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miércoles, 11 de junio de 2014

Histerias mundialistas



Ya  ya llegó, ya está aquí la histeria del Mundial.

Con un país sede convulsionado por las protestas ciudadanas contra los excesivos gastos y la corrupción gubernamental, mientras los rezagos sociales se acumulan.
Estadios que se presupuestaron en 300 millones de dólares  terminaron costando el triple.

Como nuestra Estafa de  Luz.

Y para colmo, los brasileiros se enteran que la empresa constructora de estas obras mundialistas también triplicó sus aportaciones a la campaña reeleccionista de la presidenta Dilma Rouseff.

Todo lo cual tiene muy nervioso a su antecesor y santo patrón, el ex presidente Lula, que al ver cómo se derrumba el escaparate que iba a mostrar urbi et orbi su legado político y social de un Brasil en los umbrales del primer mundo, arremete contra México, "donde todo es peor" que en en su país..

(Menos peor)

Dice el ex mandatario que los mexicanos apenas estamos haciendo una reforma energética que ellos hicieron hace 20 años.

Reformas a las que, curiosamente, los correligionarios mexicanos del gran Lula se opusieron y siguen oponiéndose.

Gracias a los flujos de capital y crecimiento económico detonado por estas reformas  que consolidaron Petrobras, Da Silva pudo sacar de la pobreza e incorporar a la clase media a 35 millones de compatriotas, lo que lo ubicó como la nueva figura de una izquierda latinoamericana moderna, pragmática, que sabia administrar la inercia de los mercados y sacarles un poco de justicia social.

En este pedestal estaba cuando el ex obrero metalúrgico vino a México a avalar, vestido de chamula, la cruzada contra el hambre de Peña y la ya de nuevo despreocupada Rosario.

Pero  algo, algún amarre estructural falló. No bastaron los 35 millones  de brasileiros rescatados de la miseria  para mantener la estabilidad social, y el Mundial de la consagración ecuménica lulista podría convertirse en la quema de su botarga en un siniestro carnaval, donde las  corruptelas de los magnates de  la FIFA completan lo que se antoja un muy antideportivo y explosivo cocktail.

En buena medida la reelección de Dilma depende de un Mundial con final feliz, con todo lo que eso significa en lo futbolero. Brasil,.campeón.

Por eso a Lula  le urge desmentir las versiones , y las cifras e indicadores que las avalan, de que ahora resulta que es-¡ otra vez!- México la nueva economía emergente.

Anda encampañado.

Tan curiosito que se miraba disfrazado de chamula.

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