temblorosos, llenos de un pánico infundado o de una clarividencia que les da horror. Uno que otro no pierde la correcta modulación de la voz, que hace que sus historias suenen como las de un cuenta cuentos. Otros hablan tan aceleradamente que su aspecto y su narración encajan y nutren el ambiente morboso de la noche y de mi casa. Todos tienen algo que decir. Todos tenemos algo que decir a fin de cuentas.
Me interesa del repertorio de los vagabundos el aspecto visceral, la crónica involuntaria, que narra las partes genitales que continuamente se humedecen en la ciudad. Muchos de nosotros, por lo regular, nos contentamos con leer Naná o alguna poesía, mientras sentimos que nuestros lentes necesitan una nueva graduación, o memorizamos un buen verso para colocarlo en internet. Y no habría por qué estrellar nuestro cráneo contra la pared. Lo fracturamos poco a poco, a pesar de nuestra tranquilidad y del camino amarillo por el que caminamos. Por las tardes salimos, vemos al vecino, entramos, volvemos a salir, abrimos el refrigerador, prendemos la tele, checamos nuestra otra vida, y especulamos mínimamente sobre el día de mañana, que se acerca mientras se cae el sol y una luna de poetas mira sombría a la noche sin amantes.
Alguien entra a mi casa desesperado, hambriento, y aunque no podría envidiar su condición, para mí es un secreto su forma de vida. Abre la boca para decir algo y veo pocos dientes, gruesos y flojos. Él busca en la calle. Yo ya no sé si busco en alguna parte, ni lo que busco. Tampoco sé si es mi decisión buscar o no, o si esta comodidad que acolchona mi soledad me ha impuesto estar inmóvil, pensativo y repitiéndome. 

ENCUENTRO CON CHABELO






Habíamos amanecido con las luces encendidas y urgía llegar al aeropuerto de la ciudad de México a dejar al Kabeka Piñeda que tomaría el primer vuelo a La Paz.
En un alto ya cerca de los hangares, el Kabeka ,que iba en el asiento del copiloto, descubrió que el tipo de boina y aparatosas  gafas del carro deportivo descapotado de al lado,era nada menos que Chabelo, lo que le provocó un ataque de risa contagioso.
Empinándose la Victoria del estribo, sin dejar de reirse el Kabeka saludó al comediante del eterno personaje infantil:
-¡Quiúbole Chabuelón, quę sorpresa! ¿Creíste que no te íbamos a reconocer?Oye, queremos escuchar tu verdadera voz.¿O así hablas siempre?.

-Ya no seas simple Chabelo, habla bien, como hombre, con huevos. - remató el Nuny aferrado al volante y sin quitarle la mirada al azaroso objeto de nuestra hilaridad.

Una rotunda mentada de madre  nos reveló la auténtica y bien templada voz del señor Xavier LÓPEZ.

QUE ya amenazaba con saltar al pavimento a partírsela con esos imbéciles con acento norteño cuando el semáforo cambió a verde.

Recordé este episodio mientras sigo el revuelo provocado por su retiro luego de 48  en pantalla, y veo pasajes de una  sabrosa charla de Chabelo con Adela....

 Y tambièn me rebota  otra entrevista: la que yo mismo le hice algunos años después de aquel incidente para una revista de espectáculos y sociales en la que trabajaba.

Sin entrar en detalles, le dije que alguna vez lo había visto en un carro deportivo  cerca del Aeropuerto, y le pregunté si le gustaba jugar a los carritos de carrera.

Por un momento me clavó su mirada vacuna como tratándo de descifrar alguna imagen extraviada en su memoria.

Desdoblándose en su personaje del chamaco de 13 años forever... me respondió que sí, pero más a los avioncitos de a deveras.

A Chabelo le gustaba volar y por eso se le veía circular con frecuencia en la zona de hangares, como aquella mañana en que se topó con unos palurdos  que se le fueron vivos al catafixiado maestro de la catafixia.


