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domingo, 20 de julio de 2014

ADIÓS AL TÍO PEPE


Alejandro Álvarez

Lo primero que se viene a mi mente es una de tantas veces que lo acompañé camino a su granja en Xochimilco, absorto viendo cada uno de sus movimientos al manejar su auto. De ahí, como en cascada se desprenden mil recuerdos. En esa granja un día al amanecer me explicó cómo se formaba el arcoiris, con el sol a nuestras espaldas soltó un chorro de agua al frente y el paso de los rayos solares a través de esa cortina de agua formó un arcoiris perfecto. Las vacaciones de verano junto con él y mis primos son imborrables. En Salina Cruz en un hotel con unos cuartos que me parecían inmensos y un calor infernal. Cruzando por Pénjamo cuando cantábamos todos la canción inmortalizada por Pedro Infante (‘’…ya brillan allá su cúpulas…”). En Acapulco sentado en una mecedora calificando los clavados a la albarca que hacíamos la chiquillada de mis primos y hermanos. Trasportados siempre en su camioneta “guayina” donde cabíamos nueve escuincles, cuatro adultos, maletas, pañales, alimento y enseres para cualquier emergencia entre pueblo y pueblo.
Una tarde en su casa cuando corríamos como búfalos en estampida me llamó y dijo: “Tenga mi hijo, para cuando vaya a la prepa”, me puso en las manos una pluma fuente Sheaffer que conservé hasta terminar la carrera profesional prácticamente desbaratándose, cubierta de remiendos y pegotes. 
Con muchas ilusiones compró un pequeño rancho en Ixmiquilpan, Hidalgo. Ahí me llevó a conocer las condiciones en que vivían los pobladores indígenas del Valle del Mezquital, comimos en la casa de uno de sus trabajadores -un cuarto redondo con piso de tierra y un comal en medio-, unos tacos de salsa de chile molido con escarabajos de la región. Sin remilgos a mediados de los setentas nos prestó su rancho para realizar el primer congreso de la Liga Socialista, entonces una organización ilegal clandestina . Los congresistas, una media centena de jóvenes utópicos, amanecíamos entumecidos en medio de pastos cubiertos por el hielo. Paradojas de la historia, años después bandas armadas subvencionadas por el PRD lo despojaron de su rancho en un asalto nocturno acusado de “terrateniente” por cultivar cinco hectáreas de terreno pedregoso regadas con ingenio a partir de un sistema de bombeo desde el río del mismo nombre del municipio. Años de litigio le devolvieron su propiedad, pero el daño ya estaba hecho.
Después se retiró a vivir a la ciudad de Querétaro hace quizás diez o quince años donde lo llegué a visitar y encontrar, pese a todo, siempre optimista y risueño. Hace un año recibí una llamada telefónica que me conmovió, era él, mi tío Pepe, supe por su propia voz que un velo de tristeza lo cubría, mi tía estaba enferma y él perdía la vista. En un accidente doméstico este año se fracturó la cadera y me prometí visitarlo. La promesa no pude cumplirla. Las ausencias se me empiezan a acumular. Siento su partida como un hueco en mi vida.