domingo, 10 de noviembre de 2013

La maldición irlandesa


Por Juan Forn

El barrio londinense de Lambeth, sobre el lado “malo” del Támesis, era la letrina de la ciudad en la época victoriana. Se podía beber ajenjo hasta la madrugada, conseguir putas a bajo precio y traficar en todo lo prohibido entre los fétidos efluvios de las destilerías de cerveza, pero incluso allí el sonido de un balazo era motivo de estupor (las armas de fuego eran para la caza o para la guerra en Inglaterra, los bobbies británicos no portaban pistola por la calle hasta ayer nomás). Así que el barrio entero vio cómo se llevaba la policía a William Minor cuando éste bajó en calzoncillos a la calle en plena noche y mató de cinco balazos a un tipo que pasaba fatalmente por ahí (después de vaciar el arma contra su víctima, Minor no opuso resistencia al arresto; se limitó a decir: “Creo que maté al hombre equivocado”).
El asunto se volvió una papa caliente para las autoridades cuando se supo que el asesino era norteamericano, médico cirujano y oficial del ejército, veterano de la guerra civil entre el Norte y el Sur. También había estado internado en St. Elizabeth’s, el manicomio que años después albergaría a Ezra Pound. Minor había enloquecido durante la guerra, nomás llegar al frente como cirujano, cuando sus superiores lo sometieron a una prueba iniciática: el ejército del norte tenía muchos desertores, la mayoría eran inmigrantes pobres irlandeses que veían con creciente frustración que los negros liberados por el Norte se quedaran con los trabajos que antes eran para ellos, así que optaban por volverse a su tierra a pelear contra los ingleses, aprovechando la sed de sangre que les había despertado la guerra (la mitad de los nacionalistas fennianos eran veteranos del frente norteamericano). Para evitar las deserciones, el ejército marcaba con un hierro al rojo en la mejilla a los que intentaban fugarse. Esa fue la primera tarea de Minor en el frente: marcar a un hombre, que resultó ser irlandés, y que maldijo para siempre al joven médico que le desfiguró la cara.
Minor se pasó el resto de sus noches en la tierra perseguido en pesadillas por nacionalistas irlandeses que lo sometían a todo tipo de vejámenes. Mientras estuvo en el frente, disimuló su locura en el desmadre general, pero cuando terminó la guerra el ejército lo recluyó en St Elizabeth’s y sólo lo liberaron bajo promesa de abandonar el país en busca de cura en Europa. Minor iba a Suiza pero nunca llegó. Al desembarcar en Londres descubrió las putas de Lambeth y ahí se quedó hasta la noche en que, creyendo que hacía frente a una jauría de fennianos que venía por él, mató a balazos con su pistola reglamentaria del ejército a un pobre jornalero padre de seis hijos, que volvía de hacer doble turno en una destilería de cerveza. El cónsul norteamericano intervino y Minor se salvó de la horca: fue a parar al Asilo de Criminales Lunáticos de Broadsmoor. Imaginen una cárcel de piedra casi sin ventanas. Imaginen sus calabozos. Ahora déjenme describir el de Minor: le habían dado dos celdas interconectadas, una de ellas tenía chimenea, le dejaron poner estantes de piso a techo y también le dejaban comprar libros de Londres. Su familia se había hecho cargo de la viuda y los seis hijos de su víctima. La viuda había aceptado el perdón que pedía Minor y hasta accedió a ir a verlo a Broadsmoor, no una sino docenas de veces. En esas visitas le llevaba los libros que Minor encargaba a Londres. En uno de esos libros, el prisionero (cuyo comportamiento era ejemplar, se pasaba el día leyendo, aunque sus noches seguían siendo pavorosas) encontró la famosa convocatoria de voluntarios de James Murray cuando empezó a hacer el diccionario más inmoderado de la historia: el OED u Oxford English Dictionary.
Era una tarea ciclópea, un diccionario que contaría no sólo el significado sino el origen de cada palabra del idioma inglés. Cien años antes, el famoso Dr. Johnson lo había intentado (“No tenemos mapa ni brújula que nos guíe por el ancho mar de las palabras”). Pero la era de las gestas de un solo hombre pertenecía al pasado. La Academia Francesa ya tenía su diccionario; Inglaterra debía estar a la altura. Sólo que los ingleses carecían de esa idea colegiada de la cultura; Oxford parecía inventado para hacer de la excentricidad y la falta de organización una forma de vida, y en este caso dieron una muestra más de extravagancia: su diccionario sería obra de voluntarios, de legiones de voluntarios. Ninguno de los ilustres de Oxford quiso comandar empresa tan absurda; por eso cayó en manos del escocés James Murray, un autodidacta que nunca había pisado la universidad. Mientras trabajaba en un banco, Murray había aprendido solo todos los idiomas que se hablaban en las colonias de la Corona, además de dedicar sus ratos libres a las diferencias y semejanzas entre la lengua de los indios wowenoc de Maine, los antiguos celtas y las tribus del Indostán. Cuando pidió trabajo en el Museo Británico le dijeron que era demasiado autodidacta para ellos. Cuando la Encyclopaedia Britannica le encargó el capítulo dedicado a la influencia escocesa sobre el idioma inglés, el banco lo echó. Nadie salvo Murray habría aceptado la delirante tarea de hacer el gran diccionario inglés sólo con ayuda de voluntarios.
Minor se sumó a la aventura cuando el OED ya tenía ochocientos voluntarios trabajando y el número seguiría creciendo en los años siguientes, pero ninguno sería tan meticuloso y efectivo como el misterioso “Dr. Minor, de Broadsmoor”. Así firmaba sus envíos el recluso del asilo de lunáticos. Casi treinta años estuvo enviando sus colaboraciones al OED. Lo que al principio fue un goteo se convirtió en un torrente cada vez más caudaloso. En 1897, cuando la reina Victoria se decidió a apadrinar el proyecto, hubo un banquete en el Queens College para los seiscientos colaboradores más eficaces del diccionario, pero Minor no apareció, aunque según su remitente vivía a sólo setenta kilómetros de Oxford. De manera que Murray se subió a un tren y partió a conocer a su mejor colaborador. Cuando llegó a Broadsmoor y lo hicieron pasar a la oficina del director, tendió su mano al anfitrión diciendo: “Doctor Minor, ¡por fin!”. El director del asilo tuvo que aclararle el malentendido, antes de llevarlo a la celda del norteamericano loco.
Casi treinta años se quemó las pestañas Minor colaborando para el OED, y cada noche de esos treinta años peleó en sueños con irlandeses que querían vejarlo. Un día dejó de colaborar, sin explicaciones. Pocos días después, con un cortapapeles que le permitían tener, se cortó la pija y la arrojó al fuego. No se desangró, era cirujano, pero quedó ido desde entonces. Por petición de Murray, el gobierno inglés permitió su repatriación a América en 1910. Internado en St Elizabeth’s, no pareció registrar nada cuando le anunciaron en 1915 que Murray había muerto. Tampoco había irlandeses en sus sueños, ya. Murió durmiendo en 1920. Su lápida tiene un renglón, la redactó el propio Murray y está en el prefacio del OED, en la lista de agradecimientos, donde se lee en letra minúscula: “Las incansables contribuciones del Dr. Minor de Broadsmoor se encuentran en todas las páginas de este diccionario”.

