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domingo, 22 de noviembre de 2015

El último chapuzón




Cuando escuché su saludo y se sentó a mi mesa de la terraza del KM0, no lo reconocía.
Había recuperado el color de su rostro, el brillo de su pelo aún rubio a pesar de sus 70 plus, y en sus ojos azules que en sus buenos tiempos de gigoló porteño reflejaban los siete pecados capitales, había serenidad, templanza y agradecimiento.
Era un viejo conocido que después de 20 años sin ingerir alcohol, la había vuelto a "morder"este  largo e inclemente verano, y se había unido a otros compañeros de viaje etílico que deambulan por la zona del puerto viejo y malecón centro.

Por más que le había insistido buscar atención médica, no me escuchaba. Hasta que una mañana me interceptó y en vez de pedirme las monedas de rigor,  me pidió:"Ahora sí, amigo,llévame".

Dado la precariedad de su estado, llamé a una ambulancia. La Cruz Roja se negó. Ellos no tenían personal para atender estos casos. Que llamara a Protección Civil.

Llegó una una unidad y los paramédicos le tomaron los signos vitales. ¡Todo en ordenl! Presión y ritmo cardiaco normales. ¡Pero cómo! Y no se lo querían llevar.

Hasta que cedieron y el rescatado no se quería subir a la ambulancia si no se lo llevaban en camilla y su amigo no lo acompañaba.
Así cruzamos la ciudad con la sirena encendida,abriendo paso entre el tráfico del mediodía infernal hasta el Hospital Salvatierra.

No lo quisieron recibir en el área de psiquiatría,donde nos dejaron, y nos fuimos, caminando dos interminables cuadras, a urgencias, donde era un cliente conocido.

De ahí lo enviaron a un centro de rehabilitación, en el que estuvo tres meses recluido bajo estrictas reglas y tratamiento a base de caldos y atolitos.

Y aquí estaba de regreso.Jurando y perjurando que ya no volvería a caer, pues ya no lo resistiría.

Le conté que unos días atrás había estado platicando con un ex compañero de secundaria  que seguía en el mismo limbo alcohólico, y que a pesar de su desastrosa condición física,me había sorprendido con su lucidez y portentosa memoria.

El resucitado lo conocía muy bien,pues habían compartido pacha y palapa durante esa temporada en el infierno.


- Ya se murió-me dijo,desviando la mirada-. Ayer lo encontraron aquí enfrente, abajo del muelle.

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