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domingo, 21 de diciembre de 2008

LA HORA INFELIZ: EL CIERRE DE LA NOCHE MEXICANA.../DE MILENIO DIARIO..







foto: Mónica González



Entre cierres y alcoholímetros


¡No beberás…! después de las tres de la mañana en antros y centros nocturnos, estipula el nuevo mandamiento legal imperante en la Ciudad de México.

2008-12-21•México

La aprobación de la Ley de Establecimientos Mercantiles por el pleno de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal (ALDF) convierte a la Ciudad de México en una de las más conservadoras del país. La norma, aprobada el 3 de diciembre, prohíbe la “barra libre” y controla el horario de operación y venta de alcohol en bares, antros, discotecas, cantinas, cervecerías y centros nocturnos. De acuerdo con la nueva ley, el horario de actividades de los giros negros en la capital de la República será de jueves a sábado de once de la mañana a tres de la madrugada; y de domingo a miércoles de once de la mañana a dos de la madrugada del día siguiente. Los clientes deberán ser avisados cuando menos media hora antes del cierre del lugar para suspender la venta de bebidas alcohólicas.
El incremento del alcoholismo entre los jóvenes, la proliferación de bebidas alcohólicas de mala calidad y los accidentes automovilísticos causados por conductores en estado de ebriedad son algunos de los argumentos de los asambleístas para decretar la medida con la que también desaparecerán la “barra libre”, “la hora del amigo” y “la hora feliz”. Asimismo, la Ley vuelve obligatoria la expedición de condones en los antros.
Con esta legislación la Ciudad de México retrocede a los tiempos del Regente de Hierro, Ernesto P. Uruchurtu, quien —escribe Rafael Pérez Gay— “clausuró la noche mexicana, cerró cientos de cabarés y confinó a la prostitución a los límites oscuros de la clandestinidad con una extraña obsesión por la decencia”.
La clandestinidad y la corrupción son los principales peligros de la Ley de Establecimientos Mercantiles; en una ciudad como el Distrito Federal será difícil tener suficientes inspectores, y habría que ver cuántos de los que hay resultan inmunes al soborno. Causa extrañeza en una ciudad regida por la izquierda la entrada en vigor de una ley equiparable a la de sitios tan conservadores como Hermosillo, Querétaro y Mérida, y muy lejana de la que se aplica en Guadalajara, Acapulco y Cancún.Mérida, adiós a los afters
Después de una serie de eventos que cobraron la vida de varios jóvenes por excesos en el consumo de alcohol y otras sustancias, el gobierno yucateco decretó la extinción de los llamados afters. El Decreto 766, emitido el 8 de junio de 2007 por el entonces gobernador Patricio Patrón Laviada, actual titular de la Profepa, derivó en la Ley de Prevención de las Adicciones y consumo de alcohol y tabaco en el Estado de Yucatán, donde se ha estipulado el cierre de establecimientos mercantiles con venta de bebidas alcohólicas hasta antes de las 3:30 de la madrugada.
Esa Ley considera a los dueños de establecimientos mercantiles de Yucatán, “Responsables Solidarios” en caso de que alguno de sus clientes cause algún daño posterior, como un accidente automovilístico. Podrán librarse “sólo si el dueño del negocio facilita servicio de transporte alternativo, por su propia cuenta, a fin de trasladar a todas las personas que hayan consumido en exceso bebidas alcohólicas”, informó la representante del Partido Nueva Alianza en coalición con Acción Nacional, Carlota Emilia Storey Montalvo, también presidenta de la Comisión de Salud del Congreso de Yucatán.
Otras medidas aplicadas en Yucatán son la utilización de mecanismos verificadores y la impartición de cursos de capacitación al personal de los establecimientos. En primer lugar, todos los consumidores de bebidas alcohólicas deberán ser personas mayores de edad. Queda estrictamente prohibida la venta de alcohol a personas con discapacidad mental, en evidente estado de ebriedad y a menores de edad. Tampoco se puede comerciar con bebidas adulteradas, contaminadas o con una proporción de alcohol mayor a onza y media en el caso de bebidas compuestas en vasos de diez a 12 onzas.Tijuana, Hermosillo, Querétaro y Toluca
En Tijuana, los bares y cantinas deben cerrar sus puertas al filo de las tres de la madrugada (no estaría de más saber quién atiende esta disposición en una de las ciudades más permisivas del país) y la “barra libre” está prohibida. En Hermosillo también está prohibida la “barra libre” o cualquier modalidad de ésta y, por ley, los bares y cantinas cierran a las dos de la mañana.
Una reforma al Código del Municipio de Querétaro estableció, en diciembre de 2005, el horario de centros nocturnos, cafés cantantes y bares de las cero horas a las tres de la mañana, de lunes a sábado; una hora antes debe cerrarse la barra. En Querétaro, la Ley de Almacenaje y Porteo de bebidas alcohólicas prohíbe las promociones en envase abierto o por copeo cuando impliquen ofertas o descuentos mediante la denominada “barra libre”; asimismo, están prohibidos los concursos que induzcan al consumo de bebidas alcohólicas o proporcionar a los clientes recipientes de cualquier clase o material que facilite a éstos la transportación de bebidas alcohólicas hacia el exterior del establecimiento.