PÁNICO DE GÉNERO


Alejandro Álvarez

Hace unas semanas publiqué el artículo ‘La compleja equidad de género’ donde en síntesis refería cómo en el marco del 60 aniversario del voto de las mujeres en México el presidente Peña Nieto enviaría al Congreso de la Unión una reforma al Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales para que los partidos políticos pongan a mujeres en el 50 por ciento de las candidaturas para diputados federales y senadores como una forma de profundizar en las políticas de equidad de género. En esa misma nota formulé la pregunta: ‘¿sólo existen el género masculino y femenino en el mundo?’,

Después recordé los avances que en materia de aceptar una tercera opción se han dado en algunos países como Alemania, Australia y Suecia. En su más reciente colaboración en el diario Milenio el analista y escritor Luis González de Alba (Transgéneros: amenaza a espacios femeninos) aborda el tema en una particular faceta, la aparente – o real – amenaza que sienten las mujeres de perder ante los transgéneros los espacios del reparto de equidad de género que al sexo femenino les corresponden según lo establecen las ‘cuotas de género’. Académicos norteamericanos estudiosos del hecho han llamado a este estado “pánico de género” y lo ilustran con la anécdota de tenistas mujeres que se han negado a competir con mujeres transgénero (o sea personas nacidas hombres que han adoptado quirúrgicamente las características genitales femeninas) por considerarse en desventaja. Podemos añadir a esto el escándalo que ocasionó hace cuatro años la atleta sudafricana Caster Semanya después de ganar una medalla de oro en el mundial de atletismo en Berlín cuando funcionarios deportivos europeos reconocieron haber sometido a la atleta a estudios de género sin su conocimiento encontrando altos niveles de testosterona por lo que pusieron en duda la validez de su triunfo como competidora femenina. El caso indignó a las autoridades sudafricanas  que se refirieron al hecho como "racismo del más alto orden" y como una “acción humillante, sexista y racista”. Según estas autoridades africanas hubo varias atletas blancas que tenían rasgos masculinos y que nunca fueron sometidas a ningún tipo de pruebas y que el trato dado a Semenya era “sólo porque ella es negra y superó a todas sus rivales europeas".  No les falta razón a las autoridades africanas si se recuerda el caso de la princesa Ana de Inglaterra que en 1976 se le exentó de someterse a los estudios a los que deberían someterse todas las atletas olímpicas para verificar su sexo, la ascendencia ‘noble’ de la princesa le evitó pasar por lo que argumentaban ‘mal rato’ al someterse al estudio de verificación de sexo. Volviendo al tema de la atleta sudafricana la presidente de la Comisión Médica del Comité Olímpico Internacional (COI) en apoyo a la atleta explicó: ‘Ya durante el control antidopaje se obliga a los deportistas a desnudarse para estar seguros de que la orina que suministran procede de sus uréteres. Evidentemente, un hombre disfrazado de mujer no pasaría esa prueba. Además, los análisis nunca son concluyentes y pueden ser injustos con atletas que presentan alguna anomalía genética o pertenecen al llamado género intersexual’.