Mucho antes que la carrilla fuera rebautizada con el sofisticado nombre de   bullying.


















miércoles, 10 de abril de 2013

LA VIDA EN OTROS MUNDOS



Alfonso Muñoz Cáñez

Los científicos están convencidos de que en el sistema solar, la vida tal como la conocemos, sólo existe en la Tierra. Admiten la posibilidad de que en Marte, cuya superficie ha permitido rastrear la presencia de agua congelada, puedan existir ciertas formas de vida, sin duda microscópicas, en el subsuelo o en cavernas.
       El descubrimiento de que en Europa, satélite de Júpiter, está totalmente cubierto por un océano congelado en la superficie, pero líquido en sus profundidades (cómo lo sugieren las fotos tomadas por la sonda Galileo, al mostrar la superficie de ese satélite fracturado en forma similar a las banquisas de las regiones polares terrestres), abre otra posibilidad de vida extraterrestre, pero desarrollada en condiciones muy adversas, similares tal vez a las que existen en los fondos de las grandes profundidades marinas de la Tierra.
       Titán, otro satélite de Júpiter, posee una atmósfera de metano y nitrógeno, y en su superficie podría tener nitrógeno líquido, lo mismo puede decirse de Tritón el satélite de Neptuno.
     Los científicos admiten que sólo en esos satélites pudiera existir alguna forma de vida, muy rudimentaria a causa de la evidente adversidad de su entorno. ¿Cuáles son, por tanto, las posibilidades de vida en el Universo?
       Stephen H. Dole, en su libro “Habitable Planets for Man”, llega a conclusiones que tal vez puedan interesar al lector. Señala, en primer lugar, que una estrella debe ser de un tamaño parecido al Sol para tener un planeta habitable.
        Argumenta que cuanto más grande es la estrella tanto menor es su vida, y si excede ciertas dimensiones no viviría lo suficiente como para permitir que un planeta recorra las prolongadas etapas de su evolución química, antes de desarrollar formas de vida complejas.
      Por el contrario, una estrella demasiado pequeña no puede calentar suficientemente un planeta, a menos que se encuentre muy próximo a ella, lo que genera efectos que hacen imposible el surgimiento de vida tal como la conocemos.
       Según los cálculos de Stephen H. Dole, existen 17 mil millones de tales estrellas únicamente en nuestra galaxia y, haciendo lo que parece una razonable estimación, dice que probablemente hay en ella unos 640 millones de planetas habitables, conteniendo ya cada uno de ellos alguna o algunas forma de vida.
       Y agrega que si estos planetas habitables está distribuidos  más o menos homogéneamente por la galaxia, debe existir uno por cada 80 mil años luz cúbicos, esto significa que el planeta habitable más próximo puede distar de la Tierra unos 27 años luz, y a unos 100 años luz de distancia pueden encontrarse unos 50 planetas habitables.
        Naturalmente, una estrella del tamaño adecuado podría tener un planeta habitable o no poseer ninguno. Un planeta puede poseer vida, pero vida aun no inteligente. Nuestra propia Tierra, el único planeta habitable que conocemos, existió durante al menos 2 mil millones de años con vida, pero sin vida inteligente.
       Dice Stephen H. Dole que si el hombre, ya como ser racional, tiene aproximadamente un millón de años sobre la Tierra, ésta ha poseído vida inteligente durante 1/3.500 del tiempo en que ha poseído vida de alguna clase. Si pudiéramos decir lo mismo de todos los planetas que albergan la vida, uno de cada 3,500 alberga vida inteligente, por lo que partiendo de 60 millones de planetas habitables, pueden existir unos 180 mil poblados de seres inteligentes, únicamente en nuestra galaxia.

