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lunes, 23 de septiembre de 2013

SOCIEDADES Y CIUDADANOS LIGHT


Alejandro Álvarez

La sociedad y el ciudadano light toman su nombre de esos productos de nuestro tiempo que parecen ser, pero que en realidad no son. Tal como la cerveza sin alcohol, la nieve sin azúcar, el tabaco sin nicotina, la leche sin lactosa, la noche sin pecado. Esas ciudades con sus personajes son una simulación, sólo una apariencia. Es como jugarse el dedo en la boca uno mismo, como auto complacerse, como soñar en vigilia. Estos productos light como las sociedades del mismo tipo son un aberrante contrasentido. Digan si no.  Millones de seres en el mundo demandan calorías que las sociedades de consumo –sociedades light– se las quitan a ciertos productos comestibles invirtiendo en ello, además, grandes cantidades de dinero. O sea, invertir dinero para quitarle valor a las mercancías. Somos una especie curiosa. En una sociedad mundial razonable esto podría ser catalogado como un crimen y ser sujeto a un juicio. En las nuestras no es así, al contrario de lo que se trata es hacer más sociedades light. El hombre light se desenvuelve a la perfección en medio de la frivolidad y las trivialidades. Puede hacer de la vida privada, las preferencias sexuales o el vestuario de otros un motivo de profundas discusiones (o sea chismes)  o simplemente pasar el tiempo viéndolos hacer nada, sentados uno frente a otro en una sala, rascándose cada parte del cuerpo o sacándose los mocos como única señal de que están vivos. O pueden permanecer por horas carcajeándose reunidos frente al televisor viendo cómo unos personajes compiten en realizar la maroma más ridícula. Sus metas son portentosas, comerse treinta hot dogs por ejemplo. Y a partir de ahí romper sus propios records.
El hombre y la mujer light se realizan cuando usan los calzones o las pantaletas de la marca de su artista preferido. Son como un sueño ligero, como una brisa que pasa sin sentir,  sin ser advertido, sin trastornos. Nunca se pregunta nada, de hecho los signos de interrogación para él podrían ser derogados. Todo es así porque así debe de ser y no podría ser de otra manera. Todo en su mente son certezas, no hay dudas. Palabras tales como justicia o equidad no le significan nada en lo absoluto, sólo estorban al buen vivir. Obviamente su capacidad transformadora está prácticamente suprimida o está en vías de extinción.
Sus ídolos son de lo más extravagantes, alguien que no pueda leer ni el menú puede serlo. O aquel que cuenta como la gran ocurrencia el día que vio caer a su abuela cuando le quitó la silla al momento de sentarse. Esos son sus héroes y las proezas que le llenan el espíritu. El hombre light es el instrumento ideal para que todo permanezca tal cual. Está garantizado que nunca tomará decisiones sin la autorización de otro, aunque lo pueden cambiar o mejor dicho, siempre está dispuesto a ser canjeado.
Pero errado está quien piense que un hombre light no puede llegar a ocupar puestos de alta responsabilidad,  todos conocemos a un diputado, un senador, un presidente municipal que hacen alardes de sus costumbres, espíritu y pensamiento light. Quienes a su vez dirigen a estos hombres light permanecen cuidadosamente a sus espaldas para suplir la carencia de esas milagrosas células llamadas neuronas. 
Un futuro con una sociedad light, es decir compuesta por hombres y mujeres light, es el paraíso soñado por otros personajes light, sin nicotina, sin grasa, sin azúcar, sin lactosa, sin calorías, sin más ideas que llevársela light.


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