Hace apenas unos días se inició un escándalo en contra de la futbolista sudcoreana Park Eun-Son, goleadora máxima de la liga profesional femenil de ese país. Entrenadores de los equipos rivales han amenazado con boicotear el campeonato si esta jugadora sigue en la liga, su argumento es que la estatura y complexión de la jugadora corresponden a un hombre. Tanto los directivos del equipo de Park como los directivos nacionales señalan que esta futbolista ya pasó anteriormente pruebas de identidad de género y formó parte del equipo nacional de Corea del Sur en la Copa del Mundo de 2003 y la Copa de Asia Oriental de 2005.

Una cosa interesante en ambos casos es que los escándalos surgen ante el triunfo de mujeres cuyo sexo se pone en duda, si la sudafricana hubiera llegado en quinto lugar y si la coreana anotara un gol cada cinco partidos seguramente a nadie le preocuparía su sexo. Otra cosa interesante es que el caso contrario no se observa. Es decir, que los hombres no se han manifestado contra la participación de transgéneros en deportes masculinos o no han impugnado el triunfo de una persona que presente características femeninas en competencias masculinas. 

En el caso del ambiente político Luis González de Alba plantea la siguiente circunstancia: “Los partidos políticos ¿qué harán? La militante del PRD nacida hombre y reasignada al género femenino, ¿entra en la cuota de mujeres? Ella diría que sí, los hombres también. Las mujeres dudarán en admitirla. En la ONU, la UNESCO y el UNICEF… ¿ entran en la cuota femenina o no? Muchas mujeres nacidas mujeres dicen que no”.


En el caso del deporte, señala el mismo González de Alba, el problema está más o menos resuelto a través del documento conocido como  ‘Consenso de Estocolmo’ que “marca con rigidez los detalles que gobiernan los cuerpos de los atletas, desde sus niveles de hormonas hasta sus genitales. Por ejemplo, gente con genitales masculinos tiene prohibido competir en Olimpiadas como mujeres, aunque un hombre sin pene puede competir en las categorías masculinas”. Como puede verse la realidad es mucho más compleja que el simple reparto 50-50.

jueves, 31 de octubre de 2013

Póker del hombre triste en la tarde azul: cisne negro de la literatura.

Texto leído esta tarde en la presentación de la novela en la Feria Internacional del Libro dela Delegación Benito Juárez,DF.


