
Los lectores habituales del semanario Zeta, y de otros medios a los que suelen acudir los sectores sociales medianamente informados e ilustrados, fueron agasajados con una de esas portadas que son en sí mismas todo un editorial.
Una foto a todo color de Narciso Agúndez, y en caracteres de subliminal color amarillo, cinco palabras que resumen la “posición” del gobernador de BCS: “Pedirá a PGR que los investiguen”.
Y en la parte superior del tabloide, otra cabeza complementaria: “El negocio de las invasiones en Los Cabos”.
Narciso, atrapado entre dos vertientes del crimen organizado: el narco y las invasiones de tierras. Dinero fácil al alcance de la insaciable gula, marca de la casa, a la sombra del poder público y de la “Revolución Democrática”.
Una película que los tijuanenses empezaron a ver hace décadas. Solamente así el anodino Agúndez es noticia fuera de su ínsula barataria. Este es el contexto de su primera comparecencia directa ante la prensa, aunque acompañado, o acompañando como jefe y aval, a su procurador, su director estatal de Seguridad…. y su director de “Comunicación Social”(¿?)
De acuerdo con Narciso, los de la PGR serían tan incompetentes que tiene que pedirles que lo investiguen, a él y sus colaboradores señalados, como si no fueran delitos que se persiguen de oficio. Pero el “arrojo” narcisista- el mismo que en campaña prometió que sometería su mandato a referendos trimestrales-, la ciega confianza en sus colaboradores, no alcanza, ¡cómo!, para pedirles que soliciten licencia con el fin de facilitar las supuestas investigaciones.
¿Por qué pedir que lo investiguen en vez de resaltar el hecho, como mejor indicio de su inocencia, de que la PGR no los ha molestado para nada?
Un investigador enfocado en la interpretación lingüística del indiciado, diría que se trata de un intento de “fuga hacia delante”. Carlos Marx diría que a Narciso, y sus compinches, les ocurre lo que al aprendiz de una lengua extranjera: trata de hablar el nuevo idioma pero sin dejar de pensar en la lengua madre.
En otros términos: pretende ser muy listo, “tejer fino”, sin darse cuenta que está logrando el efecto contrario. Hábil para los negocios turbios en las penumbras del poder; torpe, rupestre-con “asesores” a la medida de su ignorancia y autismo- cuando sale a plena luz pública y es obligado a dar la cara sobre casos concretos.
¿BCS área de descanso para el narco? Por la dinámica propia de un negocio siempre al asecho y asechado, el narco, como bien lo sabe el “ingeniero”, nunca descansa. A menos que haya ofertas turísticas de nuevo cuño que hasta ahora desconocíamos.
La botana, puntualmente registrada por la reportera Mosso, no podía faltar a cargo del “director de Comunicación Social”, el mismo hombrecillo que ya había hecho el ridículo cuando intentó sobornar a los directivos del semanario tijuanense.
“Además(el Teo) no se parecía al de la foto”, dijo Alcántar, sin mediar pregunta, apuntalado el “blindaje” contra el crimen, una de las “grandes obras” de su patrón.
Tampoco este prófugo de la opinión pública sudcaliforniana, se va a querer parecer a sus propias fotos cuando se le acabe la pista sexenal, y el futuro cobre forma patibularia.
LA ALFOMBRA ROJA
Pero que mejor que el escritor, intelectual, periodista mexicano, Juan Villoro, para darnos un tour por esas miasmas nacionales que son el caldo de cultivo de personajes estereotípicos como Narciso Agúndez y cia.
Juan acaba de ganar el premio de periodismo Rey de España, con el reportaje-ensayo, La alfombra roja…inspirado en una obra de una artista plástica sinaloense que utilizó las mantas ensangrentadas de las narco ejecuciones, extraídas, por cierto, de una bodega judicial sin custodia policíaca..