lunes, 8 de abril de 2013

Horror: La Jornada sigue promoviendo EPN

Horror: La Jornada sigue promoviendo EPN

8 de abril: Auschwitz y mis lecciones antisemitas




Alejandro Alvarez

Mi primer lección antijudía la recuerdo como si fuera ayer, acababa de iniciar la secundaria. De eso hace casi cincuenta años. Mi maestro de biología, un respetable médico que todo mundo quería, soltó un día en clase la siguiente expresión: “los judíos se quieren apoderar del mundo, eso está bien claro en un libro que todos ustedes deben leer ‘El protocolo de los sabios de Sión’, debemos estar preparados para combatirlos”. La impresión debió ser en su momento terrible para un niño de esa edad. No recuerdo una sola de esas clases de biología, pero la frase antisemita la llevo gravada. Mucho tiempo después supe que el prejuicio de mi maestro de biología se construyó sobre la base de un documento falsificado por el zarismo ruso para justificar la persecución y el odio  contra los judíos en 1902, sin gran éxito,  pero que después se recicló para culpar a los judíos de la Primera Guerra Mundial y de la Revolución rusa de 1917. A partir de entonces “Los protocolos….”  se convirtieron en una especie de libro sagrado antisemita.
Cuando pregunté a los adultos que entonces estaban a mi alrededor acerca de ese libro nadie me supo dar razón, pero cuando mostraba mi inquietud por saber algo de los judíos casi todos mostraban un sentimiento hostil a ese grupo social por distintos motivos. “Esas personas mataron a Cristo”, decían unos. “Son unos estafadores que se enriquecen a nuestras costillas”, afirmaban otros. “Los millonarios de todo el mundo son judíos, están detrás del poder en todas las naciones”, sentenciaban. No se sentían obligados a comprobar nada, ni dar alguna referencia relativamente verificable. Era como un torrente sordo que viajaba en el submundo de los enemigos invisibles. Los judíos eran los chivos expiatorios perfectos que todos necesitaban para justificar su miseria.
Las lecciones antijudías eran una comidilla relativamente fácil de encontrar. Bastaba con mencionar la palabra “judío” para que brotaran historias sobre su maldad. Pero algo cojeaba en esas versiones tan familiares cuando se trataban de explicar el origen judío de todos los personajes principales de la Biblia, hasta Jesús de Nazareth y sus seguidores que pertenecían al malquerido judaísmo.
En  el primer año de prepa esta historia cobró un giro. Descubrí que Marx y Trotsky, autores de lectura obligada para los jóvenes en favor de la causa del proletariado de aquella época eran de ascendencia judía. Y mis clases de física empezaron por descubrir el origen judío de Albert Einstein autor de la teoría de la relatividad. Después vinieron los descubrimientos de personajes judíos en las artes como Chagall en la pintura y Bernstein en la música clásica, Freud en la psicología. Para no hablar de personajes mucho más conocidos como Woody Allen en el cine como actor y director, Spielberg (Parque Jurásico) y Polansky (El bebé de Rosmary) como directores, Frida Kahlo como pintora y Julio Iglesias como cantante. Todos ellos judíos. Los primeros años de los setenta fueron una abigarrada búsqueda y hallazgo de hechos a contracorriente de las primeras lecciones antijudías que se convirtieron en piezas que no encajaban en el rompecabezas de la historia real. Pero lo más dramático fue descubrir el destino de los judíos en la historia de la Segunda Guerra Mundial y de cuyos datos tomo parte del título de este texto. El campo de concentración de Auschwitz fue quizás el más grande campo de concentración nazi, la mayoría de los cuales fueron edificados fuera del territorio alemán. Alrededor de un millón de personas, de los cinco millones 600 mil víctimas del Holocausto, murieron en los campos de Auschwitz-Birkenau. La forma en que murieron fueron diversas, unos fueron enviados en forma inmediata a las cámaras de gas, otros fueron ejecutados a balazos en cuanto arribaron. Otros más murieron a causa de la enfermedad, la desnutrición, los experimentos "científicos" de médicos nazis y lo inhumano de las condiciones de vida en los campos de concentración. ¿Puede existir algo que justifique tales atrocidades contra gente totalmente indefensa?
El 8 de abril se conmemora a las víctimas del Holocausto, que por cierto diversas sectas musulmanas y grupos antijudíos niegan que haya existido. Tengo amigos muy cercanos que se identifican con el odio antijudío. No los entiendo. Las persecuciones antijudías se remontan a muchos siglos atrás -Hitler quizás fue sólo el más bestial y masivo en el intento del exterminio judío-,  el prejuicio contra los judíos no será fácil contrarrestarlo,  como no es fácil la lucha contra todo tipo de prejuicio social, como el existente contra las minorías étnicas en nuestro país, por ejemplo.

