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lunes, 10 de febrero de 2014

CAMPBELL EN EL BOX

Hace dos o tres años, el cierre del Filnor coincidió con un evento deportivo que paralizó la ciudad de Tijuana: la pelea entre el tijuanense Antonio Margarito y el Filipino Manny Pacquiao. 

La fiesta de clausura preparada por la bella amiga, Mara Maciel ,fue desairada y prestos algunos escritores, con Federico Campbell a la cabeza, cruzamos el bulevar de los Héroes en busca de un sitio en Plaza Fiesta donde ver la pelea. 

Qué ilusos. La plaza estaba ya tomada( en el doble sentido del término), al igual que los sitios aledaños.¿Qué hacer? Decidimos abordar un taxi que nos condujera al hotel Hacienda donde en el bar seguramente estarían sintonizando el electrizante pleito. 

Así era pero, increíblemente en una ciudad fronteriza como Tj, en una tv de bulbos con muchos achaques. No sé cómo le hicimos pero nos colamos todos: Trujillo, los Sarabia Bros, Quemain, Ortega, Chaidez, Bibliorock, el culuchi Ibarra...

 Me tocó sentarme a un lado de Campbell y compartir con él drama y  tragedia de Margarito. No me imaginaba a Federico como aficionado al boxeo, y me sorprendió su plena y total entrega, compenetración con la pelea, pero sobre todo con la causa de uno de los suyos, del brother de la Zona Norte, del hommie que recibía la paliza de su vida. 

Sin darse cuenta el autor de La invención del poder, se ponía de pie con el rostro demudado por la carnicería, sintiendo cada golpe en carne propia, pero sin jamás perder la esperanza de un vuelco en la historia. 

Un niño encantador que preguntaba:«Le pegó¿ verdad? ¿ Fue un gancho o un volado?"


Inolvidable, agridulce velada de la que dejamos constancia en el suplemento de El mexicano, Identidad, heredad del superprofe Vizcaíno, rescatada por el amigo Jaime Chaidez

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