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viernes, 5 de julio de 2013

KOLYA



Alejandro Alvarez

Kolya (1996), largometraje checo de Zdenek Sverk que obtuvo en su tiempo distintos premios, es considerado uno de los mejores filmes europeos de esa década.
La historia se desarrolla en Checoslovaquia durante la ocupación rusa en la agonía del “socialismo real”. Frantisek, un destacado músico checo, acosado por la dictadura de su gobierno, además apuntalada por el ejército invasor, es corrido de la orquesta donde trabajaba acusado de “sospechoso político”. Esto lo lleva a vivir tocando su instrumento, el violoncelo, en funerales y dando algunas clases. La crisis económica lo ahoga y acepta casarse con una música rusa a cambio de lo cual recibirá una cantidad de dinero. La rusa, también sofocada por el clima político de su país, toma su paso por Checoslovaquia y la boda arreglada como estratagema para escapar a Alemania  Occidental dejando a su hijo Kolya, de cinco años de edad, bajo el cuidado de su abuela. Al poco tiempo la abuela muere y envían a Kolya con Frantisek, quien formal y legalmente ya era su padre. Éste busca en principio dejar a Kolya al cuidado de una institución estatal y así empieza la relación entre ellos.
En la investigación de la huida de la mujer rusa la policía checa amenaza a Frantisek con acusarlo de complicidad y encarcelarlo si no declara las condiciones en que se dio su matrimonio con ella. Para entonces el acercamiento entre Frantisek y Kolya ha llevado a un gran cariño entre el músico y el pequeño hijastro. Ante el peligro de que los separen escapan hacia un alejado rincón de la provincia checa donde un amigo del músico le da protección y ofrece trabajo en la banda musical del pueblo. En esas andaban cuando derriban a la dictadura comunista y expulsan a los rusos. Entonces Frantisek puede regresar a Praga donde finalmente devuelve a Kolya con su madre.
La historia tiene escenas conmovedoras. En un momento Kolya se extravía en el metro de Praga. El músico y el pequeño, cada uno por su parte, pasan momentos de angustia tratando de reencontrarse. En otra ocasión, ya entrada la noche, Kolya no concilia el sueño y Frantisek recuerda a una amiga prostituta que ha aprendido ruso por sus necesidades laborales –la ocupación del ejército, su clientela– y la llama por teléfono para que le cuente a Kolya un cuento infantil en ruso, la lengua del niño. Así, con el teléfono en el oído queda Kolya sumido en un profundo sueño. Una escena impactante por su vigencia, es aquella donde miles de checos festejan ruidosamente en la plaza de Praga la caída del gobierno. Frantisek, con Kolya encaramado en sus hombros, alcanza a identificar y reconocer entre los entusiastas manifestantes a los mismos policías que lo habían amenazado tiempo atrás con motivo del caso de Kolya y su matrimonio con la rusa. La policía de la dictadura checa ya se transmutaba para continuar en la burocracia política gobernante siguiente.  El viejo aparato y los políticos de “viejo régimen” se sacuden el polvo, se maquillan un poco y salen a la calle a festejar la “transición democrática”.  ¿En dónde se ha visto eso antes?

Se puede encontrar este largometraje en las tiendas de alquiler y venta de películas de la localidad. Véala.

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