Foto: cuartoscuro.com
El caso de Toluca difiere un poco de los anteriores. La venta y consumo de alcohol en lugares públicos es autorizado exclusivamente por las autoridades, pero cada año es posible modificar los reglamentos a través de sus bandos municipales. Desde hace tres años, la mayoría de los establecimientos tiene prohibida la “barra libre” y la organización de concursos donde los premios sean bebidas alcohólicas; también está prohibido vender alcohol a personas en avanzado estado de ebriedad. Los castigos por violar el reglamento son una multa o el retiro de la licencia. Los horarios para la venta de alcohol por copeo varían en cada municipio, aunque el límite se establece entre las dos y tres de la madrugada. Se considera una bebida alcohólica aquella que rebase los 12 o 13 grados de alcohol. En Toluca, uno de los municipios con mayor actividad nocturna, también se utiliza el dispositivo del alcoholímetro. A los infractores se les multará o serán sometidos a un arresto administrativo según la gravedad del caso.Guadalajara y Zapopan
Luego de varios años de desencuentros, las ciudades de Zapopan y Guadalajara acordaron un sistema escalonado de horarios de cierre. Los restaurantes cierran a la una, los bares a las tres y los centros nocturnos a las cinco de la madrugada. El costo de las licencias varía dependiendo de la zona de ubicación y tamaño del local. Los negocios están obligados a avisar a sus clientes media hora antes de cerrar y deberán encender las luces veinte minutos antes. Le verificación en el cumplimiento de los horarios seguirá a cargo de los inspectores municipales. En el caso particular de Zapopan, el Ayuntamiento prohibió las “barras libres” por considerarlas peligrosas para sus consumidores por la supuesta adulteración de bebidas alcohólicas y por favorecer el consumo de alcohol en exceso. Este anuncio fue hecho por el Oficial Mayor de Padrón y Licencias, Diego Monraz Villaseñor, desde marzo de 2001.Acapulco
En Acapulco se defienden como gatos boca arriba. Allí, los centros nocturnos, bares y discotecas operan de las diez de la noche hasta las cinco de la madrugada, con posibilidad de extender el horario una hora más. Cualquier intento de modificación por parte del poder legislativo, según el director de Reglamentos y Espectáculos del Ayuntamiento porteño, Juan Isidoro Añorve Mejía, violaría la autonomía municipal y privaría a la comuna del ingreso millonario generado por los 32 mil negocios registrados en ese destino turístico; sin contar que en diciembre dos mil de esos establecimientos pagan dos por ciento extra de acuerdo con su licencia refrendada. “En Acapulco los diputados tendrán que tomar en cuenta que es un puerto turístico. Cambiar nuestra reglamentación sería lesivo para el destino, para los propios turistas, los empresarios y las arcas municipales”, dijo el funcionario al referirse a la nueva reglamentación en la Ciudad de México.
Hasta el momento, Acapulco está protegido de ser afectado con modificaciones a los horarios de sus giros negros y blancos gracias a la Ley Orgánica del Municipio, el Bando de Policía y Buen Gobierno y la Ley de Ingresos, cuyos reglamentos datan de 2002. “Soy de la idea de meter mano y reformar el Reglamento de Licencias y Centros Nocturnos para enriquecerlo, poner candados para la ampliación del horario, ser un poco más estricto, pero quitarlo (en Acapulco) lesionaría tanto a los ingresos del municipio como a nuestros visitantes y empresarios. En ocasiones, los clientes llegan a las tres de la mañana y se quedan hasta la seis de la mañana. Será decisión de los diputados autorizar o quitar estas atribuciones”.Cancún
De acuerdo con el Artículo 502 del Bando de Policía y Buen Gobierno: “La venta y consumo al pormenor o por copeo de bebidas alcohólicas deberá realizarse en los locales especiales destinados expresamente para este objeto, de conformidad con las modalidades, zonas y horarios siguientes: dentro del territorio municipal, de lunes a sábado de 10:00 a 22:00 horas; domingos de 10:00 a 17:00 horas”. En la zona turística, toda la semana de nueve de la mañana a cuatro de la madrugada. En el municipio, el Bando de Policía restringe la venta de cervezas los domingos. La venta de vinos y licores en supermercados será libre durante los horarios de estos comercios, que en temporadas altas funcionan 24 horas; se aplica lo mismo a las tiendas de conveniencia Oxxo y Extra, que también funcionan día y noche toda la semana.

