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miércoles, 29 de diciembre de 2010

El arte de olvidar


Cambio y fuera

Adriana Malvido

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  • 2010-12-29•Política
Las imágenes se agolpan: más de 30 mil muertos, migrantes asesinados y desaparecidos en la esclavitud, niños y jóvenes masacrados en Ciudad Juárez, trata y abuso sexual de menores, el feminicidio impune que culmina con la atroz ejecución de Marisela Escobedo, estudiantes atravesados por las balas entre dos fuegos, el incendio… un horror tras otro.
Como si pensara en el México de 2010, el escritor inglés John Cowper Powys (1872-1963) advertía en El arte de olvidar lo insoportable: “Pareciera que estamos por completo perplejos, paralizados incluso, como aturdidos por una profusión de voces contradictorias, en lo que se refiere a nuestra confrontación con la verdad”. Por una parte, dice, tenemos un duende interior implacable que nos ordena luchar contra las verdades desagradables y por otra, nos fustiga a regodearnos en las más horrendas. Hay un choque entre el optimismo y el pesimismo, entre quienes “buscan hermosear, para sus propios fines aviesos las ensangrentadas ambulancias del universo” y quienes “cultivan obstinadamente el rencor destructivo”. En ambos casos, el sentido común se lava las manos, sentencia el autor de este ensayo (Textos de Me cayó el veinte, Escuela Lacaniana de Psicoanalisis, traducción de Antonio Montes de Oca).
Los defensores del pesimismo negro pretenden ser honestos y no puede nadie refutarlos negando la evidencia de la realidad. Pero en sus vidas privadas, aunque no lo reconozcan, practican el “arte de olvidar”, porque vivir pensando en el sufrimiento que hombres, mujeres, niños y animales están soportando en este instante en algún lugar del planeta, resultaría intolerable. Quienes pierden el arte instintivo de borrar imágenes caen en la locura. Porque el horror extremo alojado en nuestro cerebro puede engendrar “sublimes hidras y espantosas quimeras” sin limite ni fin.
“La vida carece de una verdad. Tan sólo posee una posibilidad infinita de horror y una posibilidad infinita de mágica belleza”. Lejos de la necedad simplona del optimista, Powys propone conservar la facultad de renacer cada día, aprender a no hundirse en la oscuridad, a olvidar cada mañana “lo que cada ayer trajo consigo de horror y malicia sanguinaria”, olvidar el miedo y huir de sus sabuesos al entregarse al amor o al trabajo. Olvidar mientras contemplamos un amanecer o el brote de una rama, amar desprevenidamente, perder nuestra identidad en el otro, rescatar la sabiduría de la gente sencilla que sigue el arado, el mar, los sueños… descubrir a tiempo la esencia de la vida.
Si adquirir el secreto del arte de la vida es adquirir el secreto del arte de olvidar, eso me permite, por un instante, vislumbrar un feliz año nuevo para todos.
adriana.neneka@gmail.com

