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martes, 17 de abril de 2012

Restitución de la legalidad en la UABCS y defensa de la Autonomía Universitaria (un aporte teórico-práctico)


Doctor Humberto González Galván

Desde hace más de un año en la UABCS, Universidad pública de nuestro estado, la ley se ha estado torciendo a conveniencia política de quienes se cobijan en la inercia social y en la impunidad. Mi pregunta en este escrito es la siguiente: ¿cómo ha sido posible tal barbaridad, qué condiciones la han permitido?, y también ¿qué condiciones la pueden transformar? Mis incipientes respuestas a estas dos preguntas quieren ser académicas (políticas y éticas ya lo son) y, en este sentido, voy a rescatar dos conceptos que expongo ahora con suma brevedad, a fin de querer hacerme comprensible a mí mismo algo que parece incomprensible y/o irrealizable: el concepto de autonomía y su práctica en nuestro contexto universitario.
Dos son las ideas desde las que incidiré en el concepto y práctica de la autonomía universitaria: la idea psicológica de “autonomía”, y la idea filosófica de “decir veraz” (parrhesía).
a) La idea psicológica del concepto de “autonomía”;
Son Jean Piaget (1896-1980) y su discípulo Lawrence Kohlberg (1927-1987), quienes mejor describen el paulatino proceso psicológico de adquisición y desarrollo cognoscitivo y moral de la autonomía. Desde la psicología genética, la autonomía moral es un logro de la subjetividad que centra su interés “…en que las leyes y deberes se basen en el cálculo racional de la utilidad general.” Así pues, el sujetarse libremente a la ley en beneficio del bien común es fruto personal de formación cívica, sin el cual dejarían de tener sentido social el derecho y la política, bien entendida esta última como ordenamiento de la ciudad en el espacio público para beneficio común de los ciudadanos que la constituyen y construyen. Ahora bien, tanto el derecho como la política, en su correcta interpretación práctica, son el baremo cultural de cualquier sociedad civilizada que sostenga a la democracia como uno de sus valores.
b) La idea filosófica de “decir veraz”, “hablar con franqueza”, o parrhesía.
Es Michel Foucault su principal promotor en el discurso académico reciente. Parrhesía proviene etimológicamente del griego pan rhema, decirlo todo. Así, el “parresiasta es el que dice todo”, pero su decir está impregnado de una carga ética tan fuerte que le obliga a poner en riesgo incluso su propia vida, justo por encaminarse a mostrar lo que se es sin cortapisas: “decir la verdad sin disimulación, ni reserva, ni cláusula de estilo, ni ornamento retórico que pueda cifrarla o enmascararla. A la sazón el ‘decirlo todo’ es: decir la verdad sin ocultar ninguno de sus aspectos, sin esconderla con nada.” Decir la verdad así, como se mencionó, implica riesgos de diversa índole. Uno de ellos es el perder la amistad de aquel a quien se le dicen así las cosas:
Para que haya parrhesía… es menester que el sujeto… corra cierto riesgo, un riesgo que concierne a la relación misma que él mantiene con el destinatario de sus palabras. Para que haya parrhesía es menester que, al decir la verdad, abramos, instauremos o afrontemos el riesgo de ofender al otro, irritarlo, encolerizarlo y suscitar de su parte una serie de conductas que pueden llegar a la más extrema de las violencias. Es pues la verdad, con el riesgo de la violencia.
Los riesgos de la parrhesía son riesgos aceptados de manera consciente por el parresiasta. Es parte del juego mismo de la parrhesía el asumir una suerte de pacto entre quien dice todo y quien todo debe escuchar, a fin de que ambos resurjan como los sujetos éticos que ya son, aunque siempre estén haciéndose. Así, decir veraz la verdad y escucharla con veracidad, constituyen un juego parresiástico puesto en doble primera persona y, por ello mismo, no puede quedarse en el solo discurso ya que, como recuerda Foucault con Séneca, los bellos discursos del juego parresiástico “hay que probarlos en la acción.” Al juego parresiástico inscrito así en un círculo ético de doble responsabilidad (responsabilidad del que dice y responsabilidad del que escucha), bien podemos incorporarlo a la cúspide del desarrollo psico-gen-ético que la escuela piagetiana ubica en el sexto y más noble estadio de desarrollo moral: la autonomía basada en principios éticos universales. Cierto, en la autonomía moral, la ley se ha incorporado a las estructuras psíquicas del individuo de manera tan íntegra e insobornable, que este se reconoce en ella, en la ley, en automático; casi como si fuese su segunda naturaleza, justo como la naturaleza psíquica y cultural de la que el ser humano es logro tributario y que lo construye veraz en ella, en esa naturaleza psíquica y cultural.
Con el instrumental teórico-conceptual anterior y desde dos plataformas (una psicológica y otra filosófica) me he intentado explicar lo que en la práctica ética y política ha venido sucediéndose entre colegas y grupos de colegas en nuestra universidad pública, máxima casa de estudios de nuestro estado, desde hace más de un año. Abogo, junto con quienes conformamos el FUNDA-UABCS, a inaugurar una (no nueva porque ¿cuándo se ha dado?) quizás primera época de entereza ética que permita, a su vez, acercarnos a una auténtica práctica política en pro de principios y valores universales. Que este sea mi granito de arena.
