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martes, 17 de septiembre de 2013

DESASTRES NATURALES O HUMANOS DESASTROSOS



Alejandro Álvarez


Al momento de escribir estas líneas sumaban varias decenas de muertes y cientos de miles los afectados por dos ciclones que simultáneamente provocaron lluvias abundantes en el país. Eso de sí ya es una tragedia, como lo es también que esto sea un espectáculo al que se asiste periódicamente. Parece de locos que año con año en el país se informe de decenas o cientos de miles de damnificados en los mismos estados, en las mismas localidades, en las mismas colonias. ¿Qué nos falta para concluir que esos sitios malamente habitados deben ser abandonados y sus pobladores reubicados en zonas seguras? Seguramente se contestará que son necesarios recursos públicos cuantiosos para proveer de infraestructura y servicios a los nuevos asentamientos. Mientras tanto, año con año, que esas familias que pierden todo en su hogar vean cómo se reponen. Al fin y al cabo que con unas despensas, unos catres y unas cobijas la pasarán en la emergencia. Después veremos.
Y nuevamente, sacrificando unos satisfactores básicos por otros, las familias más vulnerables por años y por generaciones subsidian la incapacidad del estado nacional para planificar el desarrollo, pasada la emergencia recuperan con dificultad sus escasos bienes hasta que llega otro fenómeno natural y vuelta la rueda al mismo lugar. De esta cadena, al parecer infinita, de destrucción y reconstrucción, no puede haber beneficiarios. Los gobiernos que pretendan lucirse a partir de ello estarían pervirtiendo su función. Lo mismo que aquellos otros que se paralizan ante el infortunio. Eso no puede ser. No estaríamos inventando nada nuevo si llevamos a los pobladores de un antiguo lecho de arroyo o de un área inundable a una zona alta. A la larga los costos sociales serían mucho menores. Como también sería irresponsable esperar que en un futuro incierto se inventaran supuestas tecnologías para tratar de controlar a la naturaleza. De ese tipo de “inventos” sólo queda la poca vergüenza de quien los planteó. ¿Alguien recuerda el famoso aparatito “espanta huracanes” que con como vidrios de colores se anduvo ofreciendo hace algunos años a costa del erario público aquí en nuestra entidad?
Se ha avanzado mucho en la operación de los organismos de protección civil lo que sin duda ha impedido que las desgracias sean mayores. Pero tampoco con ello se puede ocultar lo otro, es decir, garantizar de manera más permanente la vivienda y los otros escasos bienes e infraestructura de la población. Se han elaborado en varias ciudades del país los atlas de riesgo ante diversos fenómenos naturales destructivos. Este es otro tino de los diferentes niveles de gobierno,  pero de nada servirán sus conclusiones y recomendaciones no desembocan en acciones concretas que proporcionen seguridad de largo plazo. Así se estaría en verdad aprendiendo de los desastres.
La oficina de la Naciones Unidas para la estrategia de reducción de desastres indica que durante las últimas décadas ha venido en aumento en el mundo el número de eventos catalogados como catastróficos por la magnitud del monto de las pérdidas humanas y materiales (cincuenta en 1975, más de cuatrocientos durante cada año del milenio actual). En estas estadísticas se incluyen inundaciones, huracanes, sequías, nevadas, deslaves, erupciones volcánicas y terremotos, siendo estos últimos los que sistemáticamente han cobrado más víctimas y han representado montos económicos de pérdidas más elevados. Las conclusiones de los expertos es que este incremento en la pérdida de bienes y vidas no es resultado de un aumento de los fenómenos naturales potencialmente peligrosos ni de un supuesto cambio climático sino que el hombre en su crecimiento demográfico se ha asentado en sitios cada vez más peligrosos, ha descuidado las normas y criterios para planificar nuevos asentamientos humanos, pero además ha modificado el ambiente natural propiciando que se incremente el potencial destructivo de la naturaleza sobre los bienes y vidas humanas. Por eso es que decimos que los desastres no los causa la naturaleza, los desastres los provocan los humanos.


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