Revelaciones


REFORMA                                  Diciembre 2010

JAIME SÁNCHEZ SUSARREY
Bajo el título, Sobre Mis Pasos, Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano (CCS) publicó un recuento de su vida política. No se trata de una biografía, sino de una serie de notas que parten de 1952 y concluyen con una reflexión sobre el Bicentenario en 2010.
La obra tiene varios registros. Revelaciones, silencios, claves y misterios. La revelación más sorprendente es el relato de la visita del general Marcelino García Barragán, entonces secretario de la Defensa, al general Cárdenas a finales de los años sesenta.
En esa ocasión, “le dijo con los ojos rasos de lágrimas (según lo refirió mi padre a mi madre, la que hasta años después me lo contó), entre otras cosas, que la caída del avión en el que viajaba Carlos Madrazo se había debido a un acto de sabotaje, preparado y mandado por Luis Gutiérrez Oropeza, quien era dado al uso de la violencia y el Presidente se lo permitía”.
La revelación tiene relevancia por varias razones. Primero, por las fuentes involucradas: el secretario de la Defensa y el general Cárdenas. Segundo, porque el general Gutiérrez Oropeza estaba al mando del Estado Mayor Presidencial. Tercero, porque responsabiliza al presidente Díaz Ordaz del “accidente” (atentado) del 4 de julio de 1969. Y cuarto, porque el mismo Gutiérrez Oropeza aparece vinculado al 2 de octubre de 1968.
La revelación de CCS se vuelve casi novelesca cuando se refiere al batallón Olimpia que disparó contra el Ejército desencadenando la matanza de Tlatelolco. Dicho batallón estaba bajo el mando de Gutiérrez Oropeza y se integraba con personal del Ejército, judiciales y agentes de Sinaloa, que vestían de civiles y se identificaban con un guante blanco.
El relato que transcribe Cárdenas -a partir de una conversación que sostuvo en 2004 con un amigo militar de alta graduación- coincide a pie juntillas con la crónica que ha hecho en repetidas ocasiones Luis González de Alba, miembro del Consejo Nacional de Huelga, detenido en el edificio Chihuahua, Tlatelolco, la noche del 2 de octubre.
Todo esto confirma, como señala el propio Cuauhtémoc, que la responsabilidad del Ejército en Tlatelolco está aún por deslindarse. Porque no hay indicios materiales ni racionales para afirmar que tenía órdenes de masacrar a los estudiantes. De haberlas tenido, no habría quedado un solo estudiante vivo -tal como ha advertido González de Alba.
Un personaje central de ese episodio es el entonces secretario de Gobernación, Luis Echeverría. CCS no se refiere a él por nombre y apellido. Pero hay que recordar que era el responsable de la política interior y que el 2 de octubre el presidente Díaz Ordaz se encontraba fuera de la Ciudad de México.
Y por si fuera poco, bajo su Presidencia (1970-76) se formó y utilizó un grupo paramilitar, “Los halcones”, para reprimir una marcha estudiantil el 10 de junio de 1971. La conexión entre el 2 de octubre de 1968 y el jueves de corpus está por establecerse, pero en ambos casos Luis Echeverría es un personaje central.
Otra de las partes más interesantes del relato de Cuauhtémoc Cárdenas se refiere al nacimiento de la Corriente Democrática y a su postulación como candidato a la Presidencia en 1988. Las fechas y los acontecimientos son muy reveladores.
Los enumero: el 6 de mayo la Corriente Democrática da a conocer el Documento de Trabajo número 2. El 25 de junio de 1987, Raúl Eznaurrizar visita a CCS para proponerle la candidatura del Partido Auténtico de la Revolución Mexicana (PARM) a la Presidencia de la República. El 1º de septiembre el Partido Popular Socialista presenta una iniciativa de juicio político contra Salinas de Gortari, secretario de Programación y Presupuesto, a la que luego se suma el Partido Socialista de los Trabajadores.
“En los corrillos políticos corría la versión -contextualiza Cárdenas- de que el PARM, el PPS y el Partido Socialista de los Trabajadores habían tomado ya la decisión, cada uno por su lado, de sumarse al apoyo de Manuel Bartlett, si éste resultaba ser el candidato oficial”.
El desenlace de la historia todos lo conocemos. El PRI “destapa” a Carlos Salinas el 4 de octubre de 1987. El PARM postula a Cuauhtémoc el 14 de octubre. Y posteriormente se le suman el Partido Socialista de los Trabajadores y el Partido Popular Socialista.
Cuauhtémoc mismo subraya la desconfianza inicial que le guardaba al PARM por ser un partido que le hacía el juego al Gobierno. “La relación de esos partidos (PARM, PST, PPS) con el Gobierno parecía estar canalizada de manera casi absoluta por conducto del secretario de Gobernación” (Manuel Bartlett).
Sobre mis pasos, confirma que la elección de 1988 fracturó al PRI y al subsistema de partidos satélites. La Corriente Democrática, Cuauhtémoc Cárdenas en particular, sirvió para aglutinar el malestar dentro y fuera del PRI por las políticas económicas delamadristas.
El haz de opositores iba desde el PARM hasta el sindicato petrolero, encabezado por “La Quina”. Y aquí no se trata de política ficción: de haber sido Manuel Bartlett designado candidato del PRI, se puede dar por descontado que muchos de ellos se habrían sumado a su campaña.
La Corriente Democrática planteaba “frenar la contrarrevolución y la supeditación del País a intereses extranjeros”. Se oponía, en realidad, a la apertura comercial (entrada de México al GATT) y la liquidación de empresas paraestatales.
De ahí la gran paradoja. Cuauhtémoc pasará, pasó ya, a la historia como el hombre que partió al PRI y contribuyó a minar su hegemonía. Pero de haber obtenido la victoria, hubiera sido la personificación misma de la contrarreforma. Sobre sus pasos.

