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jueves, 7 de mayo de 2015

ANTECEDENTES DE LA “GUERRA SUCIA”( De adictos, capos y moralinas)



La guerra electoral entre los actuales candidatos a la gubernatura del PRI, Ricardo Barroso Agramont, y del PAN, Carlos Mendoza Davis, data del 2012.
Hace tres años ambos disputaron la senaduría por mayoría relativa, y ganó Barroso con un amplio margen de 30 mil votos, cuando los sondeos lo ubicaban siete puntos por debajo del neo panista.
Un resultado seguramente influido por el debate previo, también capitalizado por el joven priista al acusar a Mendoza de haber realizado sospechosos movimientos financieros multimillonarios en los últimos años del infausto sexenio del "izquierdista" Narciso Agúndez Montaño, el “broker” mayor,  a quien por cierto Mendoza no enfrentó  como correspondía a una  oposición responsable.

Barroso exponía datos duros- inversiones de bienes raíces de CMD- documentados en reportajes del semanario Zeta.
A este duro golpe Mendoza respondió señalando a Barroso como un "adicto".
Destilando una moralina muy propia de las "buenas conciencias" panistas, y no de un tipo forjado en el hedonismo del juniorado tricolor donde el dinero y el alcohol suelen ser las “drogas legales” de uso corriente, aunque no  exclusivas.
Tampoco encaja esta estigmatización del adicto, que en todo caso sería un problema de salud pública, con la formación profesional  de Mendoza, abogado egresado de la UNAM con estudios de posgrado en universidades extranjeras como la de Rochester, y la London School of Economics.
La misma prestigiada institución en la que también estudió nada menos que Mick Jagger,  vocalista del legendario grupo de los Rolling Stones, éste sí un "adicto" de ligas mayores.
 Y ya ves, que tan productivo, creativo, y buen economista resultó.
( Mick es el cerebro financiero del  grupo).
De tan generosa aportación cultural al igual que otros míticos "adictos" como John, Paul, George y Ringo, The Beatles, y demás  protagonistas de la revuelta contracultural de los sesenta y setenta sin los cuales no se puede entender el mundo actual.
Como no se entiende sin la obra de infinidad de artistas, intelectuales, escritores,  científicos que convirtieron su “adicción” en un método de conocimiento, en una experiencia creativa.
El mismo cel inteligente, la misma tableta de última generación que utilizan estos  predicadores  puritanos, es creación de un “adicto”confeso, y de drogas duras:   Steve Jobs.
Pero no nos vayamos muy lejos: dentro de su propio primer círculo de amigos, de allegados, de colaboradores, Mendoza tiene a algunos “adictos” muy activos y nada arrepentidos, ante los cuales Barrroso sería un inocente aprendiz de brujo.

(Aunque  habría que considerar  otro tipo de adicciones como la del billete fácil y la comida chatarra-un gran problema nacional-, que acelera el proceso de la gordura mórbida que luego obliga a  costosas intervenciones quirúrgicas.)

¿De qué le sirvieron a Mendoza los altos estudios si nunca pudo abandonar la aldea mental?
Lástima de recursos cortesía del sistema priista, ahora “capitalizados” electoramente por el PAN, el partido anatema, que nació como contrapeso del corporativismo del partido de Estado en las tiempos de Lázaro Cárdenas.
Pero el  karma del panista hechizo , recargado de malas vibras(él inició la “guerra sucia”), lo alcanzó en el momento más inoportuno.
Y al “adicto” Barroso Agramont, un joven de 35 años, le cayó de a perlas una noticia publicada en septiembre del año pasado: un concuño de CMA, había sido aprehendido en San Diego, acusado de cruzar la frontera con un tráiler cargado con siete toneladas de mariguana.
 Un tipo de origen sinaloense que en La Paz es propietario de unos expendios de mariscos, uno de ellos ubicado en un local propiedad de un sobrino del candidato blanquizaul: Juan Alberto Valdivia Alvarado,candidato a diputado federal por el PRI, nieto del ex gobernador Alberto Alvarado Arámburo.
De aquí el sospechosismo propagandístico del PRI sobre los nexos de su ex correligionario  con el narco. Una respuesta que parte de indicios reales, aunque desde luego insuficientes para afirmar la culpabilidad del presunto implicado.
Al igual que la “adicción” de Barroso no es sinónimo de alienación mental  y estigma moral, como lo quiere presentar la inquisición demonizadora.
Pero así es esta “guerra sucia”, inédita en BCS, a la que se ha reducido el debate político.  

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