G. B. ALDACO

El cisne negro, metáfora para designar aquellos eventos o acontecimientos sorpresivos, inesperados, impredecibles, imposible de ser deducidos a partir de parámetros conocidos (éstos son insuficientes para prefigurar el suceso), se distingue por el rotundo impacto que ejerce en su ámbito de acción: la historia, la política, la salud, la meteorología, y en este caso la literatura.
El terremoto del 85 en esta ciudad, el asesinato del sonorense Luis Donaldo Colosio en Tijuana, el ataque a las torres gemelas en Nueva York y el incendio de la guardería ABC en Hermosillo, son acaecimientos que escaparon a la luz que en otros contextos pueden arrojar las estadísticas, y a los vislumbres más sesudos de la ciencia y el análisis sociopolítico. Sirva mencionar estos ejemplos sobrecogedores para retrotraernos a lo que un cisne negro significaría en el todo menos pavoroso terreno que nos ocupa, y digamos que un cisne negro sería aquella obra cuya propuesta innovadora provoca un salto cualitativo en el despliegue diacrónico de lo literario.
¿El David? ¿La Mona Lisa?, ¿El Quijote?, ¿Pedro Páramo?, ¿Cien años de soledad? ¿Qué creaciones cimbraron las bases y trastocaron lo hasta entonces conocido en las artes visuales y en la literatura? ¿Qué con la música, la danza, el cine?
En franca inspiración cortazariana, Francisco Morales ha diseñado una nueva modalidad literaria: la “literatura baraja”. La novela que hoy presentamos es el primer testimonio tangible de esa idea original. En el interior de una arqueta o caja, se encuentra la novela en forma de 134 barajas escritas por ambos lados, con lo que tenemos 269 textos distribuidos en haces y enveses.
Lo que Aldamar Ediciones ha hecho es convertir en objeto el concepto literario del poeta narrador. Póker del hombre triste en la tarde azul es una baraja literaria cuya lectura puede hacerse en el orden propuesto por el autor según la numeración tradicional de cada unidad, o bien el conjunto de cartas puede barajarse y leerse según lo dicte el azar. El resultado de esas lecturas diferenciadas es, al final, similar en el imaginario de los lectores. Aunque inevitablemente variarán los matices, las resonancias, los sesgos interpretativos producto de haber leído tal o cual carta antes o después, el todo o unidad novelesca es esencialmente el mismo en los sujetos lectores.
Póker del hombre triste en la tarde azul es un rompecabezas literario cuya composición dependerá de la suerte de cada lectura, aunque, como hemos dicho, existe un formato inicial como sugerencia: las barajas están numeradas pero pueden, y deberían, revolverse, desordenarse, trastocarse en su orden, si se quiere participar decididamente en la maniobra sugerida por el autor, adquirir el compromiso de convertirse, junto con él, en un actor más de su juego malabar.
 “Cada texto, aquí, es una carta de la baraja. Puede ser leída, acaso, con el ritmo y al modo del juego del solitario. Los jokers van al final…”, advierte al inicio  el autor. Su propuesta es, pues, fundamentalmente lúdica, como si nos convidara a abandonar la solemnidad estética para apostarle al juego literario, a que el lector retome y continúe por sí mismo el torbellino de creatividad que dio lugar a la obra.
El autor ha partido seguramente del concepto Econiano de obra abierta en tanto promueve una idea de la literatura que concede a los lectores la alternativa de convertirse en suplantadores del propio novelista, como buscando que la deidad autoral se desvanezca, pero ha trascendido ese concepto en tanto osó violentar el formato clásico de la edición literaria. De esa manera le ha otorgado una mayor sustentabilidad y plasticidad a la perspectiva de Umberto Eco.
La novela recrea la vida urbana de la ciudad fronteriza de Tijuana en las décadas de los sesenta y setenta del siglo XX, a través de un grupo de personajes que se reúnen cotidianamente en cafés y cantinas para compartir sus pensares, sentires, nostalgias, deseos.
Las 269 cartas corresponden a pequeños monólogos de los 11 personajes: El Otro, Fontes, Green, Cala, Leroy, Acosta, El Negro, Bertheau, Elsie Dulzura, Burton y Barrientos, quienes, a su vez, introducen a otros actores, que, en acción sucesiva, refieren o hacen alusión a otros, como en el juego de las cajas chinas. Voces dentro de las voces que dan voz a otras en una cadena que podría parecer interminable: novela espiral que quiere, de alguna manera, imitar al infinito. Más aún cuando la posibilidad de barajar las cartas simula los jardines laberínticos, aunque sin las limitaciones de la confusión y el enredo, y sí con los atributos de la naturalidad y la fluidez. Esta última característica se nutre de que Póker es, en la dimensión del lenguaje, una novela-poema: no podía ser de otra manera tratándose del trabajo de un poeta de larga trayectoria. Las cartas obedecen a la esencia de lo narrativo pero la prosa es, en ellas, fluir poético, cadencia lírica.
Los personajes están diseñados y dispuestos de una manera horizontal, en tanto no se han construido recurriendo a la división tradicional que obedece a la importancia de su participación en la trama. En todo caso unos cobran, sí, más relieve que otros, pero las delineadas cúspides de la cordillera que forman en conjunto atendiendo a sus actos de presencia, son sólo ligeramente desiguales en su dimensión.
Algo similar ocurre con las historias. No puede decirse que alguna sea más relevante y significativa que otra. En el lector recae el privilegio de adherirse, compenetrarse, solidarizarse con los distintos componentes de ese piélago polifónico que es la novela.
El póker novelesco no tiene, tampoco, principio, desarrollo y fin según los cánones de la tradición; ni clímax, desenlace, conclusión o revelación final, si es que puede hablarse de final en sentido estricto.
En su concepción estética, Póker rinde tributo a lo que uno desearía leer de nuevo, a ese lugar literario al que uno quisiera regresar siempre: lenguaje, personajes, argumentos ideados sin mayores pretensiones que las de atraer al lector a las expresiones más elementales y por lo mismo más profundas de la condición humana. El paso del tiempo, la fragilidad de la existencia, la soledad, las posibilidades o imposibilidades del amor; vidas que se encuentran y por algún motivo se distancian, se repelen, o que simplemente no se encuentran porque es imposible vencer al hado; las dificultades o bondades de la relación con los otros; los distintos universos que cada ser se va construyendo para sí y para los demás en su tránsito por la vida; las nostalgias, las amarguras, los placeres, las añoranzas, las pérdidas; la plenitud, quizás, seguramente fugaz; e integrándolo todo, la imposibilidad del lenguaje, en donde radica el drama humano.
Así, uno de los personajes dice: “Aunque si quisiéramos atender, aceptar: la otra persona se compone, finalmente, de imagen y palabras. El cuerpo y el pelo que acariciamos, maltratamos, añoramos, más las palabras que nos dijo. Somos palabras en el interior de los demás; imagen y palabras. De odio, de amor, de indiferencia. Las palabras dichas. Fabrica la memoria una cara, unos ojos, sus pausados movimientos. Después le hablamos y nos responde desde un tiempo pasado. En la imagen acomodamos las palabras que nos dijo; por eso joden tanto los recuerdos…”.
Póker del hombre triste en la tarde azul es una novela de la memoria. Cada monólogo es un acervo concentrado de remembranzas y evocaciones de un pasado parcialmente común a los personajes, y al mismo tiempo un desafío al tiempo y al olvido, porque el presente interviene de manera discorde, tiñendo al pasado del colorido a veces traicionero del aquí y el ahora.
Por esas vías misteriosas de la memoria, se van engarzando los miembros de una especie de cofradía que se reúne en cafés, cantinas, bares de una ciudad cuya identidad el autor no se cuida en ocultar, aunque podría corresponder a muchas ciudades del orbe. Tijuana en la novela podría ser Villahermosa, Jalapa, Lima, Cartagena de Indias o la Córdoba del sur del continente, en la tercera cuarta parte del siglo pasado, con las utopías, los ideales de aquellas décadas de esperanza dominando los temperamentos, pero también autoaniquilándose por el peso de una realidad muy lejos de responder a su consumación.
Novela baraja, novela espiral, novela interminable como los laberintos de la memoria, exige de los lectores una habilidad especial: la magia de saber leer las cartas.
Para concluir, el concepto de literatura baraja ideado por Francisco Morales trasciende también en otro sentido el nivel formal. Enaltecer la dimensión lúdica de la literatura, renunciar a los autoritarismos del orden y del rigor, convidar a los lectores a potenciar su participación en el desmenuzamiento de la obra, es convertir o pretender convertir a la literatura en una alegoría del mundo, regido por azares y contingencias, y en donde además los cisnes negros, aunque escasos, como éste, sí existen.