Elogio de la melancolía


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  • 2010-12-29•Acentos

    Héctor Tajonar
No te enojes conmigo,
hmelancolía,
porque tomé la pluma
para alabarte…
Acerba diosa de la abrupta
naturaleza…
déjame hacer mi voluntad.

Nietzsche. “A la melancolía” (1891)
La melancolía detona la creatividad de los espíritus superiores. A diferencia de la tristeza o la depresión en las cuales el individuo se encierra en un soliloquio pasivo a causa de la pérdida de un ser querido, la salud, un empleo o la autoestima; la melancolía surge no sólo de una introspección vinculada con adversidades personales sino de la reflexión, de un diálogo silencioso con el mundo exterior, frecuentemente en la forma de rechazo o rebeldía frente a una situación social, una realidad política, un estilo artístico o bien de las diversas manifestaciones melancólicas ante la presencia o ausencia de Dios.
Los dos cimientos de la cultura occidental están imbuidos de melancolía. De un lado, la tragedia, la mitología, la filosofía y la poesía grecolatinas son expresiones de angustia ante la fuerza irrefrenable del hado. Trátese de personajes como Edipo o Antígona, de Saturno, personificación mítica del la melancolía; del pensamiento estoico de Séneca y Epicteto o del epicureísmo de Lucrecio, de la dolorosa convivencia de amor y odio en la poesía de Catulo, o bien de la preocupación de Héctor expresada en el Canto VI de La Ilíada: me importan de manera tan agobiante (las desdichas de los troyanos) como el cruel presentimiento de que tú, amadísima Andrómaca, seas arrastrada algún día entre llantos y angustias por alguno de los aqueos hasta Argos, donde estés para siempre sin libertad ni alegría y sin mi protección ni mi cariño.
En el pensamiento y en el arte judeocristiano, segundo pilar de la tradición cultural de Occidente, la melancolía es también una presencia no sólo constante sino definitoria. Desde el temor de Dios tras la expulsión del Paraíso, pasando por las pruebas infligidas por Yahvéh sobre Abraham y Job, en el Antiguo Testamento; hasta el sacrificio de Cristo y el Apocalipsis de San Juan, en el Nuevo Testamento. Las catedrales góticas, el Jardín de las delicias del Bosco, el Triunfo de la muerte de Brueghel, el Descendimiento de la cruz de Grünewald, los Réquiem o la poesía mística de San Juan de la Cruz (En una noche oscura,/con ansias en amores inflamada/¡oh dichosa ventura!,salí sin ser notada/estando ya mi casa sosegada), son manifestaciones sublimes de la melancolía religiosa. Como lo ha mostrado Roger Bartra, la poesía y el pensamiento del Siglo de Oro están impregnados de melancolía.
En el extremo opuesto se ubica la melancolía atea surgida de la muerte de Dios anunciada por Nietzsche enLa gaya ciencia: ¿Dónde se ha ido Dios?... ¡Nosotros lo hemos matado, vosotros y yo! ¡Todos somos sus asesinos!... ¿No vamos como errantes a través de una nada infinita?... Lo que el mundo poseía de más sagrado y poderoso se ha desangrado bajo nuestro cuchillo. De esa osada convicción emana la necesidad de crear al superhombre: ¿No estamos forzados a convertirnos en dioses, al menos para parecer dignos de los dioses? No hubo en el mundo acto más grandioso y las futuras generaciones serán, por este acto, parte de una historia más alta de lo que hasta el presente fue la historia. Ante la ausencia de Dios y del superhombre, surge el nihilismo y con él la náusea sarterana (el infierno son los demás), que desemboca en la expresión más acabada de la desesperanza representada por el pesimismo radical de Cioran: “Si no poseo el gusto del misterio es porque todo me parece inexplicable, o mejor dicho, porque lo inexplicable es mi único sustento y estoy harto de él”. (Ese maldito yo)
En contraste, Marsilio Ficino y John Milton conciben a la melancolía como un impulso del alma hacia la comprensión de las cosas más elevadas, y como fuente de placeres espirituales. Por su parte, Baudelaire escribió: “Apenas si puedo imaginar un tipo de belleza en el que no haya melancolía.” Tampoco es usual encontrar un pensamiento profundo de que no esté iluminado por lo que Nerval llamaba el sol negro de la melancolía, porque las penas no sólo producen sufrimiento, sino refinan la sensibilidad y agudizan el intelecto, además de forjar el carácter. En ese sentido, Víctor Hugo consideraba a la melancolía como la felicidad de estar triste. Sin esa felicidad melancólica no tendríamos los Ensayos de Montaigne ni la narrativa de Proust. No existirían Hamlet y el Quijote, máximas expresiones del espíritu melancólico, ni lo mejor de Beethoven o Mahler, en la música; o de Goya o Friedrich, en la pintura. Concluyo: La melancolía no es el reverso de la felicidad, sino el antídoto contra la superficialidad y el cinismo; esas sí, verdaderas enfermedades del hombre contemporáneo.
hectortajonar@yahoo.com.mx