“De acuerdo con el axioma de Andy Warhol- dice Villoro-, en el futuro todo mundo será célebre durante 15 minutos. Esta utopía de la dicha tiene sentido en una sociedad del espectáculo. La cultura política mexicana prestigia la felicidad del modo opuesto: lo importante no es lo que se ve, sino lo que se oculta. Un destino logrado no desemboca en la celebridad; se cumple en secreto. La utopía mexicana ha consistido en disponer de 15 minutos de impunidad. Durante 71 años (1929-2000), el PRI gobernó sin perder ni ganar elecciones democráticas. Se perpetuó a través de una rotación de camarillas que confundían lo público y lo privado, y renovaban esperanzas similares a las de los concursos de feria: “Si ahora no te fue bien, el próximo gobierno de la Revolución te hará justicia”.
“Ajeno a la transparencia y la rendición de cuentas, el modo mexicano de gobernar transformó el lenguaje con una gramática de sombra. La política se rebautizó como la “tenebra” y los arreglos importantes se hicieron en lo “oscurito”. La llegada de la luz resultaba peligrosa. “(…)Terminado el monopolio del PRI, los códigos de la impunidad se disolvieron sin ser sustituidos por otros. ¡Bienvenidos a la década del caos! (…)En este nuevo escenario, los sucesos se confunden con simulacros. Un ambiente de naufragio donde la ausencia de principios se disfraza de pragmatismo o medida de emergencia. (..)Estamos ante un bufet donde todos se arrebatan los platos, gritan a la vez y se llevan las sobras en un tupper-ware.
“La descarada tendencia de la época a la satisfacción exprés se ha aliado en México con la impunidad. El mundo narco, la supremacía del presente se cumple a través de un ménage à trois del dinero rápido, la alta tecnología delictiva y el dominio del secreto. El pasado y el futuro, los valores de la tradición y las esperanzas planeadas, carecen de sentido en ese territorio. Sólo existe el aquí y el ahora: la ocasión propicia, el emporio del capricho donde puedes tener cinco esposas, comprar a un sicario por mil dólares y a un juez por el doble, vivir al margen del gusto y de la norma, entre el colorido horror de las camisas de Versace, jirafas de oro macizo, un reloj que da la hora por 300 mil dólares, botas de avestruz azul turquesa. La gratificación de lo ilimitado a la que aspiran los nuevos modos de comportamiento adquiere en el relato del crimen el amparo de lo oscuro: 15 minutos de impunidad para cualquiera.”
Una foto a todo color de Narciso Agúndez, y en caracteres de subliminal color amarillo, cinco palabras que resumen la “posición” del gobernador de BCS: “Pedirá a PGR que los investiguen”.
Y en la parte superior del tabloide, otra cabeza complementaria: “El negocio de las invasiones en Los Cabos”.
Narciso, atrapado entre dos vertientes del crimen organizado: el narco y las invasiones de tierras. Dinero fácil al alcance de la insaciable gula, marca de la casa, a la sombra del poder público y de la “Revolución Democrática”.
Una película que los tijuanenses empezaron a ver hace décadas. Solamente así el anodino Agúndez es noticia fuera de su ínsula barataria. Este es el contexto de su primera comparecencia directa ante la prensa, aunque acompañado, o acompañando como jefe y aval, a su procurador, su director estatal de Seguridad…. y su director de “Comunicación Social”(¿?)
De acuerdo con Narciso, los de la PGR serían tan incompetentes que tiene que pedirles que lo investiguen, a él y sus colaboradores señalados, como si no fueran delitos que se persiguen de oficio. Pero el “arrojo” narcisista- el mismo que en campaña prometió que sometería su mandato a referendos trimestrales-, la ciega confianza en sus colaboradores, no alcanza, ¡cómo!, para pedirles que soliciten licencia con el fin de facilitar las supuestas investigaciones.
¿Por qué pedir que lo investiguen en vez de resaltar el hecho, como mejor indicio de su inocencia, de que la PGR no los ha molestado para nada?
Un investigador enfocado en la interpretación lingüística del indiciado, diría que se trata de un intento de “fuga hacia delante”. Carlos Marx diría que a Narciso, y sus compinches, les ocurre lo que al aprendiz de una lengua extranjera: trata de hablar el nuevo idioma pero sin dejar de pensar en la lengua madre.
