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lunes, 31 de marzo de 2014

Y en este mismo instante, alguien te deletrea



" Cualquier elogio a Octavio Paz es superfluo a estas alturas de su gloria. Lo que hay que lamentar tanto como su muerte es la interrupción irreparable de un torrente de belleza, reflexión y análisis que saturó de extremo a extremo el siglo XX, y cuya onda expansiva ha de sobrevivirnos por mucho tiempo."

Gabriel García Márquez

Un impactante titular, oloroso a tinta fresca, era el centro de las miradas aquella madrugada de octubre de 1990 en un puesto de periódicos de Las Ramblas de Barcelona.
"Gran triunfo de la lengua española", decía la primera plana de El País, retomando una frase de Camilo José Cela, para dar cuenta de la conquista del premio Nobel de Literatura por el "gran poeta mexicano" Octavio Paz.
Las generosas uvas del Rioja, recolectadas en una velada con un grupo de amigos del taller literario Casco Viejo, en el bar La Opera, reciclaron sus mediterráneas potencias tutelares y una inédita euforia nos invadió en pleno corazón festivo de la orgullosa Catalunya, el bastión más europeo y europeísta(término en boga) de la Península ibérica.
Entre las miserias del racismo y la actitud vergonzante de España, "la madrastra", hacia su herencia americana; entre la imagen desastrosa de una mexicanidad sinónimo de corrupción política, aquel "triunfo de la lengua española" a través de un poeta mexicano, le daba un nuevo sentido al periplo europeo del "sudaca" (apócope peyorativo de sudamericano) en aquellos años de aceleramiento histórico, de la caída del muro de Berlín y la guerra del Golfo; de perestroika, glasnot, nuevos "líderes morales" de Occidente y revuelta de los nacionalismos.
De nuevo Paz, Octavio, el maestro, iluminando vastas zonas de nuestro tiempo, de un siglo que había sido tumba de vanguardias y esperanzas y que amenazaba con poner un punto y aparte al cuento de la Historia y las ideologías, replanteando la interrogación de Dante: "¿Se han acaso cerrado las puertas del futuro?".
Octavio Paz, poético, poderoso nombre (resumen de toda una "civilización", diría Juan Villoro) pronunciado por todas las lenguas europeas, en todos los idiomas de la Aldea Global, bajo la escarcha de la madrugada catalana; ahí, a unos pasos de la dionisiaca Plaza Real, hermana de la no menos reventada Plaza Garibaldi.
¿No era acaso la lengua la patria verdadera?
Paz: el poeta de la obra monumental, objeto de las lecturas iniciáticas en los años de la prepa bajo la guía intelectual del sabio todasanteño (Todos Santos BCS), Alberto Arnaut, el amigo que por primera vez puso en nuestras manos obras clásicas como "Los hijos del Limo", "El Arco y la Lira", "Las peras del olmo", "Bajo tu clara sombra"...

El mismo "Virgilio" que ya en la ciudad de México, a principios de los años setenta, nos invitarìa a escuchar la palabra viva del poeta que, en 1968, en protesta por la matanza de Taltetolco, había renunciado a la embajada de México en la India, y quien acababa de retornar a México para dictar un ciclo de lecturas y conferencias en el Colegio Nacional.

De aquel primer encuentro con Paz, viene el eco de las palabras del poeta, del hombre comprometido con su tiempo, condenando la aún fresca matanza de San Cosme(10 de julio de 1971), para luego dar paso, ante un auditorio lleno hasta las lámparas, a la lectura de "Himno ente ruinas", con esa naturalidad discursiva de quien habla al oído del cómplice y del confidente; con esa voz matizada por los viajes a través de su tiempo y -cito de nuevo a Villoro- de "las modernidades de todos los tiempos."

