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lunes, 14 de septiembre de 2015

EL SHORESCORTOS




"La dispersión es mi fuete...", murmura el Shorescortos
extendiendo una mano en busca del "matabachas"  de caracol marino que debe seguir sobre el taburetillo de concertista a un lado de la lámpara.
Lo toma y enciende lo que queda del carrujo de las primeras colitas homegrown.

Esta clase de nanoesculturas tubulares fraguadas por la naturaleza a fuego lento, en miles de millones de años, potencian los  encantos del humillo con sabor y olor a guayaba  y piedra de sal entreverados.

Desliza  otra mano sobre el lecho revuelto y palpa el lomo de cartón de los tomos de "cabecera" que duermen a su lado, velan su sueño y a la vez son velados.

Se pone a leer el  libro que al tacto  reconoce  por la etiqueta que no ha podido desprender  y permanece adherida como una rugosidad que apenas deja leer el precio que se sabe excepional: 9 pesos. Y una marca comercial: Ley.

Se trata de  El Teatro y su doble, de Antonin Artaud.

"Todas nuestras ideas acerca de la vida deben reformarse en una época en que nada adhiere ya a la vida.Y de esta penosa escisión nace la venganza de las cosas; la poesía que no se encuentra ya en nosotros y que no logramos descubrir en las cosas, resurge, de improviso, por el lado malo de las cosas; nunca se habrán visto tantos crímenes, cuya extravagancia gratuita se explica solo por nuestra impotencia para poseer la vida.

"Si el teatro ha sido creado para permitir que nuestras represiones cobren vida, esa especie de atroz poesía expresada en actos extraños que alteran la vida demuestran que la intensidad de la vida sigue intacta, y que bastaría con dirigirla mejor".

Cierra el libro y los ojos. En el teatro de la memoria continúa  la danza del Ciguri. De las barrancas  de la  Tarahumara a los bulevares parisinos. Al  espíritu que se escribe a sí mismo:
" Con él, el Hombre está solo y tocando desesperadamente la música de su esqueleto, sin padre, madre, familia, amor, dios o sociedad. Y andas del equinoccio al solsticio, sujetando tú mismo tu propia humanidad.El peyote,conduce al yo hasta sus fuentes auténticas. Al salir de un estado de visión semejante, no se puede volver a confundir, como antes, la mentira con la verdad.Quizás nuestra civilización podría superar su frustración si todos bebieran el Ciguri".