En otros términos: pretende ser muy listo, “tejer fino”, sin darse cuenta que está logrando el efecto contrario. Hábil para los negocios turbios en las penumbras del poder; torpe, rupestre-con “asesores” a la medida de su ignorancia y autismo- cuando sale a plena luz pública y es obligado a dar la cara sobre casos concretos.
¿BCS área de descanso para el narco? Por la dinámica propia de un negocio siempre al asecho y asechado, el narco, como bien lo sabe el “ingeniero”, nunca descansa. A menos que haya ofertas turísticas de nuevo cuño que hasta ahora desconocíamos.
La botana, puntualmente registrada por la reportera Mosso, no podía faltar a cargo del “director de Comunicación Social”, el mismo hombrecillo que ya había hecho el ridículo cuando intentó sobornar a los directivos del semanario tijuanense.
“Además(el Teo) no se parecía al de la foto”, dijo Alcántar, sin mediar pregunta, apuntalado el “blindaje” contra el crimen, una de las “grandes obras” de su patrón.
Tampoco este prófugo de la opinión pública sudcaliforniana, se va a querer parecer a sus propias fotos cuando se le acabe la pista sexenal, y el futuro cobre forma patibularia.
LA ALFOMBRA ROJA
Pero que mejor que el escritor, intelectual, periodista mexicano, Juan Villoro, para darnos un tour por esas miasmas nacionales que son el caldo de cultivo de personajes estereotípicos como Narciso Agúndez y cia.
Juan acaba de ganar el premio de periodismo Rey de España, con el reportaje-ensayo, La alfombra roja…inspirado en una obra de una artista plástica sinaloense que utilizó las mantas ensangrentadas de las narco ejecuciones, extraídas, por cierto, de una bodega judicial sin custodia policíaca..
“De acuerdo con el axioma de Andy Warhol- dice Villoro-, en el futuro todo mundo será célebre durante 15 minutos. Esta utopía de la dicha tiene sentido en una sociedad del espectáculo. La cultura política mexicana prestigia la felicidad del modo opuesto: lo importante no es lo que se ve, sino lo que se oculta. Un destino logrado no desemboca en la celebridad; se cumple en secreto. La utopía mexicana ha consistido en disponer de 15 minutos de impunidad. Durante 71 años (1929-2000), el PRI gobernó sin perder ni ganar elecciones democráticas. Se perpetuó a través de una rotación de camarillas que confundían lo público y lo privado, y renovaban esperanzas similares a las de los concursos de feria: “Si ahora no te fue bien, el próximo gobierno de la Revolución te hará justicia”.
“Ajeno a la transparencia y la rendición de cuentas, el modo mexicano de gobernar transformó el lenguaje con una gramática de sombra. La política se rebautizó como la “tenebra” y los arreglos importantes se hicieron en lo “oscurito”. La llegada de la luz resultaba peligrosa. “(…)Terminado el monopolio del PRI, los códigos de la impunidad se disolvieron sin ser sustituidos por otros. ¡Bienvenidos a la década del caos! (…)En este nuevo escenario, los sucesos se confunden con simulacros. Un ambiente de naufragio donde la ausencia de principios se disfraza de pragmatismo o medida de emergencia. (..)Estamos ante un bufet donde todos se arrebatan los platos, gritan a la vez y se llevan las sobras en un tupper-ware.
“La descarada tendencia de la época a la satisfacción exprés se ha aliado en México con la impunidad. El mundo narco, la supremacía del presente se cumple a través de un ménage à trois del dinero rápido, la alta tecnología delictiva y el dominio del secreto. El pasado y el futuro, los valores de la tradición y las esperanzas planeadas, carecen de sentido en ese territorio. Sólo existe el aquí y el ahora: la ocasión propicia, el emporio del capricho donde puedes tener cinco esposas, comprar a un sicario por mil dólares y a un juez por el doble, vivir al margen del gusto y de la norma, entre el colorido horror de las camisas de Versace, jirafas de oro macizo, un reloj que da la hora por 300 mil dólares, botas de avestruz azul turquesa. La gratificación de lo ilimitado a la que aspiran los nuevos modos de comportamiento adquiere en el relato del crimen el amparo de lo oscuro: 15 minutos de impunidad para cualquiera.”