Foto: shutterstock.com
Aunque la venta y consumo de bebidas alcohólicas está reglamentada por la normatividad municipal, la norma de todos los ayuntamientos (desde los encabezados por Magaly Achach, Juan Ignacio El Chacho García Zalvidea, Carlos Canabal Ruiz y Francisco Alor Quezada) ha sido ser “consecuentes con el turismo”. Este criterio ha propiciado el arribo masivo de springbreakers en Semana Santa. En Cancún, todo está permitido. Los hoteles son organizadores de concursos de bebedores de cerveza, campeonatos de tomadores de tequila, concursos de baile con playeras mojadas (wetshirt contest), competencias de biquinis, concursos de la tanga más sexy, y competencias de piernas y pechos calientes (hot-legs y breast-sexy contest). Los ganadores son premiados con botellas, vales para tragos o certificados para consumo libre; los más audaces terminan protagonizando programas transmitidos por MTV o E! Entertainment Wild, en su segmento de diversiones salvajes.(Con información de Claudia Hidalgo, Daniel Barquet, José Juan Delgado Alemán, Iván Pedraza, Estrella Álvarez, Luis Miguel González).

Y en Monterrey...


Tour de saliva

Dos hombres, un camino: supervisar los teibols de Monterrey en un acto tan flagelante como autocomplaciente. Un ejercicio de periodismo gonzo. Quien se abisme en estas líneas, deje aquí toda esperanza.
Es sábado. Me encuentro en Monterrey acompañado de Luis El Cabrito Valdez, el mejor escritor joven de Nuevo León, autor de Territorio de leones con gastritis y Confesiones de un travesti comunista. Nos disponemos a realizar un tour de saliva: recorrer la mayor cantidad de teibols de las diez de la noche a las seis de la madrugada. Porque Monterrey es el paraíso. La ciudad cuenta con 217 giros negros sólo en el área metropolitana. El precio estándar del cover es de diez pesos los fines de semana. La cerveza sale bara, a dieciséis pesos cada una si pides cubetazo. Además existe un beneficio que el cliente de otras partes del país no goza: el de tentalear a las morras. Amacizar un buen trozo no está penado. Incluso puedes llegarle al más allá, dependiendo del ánimo de la niña.
Nuestra gira inicia en el Infinito, ubicado en la apoteósica calle Villagrán, epicentro de la pista regia. Para todos aquellos que han estado en la luna los últimos siete años, el Infinito es un antro mítico, catedralicio, tradicional. Toda expedición decente debe comenzar en el “Infinitum”. Se trata de mi tugurio favorito. Visita obligada para mis huesos siempre que piso la capital norteña.
En lugar de toparnos con la tediosa y estudiada rutina de encuerarse al ritmo de “Sweet Dreams” versión Marylin Manson, entramos directo al hardcore. En la pista 1, descalza, una bailarina morritita anda bien tacha y desnuda. Está entre los dieciocho y los veinte mil varos, aunque tal vez trabaje de noche para pagarse la carrera de comunicación en la uni. Bien picosa. Se regala a la raza y permite que le practiquen el saqueo quirúrgico: parece que estamos en el mostrador de carnes de Soriana. La plebe pide retazo, cocido, librillo, manzana, lomo, pancita, cachete. La morra carga de todo: recuesta a los batos sobre la pista y los empuja a que le practiquen sexo oral. Ni cuando los tortibonos se aperraba tanto la turba.
Guillermo Fadanelli dice que pedir una beca para escritores es formarse en una fila para recibir una limosna. De la misma forma, Cabrito y yo misereamos un filete de la teibolerita del amor. El banquete se prolonga sólo veinte minutos. ¡Tsuuuu!, exclama la raza. Ojalá que le vaya bonito: abren paso a la pista “muerta”. El baile cede a la oferta de “privados”. Tres por cincuenta. Es hora de movernos.
Nuestra siguiente parada es el Rancho Loco, ubicado en Arteaga y Álvarez. La atracción: sexo en vivo. Por cincuenta varos que le armamos al mesero conseguimos primera fila. En la pista, al beat de “Womanizer”,nuevo single de Breatney Spears, un morrito de la Indepe cabalga a una bailarina de unos treinta y dos años. Hay rechifla y exclamaciones. “Vaquero, vaquero”, le gritan al compa, que responde: “Pura Indepe colombiana”. Todo termina con un “échenles agua”.
La próxima en subir al escenario es una chaparrita culona con el pelo del color de los azabaches que salen en las películas de Antonio Aguilar. El dj la presenta como Scarlett. “Quién se anima”, pregunta desde el micro. El primero en apuntarse es El Cabrito. Cliente distinguido de la casa. Uno de los guaruras, como un réferi de boxeo, le advierte que no se permiten golpes bajos. “No te bañes. Quieto. La morra se aventará el jale”. Está bien puesto El Cabro. Pero antes de subir algún polo-polo local grita que el bato que está en la mesa frente a él es virgen. Lo trepan rápidamente. “¡Yuju!”, suelta El Cabrito; chale. Se agüita de limón. Mejor vamos a caerle, me dice. Sobrex.