miércoles, 30 de octubre de 2013

CRISIS EN EL DEPORTE MASIVO


Alejandro Álvarez


Nos guste o no existen dos deportes que convocan masivamente al pueblo mexicano: el futbol y el box. En uno se llenan estadios semanalmente con miles de entusiastas aficionados y el  otro provoca que las calles queden desiertas cada vez que uno de los populares boxeadores nacionales expone o busca un título mundial. En ambos se percibe en la actualidad un molesto olor a descomposición y a fracaso. Las causas parecen ser las mismas, un mercantilismo exacerbado que ha hecho al deporte y al deportista a un lado para colocar al negocio descarado en primer plano.
En el futbol la debacle pudo haber iniciado cuando dejaron el sistema de competencia de todos contra todos en dos vueltas al final del cual el equipo que tuviera el mayor número de puntos era el campeón y punto.  Para incrementar sus ingresos los dueños de los clubes dividieron a los equipos en grupos y después de concluir el torneo regular de “todos contra todos” iniciaban juegos extra entre los dos primeros de cada grupo y los dos mejores terceros lugares. Después adoptaron el sistema actual en el que después de jugar “todos contra todos” clasifican a la “liguilla” los ocho primeros de la tabla general. En síntesis hacen dos torneos en uno, se duplican los juegos y por tanto los ingresos por entradas y por las transmisiones televisivas con los respectivos mensajes comerciales de los patrocinadores. El resultado ha sido la creación de un futbol especulativo y desgastante. En el paso de una temporada a otra existe el otro negocio que representa la subasta de jugadores, un simple y llano mercado de piernas donde la mercancía, es decir el jugador, no tiene nada que decir. Al término del remate simplemente le dicen: “tu nuevo dueño es fulanito”. El romántico “amor a la camiseta” simplemente dejó de existir. Sanseacabó. Una cosa muy similar ocurre con los técnicos -entrenadores, que desde luego serán siempre la parte más delgada del hilo –chivo expiatorio- cuando las cosas no marchan bien. En el futbol nacional se ha dado la singularidad de que los empresarios televisivos son al mismo tiempo los mandones en la Federación Mexicana de Futbol de manera que han fabricado la imagen que han querido de sus equipos, sus jugadores y sus sistemas de juego o competencia. Un tiempo nos hicieron creer que estábamos dentro de los cinco primeros equipos del mundo,  por encima de Argentina, Inglaterra, Francia, España, aunque éstos hubieran conquistado una copa mundial y nosotros nunca. Detalles sin importancia, desde luego. Como en todo teatro, la función debe terminar en un momento. Ese momento llegó. En las eliminatorias para obtener un boleto al próximo mundial no se pudo vencer a rivales como Honduras, Costa Rica y Estados Unidos, que en otra época se les ganaba con las reservas. También se hizo creer que el Guadalajara y el Universidad serían siempre equipos de primeros lugares y hoy reposan solitarios en el sótano de la tabla.