Autopsia a la inteligencia


http://noticias.terra.com.mx                     07 abril 1203

Eduardo Caccia
De no ser por el Cisen (digo yo) y el Santo Niño de Atocha (dice Ricardo Monreal), la semana se hubiera pintado de sangre y México daría otra vez nota mundial por el asesinato de dos hermanos, senador uno, diputado otro. Ya dijo el secretario de Gobernación, Osorio Chong, que el atentado frustrado es un exitoso caso de inteligencia, ese recurso del Estado para prevenir y preservar las condiciones de seguridad de la nación.

Hasta aquí todo luce como una muy buena noticia, que además ha sido bien recogida por la opinión pública. "Ahora sí está funcionando el Cisen", "Estos sí saben cómo manejar la seguridad", son apreciaciones comunes que se escuchan en la sobremesa. Como todo iceberg que flota en la superficie, su sustentación es posible gracias a la masa que pasa inadvertida al ojo que mira encima del agua. "Lo esencial es invisible para los ojos...", nunca mejor fecha para recordar un cuento universal: El Principito cumple, ahora, 70 años.

La especulación, alimentada por una dosis de ciencia ficción al estilo de la serie de televisión CSI, evoca espías modernos escuchando grabaciones desde una camioneta sin ventanas, criminalistas de bata blanca que con aparatos excepcionales son capaces de reconstruir conductas torcidas. Cualquier pista es una evidencia en potencia, nada debe descartarse, desconfiar es la norma.

El espía, audífonos puestos, cabecea escuchando estupideces, hasta que brinca el tímpano: "voy a matar a unos perros", y de ahí la canina retórica se junta con el olfato de sabueso, "si no es el senador D que sea su hermano, el diputado R", ¿así o más claro?, aparece una figura de nerd tecnológico, como el personaje "García" del programa Criminal Minds, encuentra en su base de datos parejas de hermanos políticos, uno diputado, otro senador, ¡los Monreal!, da el pitazo, activa cierto código y con eficacia quirúrgica los asesinos en potencia son detenidos.

Sin quitarle mérito a la labor de inteligencia, me parece que hay elementos en esta escena del crimen frustrado que permiten cuestionar algunas cosas. Dicen los que saben que, emateria de inteligencia, uno de los principios fundamentales de la actividad es aceptar que nunca hay logros que festejar, esto es, los éxitos son guardados en un cajón, silenciosos, no trascienden. Bajo esta condición que renuncia al ego, el agente de seguridad es un héroe anónimo que nunca aspira a una medalla, algo así como un salvavidas enmascarado que debe esconderse mientras la gente pregunta: ¿a quién aplaudimos?

¿Qué motivación hay para presumir un logro de inteligencia nacional? Para decirlo de otro modo, de poco sirve que yo publicite que cada 15 días le doy el "chivo" a mi esposa, cuando es mi deber y además pacté que sería una acción entre dos, a menos que me convenga que todos vean que soy un marido ejemplar. ¿Quién, entonces, gana difundiendo una labor que por definición no debe ser presumida? ¿Qué cuentas se saldan o se crean entre los diversos actores del episodio? ¿Qué piezas del ajedrez se fortalecen y cuáles se debilitan con este movimiento? ¿Cuál es la movida magistral que no vemos pero que un genio ajedrecista de la política ya trazó?

No tengo duda de que la inteligencia al servicio del bien y del Estado es una poderosa herramienta que han usado todos los gobiernos en la Tierra. Saber de los otros es una necesidad de sobrevivencia desde tiempos cavernarios. El cazador que dejaba mujer e hijos en la cueva para ir por el bisonte necesitaba saber que sus vecinos no eran caníbales o fueran una amenaza latente para su grupo nuclear. Saber de los otros es una herramienta de preservación biológica, de organismos vivos y del Estado.

Festejo que dos políticos mexicanos que hubieran sido asesinados sigan vivos, festejo que continúen su labor política; aunque no comulgo con su visión ideológica, tienen todo el derecho a expresar y luchar por sus ideales bajo los medios legales que nuestras bases jurídicas les dan.

El caso deja preguntas abiertas, más allá del móvil y lo que haya detrás. Necesitamos saber quién gana con haber difundido un éxito que debió haber quedado entre cuatro paredes.


TIRITAS & TIRITOS

  @Y le hicieron trizas su "algoritmo". Una marea de batas blancas invadió  las calles de 24 ciudades mexicanas para visibilizar u...