Foto: Sáshenka Gutiérrez / cuartoscuro.com

Cerca de la una de la madrugada, la noche cae en una fase lenta. Quemamos casi tres horas en el Matehuala, Bernardo Reyes esquina con Madero. Mi segundo lugar favorito después del Infinito. En el “Mate” me puedo quedar toda la vida hipnotizado viendo el desfile de operadas. Brincamos al Poisson, Zaragoza y Modesto Arreola. La calidad de la carne se acerca al ISO 9000; sin embargo, el ambiente está bien fresa. Las chicas, demasiado estilizadas, no se desvisten por completo. Más que teibol parece una transmisión soft porno de Bailando por un sueño. Regresamos de inmediato a lo rudo. A Villagrán. Directito al Givenchy (antes La Negrita).
Hay tres pistas. Una mega y dos esquineras, ocupadas por una sola dancer. Nos afanamos a una rinconera. La rola se termina y la chica recoge su calzón sudado. Se me sienta en las piernas. “Me invitas una copa”, pregunta. “Abuelita, soy tu nieto”, respondo. “Vámonos a un privado”, insiste. Llegan los tragos. Una copa de noséqué para ella; el típico menjurje, que les sirven sólo a las teiboleras, que jamás las pone pedas. Pa’mí un whisky. “Pérame tantito, voy a refrescarme”, me indica y se levanta moviendo encantadoramente las nalguitas rumbo a los vestidores.
A los cinco minutos se deja caer un compi que me exige 200 varos. “Ah chinga, no que era gratis”. “Nel. Hay que pagar” “Pero si la ruca me dijo que no me cobraba”, respondí. “Eso es pedo entre ustedes, de la soda es un sor juana. Liset dijo que le pichaste la coca”. Ajá. La morra me embarca con merca. “No, yo jamás le mencioné eso”. “O pagas o te sacamos a putazos”, me dice el guarura. Con todo mi guarrito glamour en la boca digo: “Putazos”. Pero antes de que me toquen el jarabe tapatío muestro el billete. A empujones me sacan del lugar. Luis me alcanza afuera.
Son las cinco de la mañana. Rematamos a media cuadra, en el Partenón. El Cabrito se adelanta hacia la pista mientras yo entro al baño. Me desabrocho el botonerío del Levis y es entonces cuando me percato de dos compas que están a mi lado fumando tremendos piedrones en latas de Tecate light improvisadas como pipas. Ni me pelan. Entre bocanada y bocanada hablan sobre el refuerzo del Santos para la liguilla: Cuauhtémoc Blanco. Lo siento, es tema nacional. De repente, veo los botes desparecer, seguidos de un “¡quién chingaos les dijo que podían fumar aquí!”. Los guarros de la puerta, siempre parejeros, nos sacan a madrazos a los tres. Me resisto y con la punta de la bota me arriman un patadón marca llorarás. Ya en la banqueta, no la hago de jamón. La neta me sale bara. Si me pongo flamenco, pueden aventarme la ley y voy a parar en el tambo con el cargo de toxicómano.
Poquito antes de las seis volvemos a donde comenzamos, al Infinito. Cuando nos corren compramos un Levitra de veinte miligramos, lo dividimos en dos y le llegamos a una sala de masaje, de ciento cincuenta por media hora. Para concluir el recorrido, nos metemos al Sabino Gordo, Villagrán again, una cantina que no cierra nunca. Pedimos un cubetazo y entre fachos de cheve dormitamos de pie, como los pollitos, hasta las doce. A las dos del día salimos y resentimos el “vampirazo”. Nos comemos unos dogos en Colón, afuera de la Central de camiones. Para huir de la luz del sol nos refugiamos en otro congal. Como si se tratara de un corrido del eterno retorno, cruzamos la calle y entramos al Infinito por tercera ocasión a las dos de la tarde. Aunque es la hora de la comida, dentro se vive un ambiente cercano a las ocho de la noche. Compramos cuatro burritos de yelera y un cubetazo para la cruda, tentados a realizar el tour otra vez. (Carlos Velázquez)

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