"Y en lo alto de la pirámide
los muchachos fumaban mariguana"

Cuento y canto, instinto y reflexión, todo en un solo venero generoso como pocos. Paz: diálogo del hombre hecho de palabras, del hombre de palabra, con su tiempo; puente entre el lenguaje de la historia y el lenguaje de la naturaleza; entre los distintos tiempos mexicanos y las otras constelaciones históricas, políticas y culturales; entre las nuevas generaciones de escritores y otras galaxias literarias y estéticas.
Paz conservó su dignidad poética hasta en sus incursiones temáticas más profanas. A travès del ensayo y el artìculo de fondo, nos reveló una nueva dimensión del fenómeno político, y en una imagen definitiva nos enseñó las entrañas históricas, mitológicas, culturales, del sistema mexicano representado por el binomio PRI-Gobierno: "El Ogro Filántrópico".
Algunas de sus opiniones políticas de los últimos años, no logran empañar la congruencia fundamental de Paz como pensador comprometido con el lenguaje como cifra de sabiduría y espejo que se interroga a sí mismo.
Fue una de las primeras voces en advertir la degeneración del sistema soviético bajo el estalinismo y en anunciar el final del PRI. Ambas posturas le redituaron enemigos en uno y otro bando del espectro político doméstico.
La izquierda cerril llegó a quemar frente a la Embajada e EU en la ciudad de México, la efigie del poeta junto a la de Reagan, en respuesta a las advertencias de Paz sobre las desviaciones autoritarias del gobierno sandinista de Nicaragua.
La misma izquierda que, a la vuelta de los años, disfrazada de “vanguardia democrática” se llenaría la bocaza repitiendo como suyo el término "pluralidad", introducido por Paz al fundar la revista Plural(antecesora de Vuelta) bajo los auspicios del Excèlsior de Scherer, en los años setenta.

Si bien, como dice Krauze, Paz saludó como un acto de justicia histórica la caída del muro de Berlín y el derrumbe del imperio soviético, también advirtió sobre la perversidad intrínseca del sistema neoliberal: el consumo por el consumo, el culto al Mercado, no lleva a ninguna parte; contribuye a ahondar el vacío espiritual de nuestra época.
Por ello, ante esta amenaza de la cosificación y de la usurocracia globalizada, en una reciente visita a Madrid, Paz había recomendado a los políticos europeos y a los líderes morales de Occidente, "leer poesía", porque en la poesía estaban los "secretos de la condición humana".
De los últimos turbulentos tiempos mexicanos, el poeta dijo que el país empezaba a reconocerse, no sin asombro, en su portentosa diversidad: "México ha empezado a dialogar consigo mismo." En el caso de Chiapas, Paz reconoció el poder de la guerrilla literaria de Marcos, sin dejar de condenar la violencia como vía del cambio.

Y en aquel amanecer barcelonés siguieron brotando las imágenes de mi muy personal iconografía paciana: Paz en el Colegio Nacional, asistiendo a un ciclo de conferencias de su amigo Carlos Fuentes; Paz, negándose a bailar con Verónica Volkow en la batucada final del Festival Internacional de Poseía celebrado en la sala Nezahualcóyotl; Paz, con varios libros apretados contra su corazón, conversando con un grupo de jóvenes poetas en la librería de Bellas Artes; Paz, defendiendo su estirpe poética durante la celebración de sus 70 aniversario: "Dicen que el poeta es tan vanidoso como los toreros y los boxeadores. Pero en realidad el poeta es el ser más humilde de la creación, pues habla por los que no tienen voz y se sabe tan sólo un momento en el río de la tradición"; Paz, en busca de un huidizo whisky la noche final de su tumultuoso homenaje en el Palacio de Minería:
"Estas son las extravagancias”; Paz, el eventual compañero de página en el suplemento cultural de Novedades, y el maestro interesado en la obra de los jóvenes.

¿Que Paz no era infalible y que sus ideas eran muy discutibles?

“Desde luego que sí”, respondió Fernando Savater en los días posteriores a la conquista del Nobel por el autor de Piedra de Sol: "Si sus ideas no fueran discutibles no fuera un intelectual, sino un Dios".
Y Octavio Paz, quizás el más grande poeta vivo en todas las lenguas antes de las 10 30 de la noche del domingo 18 de abril de 1998, fue ante todo un hombre:

"Soy hombre, duro poco
Y es enorme la noche
Pero miro hacia arriba:
Las estrellas escriben
Sin entender comprendo:
También soy escritura
y en este mimo instante
alguien me deletrea".

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