En el box, ha operado un mecanismo muy similar. Se pasó de pocas divisiones y dos organizaciones mundiales a duplicar las divisiones y multiplicar los títulos de varias federaciones de box, antes había un solo campeón de peso gallo, hoy hay por lo menos seis divididos entre gallo, super gallo y al menos cuatro organismos mundiales. Hay campeones “mundiales” hasta debajo de las piedras. Cosa curiosa, las televisoras también se han adueñado del negocio de las trompadas y han fabricado ídolos a discreción. El caso más penoso es el de los hijos de Julio César Chávez que han navegado entre la mediocridad y el escándalo (recientemente uno de los juniors estaba de invitado especial en la fiesta donde asesinaron al mayor de los Arellano Félix en Los Cabos), siempre con rivales a modo (costales) y ni así han logrado destacar pero la falta de capacidad deportiva siempre ha sido sustituida con un buen manejo de imagen y publicidad. El otro caso es el del “Canelo” Álvarez, manejado por la otra televisora (cada televisora tiene a sus boxeadores en exclusividad), que mostró todo el cobre del que estaba hecho en cuanto le pusieron un rival de primera línea. Pero seguirá siendo negocio y no debe dudarse que se llenarán coliseos, bares y salones para ver las próximas peleas de El Canelo y de los juniors Chávez. Con la bendición de los dueños del deporte popular nacional, desde luego.

