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viernes, 28 de febrero de 2014

MEXICO EN SOCHI


Alejandro Álvarez

Para los que no lo sepan México estuvo representado en los pasados Juegos Olímpicos de Invierno en la ciudad de Sochi, Rusia. La delegación estuvo integrada por un solo individuo el señor Hubertus von Honenlohe, alias el Príncipe, que compitió en la modalidad de slalom. Su apodo no es una vacilada porque deriva de que es descendiente de un lejano principado europeo. Su padre, el príncipe Alfonso von Hohenlohe-Langenburg, fue descendiente de Württemberg, un antiguo reino de la actual Alemania. Que un miembro de la realeza represente a una república no debe ser motivo de escándalo, es  bueno recordar aquí que transitamos  por una intensa y fructífera globalización. Huberto –llamémosle así, con familiaridad, a nuestro “paisano”- como credencial del país que representaba presentó un abdomen que denotaba una indudable afición y gusto por el tamal, el atole, la memela, los sopes y los tacos de cabeza (no empiecen con sus majaderías). En la foto de abajo pueden admirar la famosa arquitectura de una cintura de boiler “Made in México”. Y como sello de confirmación nacional su casaca deportiva fue un modelo holliwoodense de traje de charro que recuerda a aquellos personajes que aparecían en la serie de El Zorro de los sesentas del siglo pasado. Sólo le faltó el sombrerito de ala ancha.
Al iniciar los juegos Huberto declaró que eran dos sus objetivos en la contienda, uno, ser el deportista de mayor edad en toda la historia de los juegos invernales y, dos, estar entre los primeros 40 de su modalidad. El primero casi lo logra porque a sus 55 años no había nadie que se le aproximara ni de lejos, pero se enteró después que el sueco Carl August Kronlund, quien practicaba el curling y obtuvo la medalla de plata en los Juegos de 1924, en Chamonix, lo superaba como el deportista más viejo que participó en los Juegos Olímpicos de Invierno, al haberlo hecho hasta los 58 años de edad. El segundo objetivo también se le escapó al caer aparatosamente a menos de un minuto de haber iniciado su recorrido. Al final declaró: “Fue una pena que me caí. La pista fue complicada, el trazado con la combinación de la pista y la nieve, impidieron a los competidores tener un buen descenso”. Hágame el favor, con que la nieve es un problema en los juegos de invierno. Parece que no estaba enterado que la competencia era sobre nieve y que el trazo es con muchas curvas. Lástima, los jueces lo descalificaron.
Pero no nos achicopalemos Lo importante es que el lábaro patrio ondeó en Rusia. Pese a todo se llevó un rutilante e inobjetable triunfo: fue designado el deportista más "carismático" de la prestigiada olimpiada, eufemismo para calificar al más grotesco y ridículo.  Pa' vergüenzas no gana uno, de veras.


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