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domingo, 12 de febrero de 2017

COFFEE BREAKERS



Unas niñas con finta de modelos en pasarela, con muchas horas/ gym en sus muy selfieras anatomías, ocupan una mesa vecina.
Altas, delgadas, blancas, vestidas como cualquier otra chica millenial de las capitales de la moda: Los Ángeles, New York, Londres, Paris, la hipstérica Condesa mexica.
A las primeras de cambio identifico el acento de la clase media alta de LPZ.
Porteñitas.
Con la"metáfora del mar y el desierto", el agua y la sed, el spleen insular, la invitación al viaje, en la mirada.
Hablan alto, como si estuvieran a solas y en despoblado.
Me atrae la novedad de los giros y registros de ese acento generado por la expansión urbana y la diversidad social.
Pero el encanto se acaba cuando de sus exquisitas boquitas empiezan a salir sapos y culebras.
Los "güeyes "y las "vergas" sobresaltan hasta a los clientes extranjeros.
Las meseritas no saben si sonreír o llorar .
Intento aislarme de tan anticlimática obscenidad
En un acto reflejo , tomo el libro... "por si las moscas."
Como cuando esos coprófilos insectos se arremolinan sobre tu taza de café e intentas repelerlos con un portadazo.
Imposible.
La estridencia de las tubas y tamborazos de una banda imaginaria que deriva en reggaeton irrumpe como música de fondo.
Puedo escuchar las imprecaciones e invocaciones eróticas de las chicas en la intimidad con sus descocadas parejas.
Qué manera de ejercer la "equidad de género", de apropiarse del símbolo machista por excelencia, del falocentrismo a la mexicana.

1 comentario:

Guillermo dijo...

Es una especie que se reproduce como esporas en todo el territorio nacional...