martes, 29 de octubre de 2013

Nómadas de la palabra en el Valle de Colchagua

 G.B. ALDACO/ ENVIADA ESPECIAL

Cuando arribamos el asado ya estaba listo, así lo denunciaban el aroma y la disposición de la mesa preparada, gesto infaltable en anfitriones afables y obsequiosos. Los vinos posados sobre el mantel blanco y una guitarra imaginada reclinada por ahí, eran leves insinuaciones de que nos veríamos tentados a alargar la noche.
Era el último día en Santiago y el cariño continental, generado durante ese lapso de encuentro y convivencia, se fundía con una nostalgia prematura, prolegómeno de la que, rotunda, se encarnaría la mañana siguiente, la de la separación definitiva después de casi una semana de compartir nuestra literatura entre nosotros y con los otros.
Escritores de Chile, Argentina, Colombia y México, gracias a la convocatoria generosa del poeta chileno Patricio Morales Lizana, hubimos de templar nuestras voces al ritmo del clima del Valle de Colchagua, tan cambiante como diversos los temas, estilos, giros, de los fragmentos que cada uno íbamos brindando en cada lugar en que nos presentábamos. Nómadas de la palabra, paseamos nuestras voces por escuelas, recintos culturales, cafés, bares, calles, veredas y hogares como el que nos acogía esa tarde.
Las actividades estrictamente literarias se combinaron todo el encuentro con tertulias públicas y privadas, música, visitas a museos y a sitios emblemáticos de las comunas de Chépica, San Fernando y Santa Cruz. Nuestro poeta líder se encargó de nutrir nuestra agenda; ya habría tiempo para el descanso. Entre lectura y lectura ¿cómo no ir a visitar un viñedo y escuchar el testimonio de un hombre cuyos padres, abuelos y bisabuelos vivieron del cultivo de la uva, y culminar con la degustación de un vino artesanal de su propia cosecha? ¿Cómo no permitirnos atestiguar, guía de por medio, un embalse que ha permitido que pequeños productores del valle puedan seguir viviendo de la siembra? ¿Cómo no visitar el Museo del Valle de Colchagua y apreciar, con profunda reverencia, la comunión histórica latinoamericana a través de los objetos ancestrales, y otros no tanto, ahí expuestos? ¿Cómo no soltar las emociones al pasearse por el pabellón dedicado a la proeza del rescate de los 33 mineros atrapados durante 69 días a 622 metros bajo tierra, en la mina San José (Provincia de Copiapó, Atacama) después del derrumbe ocurrido el 5 de agosto de 2010?
Henchidos de poesía, historia y cultura nos encontrábamos al finalizar las actividades, pero sobre todo pletóricos de esa empatía única que surge entre colegas de América Latina, por el simple hecho de conocerse, convivir, compartir. Nos une una historia de siglos, la conciencia del despojo originario, un mismo testamento racial, la herencia de las venas abiertas, las independencias, las dictaduras y las revoluciones, los desequilibrios entre derechas e izquierdas y sus secuelas inclementes, la sensación de no terminar de llegar nunca a un estadio que imaginamos y añoramos desde siempre, pero que no hemos visto ni siquiera de lejos como una realidad tangible.
Nos une el “de qué se ríe, de qué se ríe, señor ministro” de Benedetti; los “golpes en la vida tan fuertes, yo no sé” de Vallejo; el “América, no invoco tu nombre en vano” de Neruda; los “Cien años de soledad” de García Márquez; “Los amorosos” de Sabines; el “Es que somos muy pobres” de Rulfo. También el “¿Hay algo, pregunto yo/ más noble que una botella/ de vino bien conversado/ entre dos almas gemelas?” de Nicanor Parra. Y perdón, nos inunda tanta, tanta poesía, tanta literatura, que seguir retrotrayendo a nuestros autores sería como desafiar al hilo de Ariadna de nuestro inigualable acervo.
Y en el más acá de nuestro habitus, nos reconocemos e identificamos en nuestras formas de educarnos, en el papel de la familia en nuestras vidas, en la devoción por nuestras padres y abuelos, en la veneración por nuestra casa materna y paterna; en las permanentes crisis en que hemos nacido, crecido y desarrollado, pero también en la bondad de nuestras pequeñas misiones como propagadores de la palabra, y con ella, de la libertad.
La travesía no pudo coronarse mejor porque fue en la casa de una familia chilena, muy parecida a la de cada uno de nosotros; la familia obsequiosa del asado, las salsas preparadas, los vinos, los abrazos, el calor de hogar. Nos sentimos en ella como en nuestros nichos de origen, y la comida compartida, los brindis, las risas, el canto, las bromas, pero sobre todo la vuelta a la transmisión oral de la poesía, nos hizo hermanarnos para siempre.
“Compañeros poetas, tomando en cuenta los últimos sucesos…”.

Gracias, poetas; gracias, literatura; gracias, hermandad latinoamericana.

