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sábado, 1 de junio de 2013

AYER MURIÓ DON JUANITO CUEVAS...



"Por este malecón pasaban John y Ron, dos vaqueros de Hollywood, casi desnudos, sin que nadie les pidiera un autógrafo. Venían a a veces a comprarle carnada a los Cuevas del Pardito, mis vecinos..."

Así comienza uno de tantos textos de mi autoría en los que aparece la familia Cuevas, un clan de pescadores, y su patriarca Don Juan Cuevas, el padre(amigo de mi abuelo, fallecido en los 80) y don Juanito, el heredero, el mayor de alrededor de treinta hijos del señor de la Isla del Pardito("¿Con la misma don Juanito? Sí, con la misma pero con distintas"), situada al norte de la Bahía de La Paz.

Hoy, ayer,  recibimos la triste noticia de la muerte de Don Juanito hijo, mi amigo y vecino por  tantos años en el malecón sin que jamás tuviéramos el más mínimo conflicto o incidente desagradable. Ni cuando la barda de ladrillo que nos separaba, se derrumbó carcomida por el salitre, y nuestros patios se unieron y confabularon.  .

 Los Cuevas fue la última familia de pescadores locales que permaneció  aferrada a su solar nativo hasta hace unos cuantos años.

Cómo olvidar aquellos días de fiesta cuando los Cuevas atracaban con las pangas rebosantes  de regreso de la Isla, y sus mujeres y niños cruzaban el malecón y bajaban a la playa a recibirlos, y a compartir los vasos de sangre de tiburón chiquito, de angelito,  que se empinaban con un poco de sal y limón, cuando no se prendían del chorro que brotaba   del animal destazado en la orilla.  .
Y en  la amplia  terraza de su casa empezaba la música, la bacanal y el banquete de almejas chocolatas , callos de hacha, y guisos de pargos, meros, cochitos , caguamas, entre otras especies propias del Acuario del Mundo.  

Y la figura de don Juanito presidiendo el ritual:  moreno, fornido, de  enormes manos curtidas, firme como estatua  sobre sus huaraches de cuero, pantalón de mezclilla y camisa caqui.
Un hombre de aspecto duro con alma de niño, generoso, que no se quejaba de nada.

Ni de los miserables politiquillos que iban a pedirle su "apoyo" cada "coyuntura electoral" y jamás regresaban a cumplir sus promesas.

Como al resto de las familia de pescadores ribereños del puerto, el mar les dio para vivir sin hambres a lo treintaytantos hermanos y sus respectivas familias,pero sin mayores expectativas mas que la del consabido motorcito fuera de borda allá cada seis años, a cambio del voto y permitir que el muro de su casa  que daba al malecón fuera pintado con los colores del PRI y luego del PRD.

Ni los dioses ni los hombres le debían nada, pues desde su  terraza maleconera tuvo el privilegio de ver pasar la vida del puerto con sus tempestades, carnavales, caravanas presidenciales, desfiles cívicos, marchas políticas, y visitas de personajes de leyenda como Su Majestad, Isabel de Inglaterra.

Tenía muchos años sin ver a don Juanito Cuevas. Conservaba su imagen soterrada en los más íntimos pliegues de la memoria afectiva, del corazón.

Lo veo ahora regresar del Pardito, cruzar el malecón y extenderme aquella manaza especialmente diseñada para aplacar bestias marinas, y preguntarme a guisa de saludo cuándo me iba a animar a ir a pasar unos días a su isla.
 
Cuánto lamento no haberle tomado la palabra.

Sigo sin conocer la Isla del Pardito, la Isla de los Cuevas, pero no será por mucho tiempo.

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