Transitemos ahora a las condiciones materiales que tenemos en puerta para que esto empiece a ser una realidad.
Como todos sabemos, la Universidad Autónoma de Baja California Sur se ha visto inmersa en una profunda crisis de legalidad al interior de la misma, crisis que se ha resuelto de iure declarando que el Rector legal es el Dr. Carlos Jesús Villavicencio Garayzar, a quien deben de restituirse sus garantías individuales violadas, lo que implica que despache en Rectoría Universitaria a la brevedad.
Además, dichas Garantías se restituyeron con la publicación del Decreto 1960 en el Boletín oficial del Gobierno del Estado número 67 en fecha 13 de diciembre de 2011 en el tomo XXXVIII.
Con lo anterior es clara la verdad legal respecto al Rector de la Universidad Autónoma de Baja California Sur. Sin embargo, también sabemos que al interior de la Universidad se encuentra despachando el C. Gustavo R. Cruz Chávez, ostentándose de manera indebida como Rector universitario.
Ante esta contradicción de la verdad legal con las actividades de las personas que de facto ejercen como autoridades universitarias, se hace necesaria una concordancia tal de las mismas a fin de hacer prevalecer el estado de derecho en nuestro Estado y la autonomía en nuestra Universidad (que no consiste en hacer lo que esta quiera, sino en ejercitar lo que la ley mandata (la suya y la del estado al que se debe)).
Es, pues, de suma importancia que se restituyan de manera pacífica las Garantías a favor del Rector legal de nuestra Universidad. De no ser así, el Estado estaría dejando a la propia Universidad sin sustento jurídico alguno, dando lugar a toda una cascada de posibles ilícitos adicionales, tanto de personas como de oficinas (v.gr. conspiración, ultrajes, violencia de y contra funcionarios e instituciones, ejercicio indebido de servidores públicos, acoso laboral, coalición de servidores públicos, violación de garantías, etc.) que sólo acarrearían, ni más ni menos, una vuelta a la ley de la selva, situación de la que el Estado sería también responsable.
Ante la gravedad de lo que se describe, se hace urgente y necesario instrumentar una transición pacífica entre quienes se ostentan como autoridades universitarias y el Rector legal de la institución, ¿para qué?, ¿por qué?, ¿cómo?:
¿Para qué?...
1.- para el pleno restablecimiento de la legalidad en la Universidad Autónoma de Baja California Sur.
2.- para evitar que se sigan cometiendo ilícitos en flagrancia.
3.- para garantizar que no existan confrontaciones ni violencia.
4.- para que se dé una transición pacífica en la Universidad Autónoma de Baja California Sur.
5.- para que la Universidad ejerza sin incertidumbre institucional sus funciones sustantivas.
¿Por qué?...
1.- porque el auténtico ejercicio de la Autonomía universitaria implica, necesariamente, un apego irrestricto a las sentencias escritas que emanan de la Constitución y sus leyes.
2.- porque el auténtico ejercicio de la parrhesía, en ámbitos universitarios, implica, necesariamente, un apego irrestricto a la ley no escrita de la conciencia moral.
¿Cómo?...
Desde mi óptica, esto puede ocurrir de dos maneras:
a) De manera autónoma y razonable (parrhesía de por medio): entrega-recepción discreta y transparente, decidida por el profesor Cruz con asesoría de abogados sensatos, o
b) De manera heterónoma y forzada: una llamada del gobernador al profesor Cruz a fin de que entregue sus oficinas de manera discreta y transparente (no creo que el Lic. Covarrubias esté dispuesto a correr el riesgo de un juicio político de la Suprema Corte de Justicia de la Nación).
En fin, ¿de qué depende que se dé así o asá? Del grado de autonomía que estemos dispuestos a ejercer como universitarios y del grado de parrhesía que nos mueva como personas. De cualquier manera el resultado será el mismo: la restitución de la legalidad.
Dicho todo lo anterior, me atrevo a reiterar el llamado que hice público en nuestra Universidad, por primera vez, el día Miércoles 30 de noviembre de 2011, hace ya cinco largos meses:
“Por medio de la presente hago un atento llamado a quienes todavía detentan, de facto no de iure, la administración universitaria, a fin de que entreguen sus oficinas a quien, por ley, corresponda. Hacerlo, lo antes posible y de manera decorosa (en lo que todavía cabe) resarcirá un poco de la dignidad perdida en un penoso y largo proceso de ilegalidades plagado, paradójicamente, de abogados.

¿Por qué pido lo anterior? Estoy convencido de que lo que empieza mal, mal termina (más allá de nuestras pequeñas voluntades); y una administración universitaria que empieza torciendo la ley a conveniencia, no puede llevar sino a más de lo mismo: impunidad y desvío de recursos a campañas políticas, en detrimento la calidad en el servicio educativo a nuestros jóvenes estudiantes, razón de ser primera de nuestra institución.
Así pues y a fin de no seguir incrementando la escandalosa cascada de ilegalidades que desde hace [más de] un año se nos ha venido encima, evitémonos más vergüenzas públicas y transitemos como universitarios en el reconocimiento de nuestros errores. Sólo así, quizá, lleguemos algún día a ejercer dignamente nuestra [parresiástica] autonomía.”

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