martes, 28 de diciembre de 2010

DENISE DRESSER: Signos de colapso moral


REFORMA                               27 DICIEMBRE 2010

El Estado mexicano no sólo es corrupto, también corrompe
Denise Dresser
El asesinato de la activista Marisela Escobedo. La desaparición y muerte de migrantes. El robo a los oleoductos de Pemex que provoca una explosión en Puebla. Las marchas a favor del grupo criminal "La Familia" en Michoacán. La inseguridad que crece día con día a pesar de los esfuerzos del gobierno de Felipe Calderón. Síntomas de lo que el escritor Michael Lewis llama un "colapso moral". Ese punto al cual llega una sociedad que ha perdido la cohesión, el sentido colectivo, los valores compartidos, el mapa mental que permite funcionar como país. Difícil reconocer que es así. Más difícil aun terminar el 2010 sabiéndolo.

Pero todo indica que, a pesar de los avances democráticos que ocurrieron en la década pasada, llevamos un buen tiempo sistemáticamente saqueando y maltratando a México. Y la culpa no es sólo de la clase política rapaz; la responsabilidad también reside en ciudadanos que emulan las peores prácticas que ocurren en los pasillos del poder: evaden impuestos, pagan mordidas, se vuelven cómplices de la corrupción que denuncian. Peor aún, no confían en sus compatriotas. La ausencia de ese valor fundamental para la consolidación democrática y la prosperidad económica, como lo escribiera Francis Fukuyama en su libro "Trust", lleva al surgimiento de una sociedad atomizada, corroída, descompuesta.

Nos hemos acostumbrado al saqueo colectivo; hemos aprendido que el país funciona así. Allí están los estratosféricos salarios y bonos y pensiones y beneficios de los que arriban al sector público. Allí está un sistema educativo que ni siquiera sabe cuántos maestros y burócratas tiene, mientras los mantiene de forma vitalicia. Allí está un sistema de seguridad social que genera incentivos para la informalidad, mientras desparrama recursos. Allí está el gasto público repartido entre los gobernadores, un hoyo negro que evade la fiscalización. Allí está el país paralelo, resistente al cambio y atorado en las costumbres extra-legales, anti-institucionales, informales.

Casi no importa dónde termina el desperdicio y comienza el robo; lo primero enmascara y propicia lo segundo.

Se asume que cualquiera que trabaja en el gobierno puede ser sujeto de la corrupción, de la complicidad, del encubrimiento. Quienes tienen tratos con miembros del sector público asumen que siempre se puede llegar a un acuerdo personal tras bambalinas. Quienes pasan su vida en el "servicio público" emergen con mansiones multimillonarias y casas de fin de semana en los destinos más codiciados. Quienes no encuentran un Estado capaz de ofrecer seguridad personal buscan la protección ofrecida por capos en lugar de policías.

