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lunes, 14 de octubre de 2013

LA COMPLEJA EQUIDAD DE GÉNERO


Alejandro Álvarez

Confieso de entrada que desde principios de la década pasada cuando  las entonces encumbradas Rosario Robles, Martha Sahagún y Elba Esther Gordillo se aliaron para demandar equidad de género se me prendieron las luces de alerta sobre este asunto. El trío se paseó cuanto pudo acaparando los reflectores cantando a coro el “empoderamiento de las mujeres” en la política nacional y en general en todos los ámbitos de la vida cotidiana. Algo falló en la causa enarbolada. Rosario Robles fue aparentemente víctima del amor y engarzó su liderazgo perredista con los negocios de su novio y las entregas de millones de pesos ilegalmente que este galán hizo a prominentes miembros del incorruptible PRD a cambio de contratos para el gobierno del DF. Lógicamente sus camaradas y camarados la desconocieron y desahuciaron. El PRI tomó los despojos de esta pobre mujer y para atender a su necesidad de empoderamiento la instaló en la Sedesol desde donde despacha ahora. Martha Sahagún se hizo famosa por sus aires de emperatriz al organizar fastuosas recepciones en el Palacio de Chapultepec, aunque el burdito de Vicente Fox rompía el encanto cuando le chiflaba para llamarla como a un perro o a uno de sus caballos. De lo que no queda duda es que los verdaderamente empoderados fueron sus hijos (Manuel y Jorge Alberto Bribiesca Sahagún) a quienes enriqueció enormemente. Para Elba Esther Gordillo todo iba muy bien en eso del empoderamiento con sus mansiones y cuentas bancarias en varios países, tenía su partido político personal (Nueva Alianza) y era líder vitalicia de los maestros hasta que se le ocurrió hacérsela de tos al meramente Enrique Peña. El empoderamiento lo ejerce ahora en una celda del Centro Femenil de Readaptación Social de Tepepan. Algo pasó a las tres amiguitas, que por cierto no se les ve ya juntas por ninguna parte. Desde aquellos primeros años del sueño no logrado –o malogrado– es que le pongo una interrogante a quienes desde el poder dicen ir a la vanguardia de la equidad de género. A nivel de la normatividad electoral vigente  los partidos están obligados a integrar sus listas de candidatos a diputados y senadores con un mínimo de 40 por ciento de mujeres o para ser más precisos las listas de sus aspirantes a las cámaras legislativas deben tener el 40 por ciento de “personas de un mismo género”; es importante la precisión como se verá más adelante. Esta disposición ha tenido penosos desenlaces al observarse que varias diputadas electas –de diferentes partidos– han renunciado para que sus suplentes, hombres, ocupen la curul. Tramposa forma de birlar la “cuota de género”. Pillines y pillinas cómplices.
Ahora, en el marco del 60 aniversario del voto de las mujeres en México el presidente Peña Nieto no se quiere quedar atrás y enviará al Congreso de la Unión una reforma al Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales para que los partidos políticos pongan a mujeres en el 50 por ciento de las candidaturas para diputados federales y senadores como una forma de profundizar en las políticas de equidad de género. Muy bien, pero ahora viene lo interesante  ¿sólo existen el género masculino y femenino en el mundo? Es decir, un política de equidad de género y cuotas de género significa que se reparta el pastel entre hombres y mujeres? La cuestión es mucho más compleja si de lo que se trata es de repartir el poder con equidad de género. Veamos.
En Alemania se acaba de aprobar una ley mediante la cual los padres podrán decidir legalmente para sus hijos entre tres posibles géneros al nacer: masculino, femenino e indeterminado. Con más frecuencia de la que se piensa los padres enfrentan la necesidad de decidir sobre el sexo de su bebé cuando éste no está plenamente definido. La nueva legislación alemana reconoce la existencia de un género indeterminado para que posteriormente el individuo elija su identidad sexual y se someta, si lo desea, a las operaciones pertinentes. Ya antes Australia había reconocido la intersexualidad como un género aparte en documentos legales. En el mismo sentido Suecia anunció  el año pasado la incorporación de un nuevo pronombre de género neutro (Hen) que se une a los pronombres él (Han) y ella (Hon).
La cuestión no acaba ahí. En su más reciente Marcha del orgullo gay la organización conocida como Colectivo lésbico, gay, bisexual, transgénero, transexual e intersexual (CLGBTTI) exhibió como parte de sus planteamientos que: “Sin homosexuales, no hay democracia”, “Igualdad entre homosexuales y heterosexuales”. El espacio de este artículo no permite entrar en el detalle de las variantes de la homosexualidad para dimensionar la complejidad de lo que sería una radical visión de la equidad de género pero el mismo título del nombre del colectivo ya da una idea.
Por último, en un hecho inusitado hace muy poco se dio la nota de que en Fresnillo, Zacatecas, tomará posesión Benjamín Medrano Quezada, primer edil homosexual o al menos que de forma abierta se asume– y que fue postulado por el PRI, esto sin que opere una cuota de género para estos casos específicos.
Seguramente la iniciativa de Peña Nieto será respaldada y aprobada de manera unánime porque se inscribe dentro de lo “políticamente correcto” aunque se siga soslayando la complejidad del concepto de género y su representación equitativa en las nominaciones de representación popular en lo particular y en el ejercicio del poder en general.



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