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lunes, 12 de diciembre de 2016

BAUTIZO GUADALUPANO

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Con mi madre -que no era precisamente una devota de culto religioso alguno-, en  la antigua Basílica de Guadalupe, allá  en la primera Edad de la Inocencia.

No fuimos en ninguna peregrinación, ni  hicimos viaje ex profeso.

 Ella acudia cada verano a cursos magisteriales en la CdMx, con su Edipito a cuestas.

Nunca he vuelto a ese templo desde entonces.

No había necesidad.

El estremecimiento que me envolvió cuando estuve frente a la imagen de la virgen Morena, sigue intacto.

Un sentimiento religioso en estado puro.

Por lo demás, la piedra de la Basílica, era parte de la maravilla monumental, del nuevo y laberíntico mundo  que  se abría al paso  del pequeño salvaje peninsular.

Epifanía de la  Ciudad de México.

Primeros brotes de nostalgia.

Primeras luces de Itaca.

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