lunes, 21 de octubre de 2013

PRESENCIA DEL CRIMEN ORGANIZADO EN BCS


Alejandro Álvarez

Con la ejecución de Francisco Rafael Arellano Félix, hermano mayor de los líderes del cártel de Tijuana, el pasado viernes en un lujoso hotel de Los Cabos se confirma, por si hubiera dudas, que el crimen organizado tiene una fuerte presencia en el estado. Las versiones oficiales de Baja California Sur como “una entidad ajena a la violencia y al crimen organizado” tratan de tapar la dramática realidad de una profunda penetración e influencia de las organizaciones criminales en la sociedad sudcaliforniana. Como dicen los analistas políticos, habrá que leer entre líneas o interpretar el mensaje que significa este último acto criminal a la luz de que hace apenas unos días el Procurador General de la República había inaugurado en La Paz la Segunda Reunión de la Conferencia Nacional de Procuración de Justicia- Zona Noroeste y Noreste- del país.
Sólo en este año en el estado destaca el descubrimiento en junio de una narco fosa con siete cadáveres de personas ligadas con el tráfico de drogas presumiblemente ligadas al cártel de Sinaloa. El escándalo se silenció con la detención de Simón Guillermo Hernández Peña (a) El Sepultero, un joven de 19 años al que se le ha responsabilizado en su totalidad del crimen múltiple y desde entonces no ha sido emitido algún parte de la Procuraduría con los avances en las investigaciones, si es que alguna vez se iniciaron. Antes de este macabro hallazgo ahora se sabe que los asesinados habían sido reportados como desaparecidos desde inicios del año.
Hace menos de dos semanas Antonio Alcántar ex vocero de Narciso Agúndez Montaño (gobernador de BCS de 2005 a 2011) y su hermano Leobardo fueron objeto de atentados con los resultados ya conocidos de la muerte del primero y el estado crítico del segundo.  Hasta el momento no han sido desmentidas las versiones de que en el año 2005 el entonces candidato perredista a gobernador Narciso Agúndez habría recibido 300 mil dólares del cártel de Tijuana según declaraciones de Francisco Javier Arellano Félix (a) El Tigrillo como agente protegido de una agencia norteamericana. Es de suponerse que esas relaciones delincuenciales se mantuvieron durante varios años después para beneficio de ambas partes. Por ello una de las líneas de investigación para esclarecer el asesinato de Alcántar son esas relaciones de las cuales seguramente estaba enterado.
Los hechos referidos son sólo de lo que va del año, sin embargo las noticias relacionadas con la presencia de prominentes narco líderes  en BCS se puede rastrear muchos años atrás. En el año 2002 el entonces presidente municipal de La Paz Adán Enrique  Ruffo Velarde declaró en relación a la captura de El Tigrillo en territorio jurisdiccional de Baja California Sur que “El Tigrillo fue detenido en tierra, en su captura no hubo participación de las autoridades locales, lo sacaron de inmediato del país, no se precisa el lugar, pero posiblemente lo detuvieron en Mulegé o Loreto….Los agentes de la DEA deberían haber solicitado autorización para introducirse en territorio nacional, pero no lo hicieron, fue una incursión que violó la soberanía nacional, porque no fue en aguas internacionales donde lo capturaron…Se espera el inicio de una cadena de ajustes porque se supone que el Cártel de Tijuana tiene gente operando en Baja California Sur… son dos los cárteles que operan en el estado, uno es el del “Chapito” Guzmán y el otro de los Arellano Félix, y de seguro buscarán el control absoluto”. Repetimos, esto lo declaraba Ruffo Velarde en el año 2002.  En la prensa de la época se detallaba que el yate Dock Hollyday propiedad de Francisco Javier Arellano Félix y donde supuestamente fue capturado El Tigrillo, tenía cerca de once meses atracado en la Marina Costa Baja de La Paz.
En septiembre del año 2007 fue asesinado en La Paz el comandante de la policía municipal Manuel Ceseña Cota, el asesino Diego Armando Quiroz  o Diego Armando Gastélum fue capturado en Culiacán, Sinaloa, luego de cometer otro homicidio en aquel estado. El 26 de noviembre del 2007 Diego Armando confesó haber asesinado al comandante en La Paz, además de señalar a Cruz Mauro Plata Ceja o José Manuel Figueroa López o Jesús Daniel López Castro, como el autor intelectual del crimen. En el 2008 Diego Armando fue asesinado en el penal de Sinaloa y en febrero del 2010, el comandante Carlos Vega Andrade, ex secretario del comandante general Ceseña Castro fue asesinado junto con otro policía en una emboscada, en la colonia El Calandrio.
En enero del año 2010 fue capturado en La Paz Teodoro García Simental (a) El Teo lugarteniente del cártel de Sinaloa bajo la jefatura de Joaquín Guzmán Loera (a) El Chapo. Todo parece indicar que El Teo residía por largas temporadas desde hacía varios años en la capital y actuaba con plena libertad. El Teo cobró siniestra fama por mandar disolver en sosa cáustica los restos de las personas que ejecutaba en Baja California, el encargado del trabajo era Santiago Meza López (a) El Pozolero.
Dos meses después de la captura de El Teo fueron capturados también en La Paz, Manuel García Simental (a) El Chiquilín –hermano de El Teo- y  Raydel López Uriarte (a) El Muletas, sucesores operativos de Teodoro García Simental (El Teo).
En abril del año 2011 fueron detenidos por miembros del ejército Obed Guereña Arvizu y Germán Valle Castro miembros de la banda “Los Zamudio”, en el momento de su captura cerca de la comunidad Los Algodones en el municipio de La Paz, estaban en posesión de gran cantidad de drogas y armas. A esta banda se le relacionaba con la operación en el estado del cártel de Tijuana. Además del narcotráfico a Los Zamudio se les relacionaba con el robo de automóviles y asalto a comercios. Derivaban su nombre del hecho de ser sido organizados por el delincuente Inés Zamudio detenido en febrero de ese mismo año.

Toda esta información se encuentra en la prensa nacional, no es necesaria una búsqueda en toneladas de archivos. Quien no la ve es porque no la quiere ver.   La paradisiaca imagen difundida oficialmente de la entidad no es sólo una distorsión de la realidad sino una forma de evadir responsabilidades de quienes nos gobiernan. A ver con qué nueva historia nos salen después de la ejecución del mayor de los Arellano Félix en medio de una fiesta infantil. Sólo falta que digan que fue “un hecho aislado”.

Cuando los patios eran inseguros, la relación con mi vecina pasó a lo digital

  Miguel Ángel Chávez Díaz de León / 2 de marzo de 2026 —¿De qué me quiere hablar? ¿En qué puedo servirle? —Mi patio y su azotea no son segu...