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miércoles, 18 de marzo de 2015

JORNALEROS AGRICOLAS EN EL INFRAMUNDO


Alejandro Álvarez

En muy pocos casos de la vida nacional es tan evidente la doble moral que priva en forma dramáticamente generalizada como lo es en el asunto de las condiciones de existencia de los jornaleros agrícolas migrantes en nuestro propio país. Toneladas de papel y pipas de tinta se han vertido en sesudos análisis desde la década  de los setenta para demostrar lo inhumano o infrahumano en que sobreviven los trabajadores migrantes en el territorio mexicano. Muy por debajo de las condiciones en que laboran en Norteamérica aunque nos encanta denunciar las malas condiciones laborales de los connacionales en aquel país porque es mucho más elegante y viste políticamente a quien así lo “denuncia” llenándose la boca de “antiimperialismo” y “antinorteamericanismo”. Aunque lo que pasa al sur del río Bravo sea más dramático no sólo por los bajos salarios sino por las condiciones de la vivienda, salud, educación y discriminación de que son objeto esos trabajadores en su propio país.
Escondido en los portales de algunos periódicos nacionales se informa que después de un día de paro los jornaleros del valle de San Quintín en Baja California (BC) fueron violentamente desalojados el miércoles 18 de marzo de los plantones que mantenían en la carretera transpeninsular, dentro del municipio de Ensenada, BC. Ver las demandas de esos trabajadores habla por sí mismo de la precariedad en la que viven y trabajan. Aquí está su pliego petitorio:
- Que el salario de 110 pesos al día por una jornada de 12 horas, se incremente a por lo menos 300 pesos.
- Que la jornada laboral sea disminuida a las horas de Ley y no a las doce que trabajan actualmente.
- Que los jornaleros sean afiliados al Instituto Mexicano del Seguro Social, dado que no cuentan con prestaciones sociales de ningún tipo.
- Que les den vacaciones.
- Que se respete el séptimo día de descanso.
- Que las horas extra sean a voluntad y pagadas de manera adicional.
- Que acabe y se investigue el acoso sexual que se ha dado contra mujeres jornaleras de manera común.
- Diálogo de negociación que incluya a los jornaleros, los patrones y el gobierno del estado.
Por lo que respecta al diálogo, el gobierno baja californiano ya dio respuesta, hay 200 detenidos después del desalojo sin acusación concreta y un número indeterminado de heridos al momento de hacer esta nota.
En la extensa zona agrícola de esa región se calcula que trabajan alrededor de70 mil trabajadores. Para tener una idea de cómo viven podemos remontarnos a las notas publicadas al iniciar esta semana al descubrirse el hacinamiento en que laboraban 200 jornaleros de origen tarahumara en el municipio de Comondú, aquí en Baja California Sur. En Villa Ignacio Zaragoza, la nota dice, “se encontraban hacinados cien trabajadores; hombres, mujeres y niños en chozas provisionales elaboradas de ramas, hules y costales, en medio de basura y lodo, con poca agua y baños sucios… Durante el desahogo de la empresa se detectaron 113 violaciones a la legislación laboral como son: Condiciones inseguras e insalubres en el área de trabajo, falta de sanitarios y agua potable, falta de áreas adecuadas para la toma de alimentos, falta de equipo de protección personal”.
A mediados de la década de los setenta en el mismo municipio se movilizaron por primera vez trabajadores agrícolas para denunciar las condiciones ilegales en que se les mantenía laborando. El año pasado se informó de decenas de procedimientos contra empresas que mantenían en condiciones ilegales a cientos de trabajadores en diversos campos en Vizcaíno, municipio de Mulegé, BCS. Hace dos años a raíz de un accidente fatal se “descubrió” en La Paz que trabajadores agrícolas eran transportados como animales en camiones de redilas para hacer sus compras desde sus pocilgas en los campos agrícolas a la ciudad. Otros eran transportados diariamente de igual manera de la ciudad al campo agrícola. Por lo menos desde hace dos décadas María Luisa Cabral, investigadora de la Universidad Autónoma de Baja California Sur, ha publicado innumerables artículos y realizado foros académicos detallando estos hechos: salarios por debajo de los legales, condiciones insalubres de trabajo y vivienda, trabajo infantil, discriminación, trabajo femenino remunerado por debajo del de los varones, falta de educación para niños, carencia de agua potable, hacinamiento, pocilgas en vez de casas, falta de contratos de trabajo, abandono al concluir las cosechas. Y un largo etcétera.
Claro que ningún prestigiado cineasta, ni laureado escritor, mucho menos intelectuales “abajo firmantes” o puntillosas organizaciones de la “sociedad civil” se dan por enterados. Mucho menos los partidos políticos y gobernantes y legisladores y ministros de justicia, atareados como están en saturar los medios con una exhaustiva relación de sus grandes cualidades y beneficios con los que nos han prodigado.

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