El rasgo cultural -tanto causa como síntoma del colapso moral- es la resistencia de tantos mexicanos a pagar impuestos. La vasta mayoría de los trabajadores auto-empleados hace trampa, evade, soborna, promueve la contabilidad creativa. Los mexicanos nunca han aprendido a pagar impuestos, y no lo han hecho porque pocos son penalizados. Es una ofensa social menor, como cuando un hombre no le abre la puerta a una mujer, o habla con la boca llena. En México el nivel de evasión es extraordinariamente alto y el nivel de recolección es deprimentemente bajo. Como la mayoría de los mexicanos, a excepción de los contribuyentes cautivos, no paga, la sanción a personas que no lo hacen parecería arbitraria. Y quienes son detectados practicando la evasión o la elusión llevan sus casos a las cortes, donde languidecen durante años.

Mientras tanto, millones de mexicanos insisten en pagos en efectivo, ocultan o lavan dinero, logran la condonación. El sistema tributario facilita que la sociedad entera haga trampa.

La cantidad de energía social que se dedica a doblar la ley en México es monumental. Y lo peor es que hemos perdido la capacidad para la sorpresa ante lo que debería ser visto como comportamiento anormal. El Estado mexicano no sólo es corrupto, también corrompe. Eso lleva a que los mexicanos tengan pocas cosas amables qué decir sobre sí mismos o sus compatriotas. En lo individual, los mexicanos son generosos, leales, amables. Pero en lo colectivo demuestran lo peor de sí mismos: evaden impuestos, sobornan a políticos, mienten para obtener un beneficio personal. La total ausencia de fe social se convierte así en un círculo vicioso. La epidemia de la mentira, la trampa, el robo y la corrupción hacen imposible la vida cívica y el colapso de la vida cívica simplemente instiga patrones cada vez peores.

La única esperanza ante este diagnóstico desalentador se encuentra en esos mexicanos -empeñosos, valerosos, combativos- que se niegan a participar en el colapso moral de su país. Los que insisten en la transparencia en lugar de la opacidad. Los que optan por la construcción en vez de la destrucción. Los que se niegan a ser parte del desmantelamiento. Y que ante lo que contemplan, rehúsan esquivar la mirada o perder la fe. Como escribiera famosamente Margaret Mead:Nunca dudes que un pequeño grupo de ciudadanos pensantes y comprometidos puede cambiar al mundo. Es la única cosa que lo ha hecho.
ideasypalabras@prodiy.net.mx
Nota del enviador: Margaret Mead (1901-1978) ha sido posiblemente la mujer más influyente en el mundo de la antropología, y tal vez una de las personalidades más sensibles hacia el estudio de otras culturas.

lunes, 27 de diciembre de 2010

El Arenero...PREMIO INTERNACIONAL DE CUENTO JUAN RULFO 2010

GUSTAVO RIPOLL
 
Ida y vuelta. La vida: ida y vuelta. Hay muchos que se preocupan, que tienen miedo de no volver, que sea un viaje de ida. Pavadas, la vida es ida y vuelta. Más extraño sería si yo dijera: fui, y no volví jamás. Pero yo no soy un tipo extraño, no soy "especial", lo sé, me lo dijo la Colorada. Yo soy uno más, uno del montón. Menos que del montón. Cuando te hayas ido, me decía, no me voy a acordar ni de tu cara. Tu cara, se parece a otros cientos de caras que pasaron por acá. Caras que van y que vienen, un rato, y después va y viene otra cara, y otra, y otra. Y después ya no hay más caras, es una máscara, una que va y viene, y no tiene rasgos, ni voz; a veces un murmullo si, un hummm, otras ni eso. Y ya ve usted, tenía razón, soy uno más. Fui uno más de los que van y vienen, pero nunca llegan a ningún lado.
¿Que será de la Colorada? Antes, cuando me echaba, si no podía dormir porque el guacho del Polaco estaba limpiando las mangueras -lo hace a propósito, es una de las formas en que le gusta torturarnos-, entonces me entretenía pensando qué sería de la Colorada. El último día, cuando le dije que me embarcaba, que no sabía si iba a volver, puso una cara como de decepción. Un momento, pero yo me di cuenta. Yo le conocía la cara como si se la hubiera dibujado. Ve, tenía razón, ella era especial. Las únicas caras que se pueden recordar, son las especiales: cada movimiento, cada surco, cada sonrisa, cada decepción. A lo mejor se pensó que yo algún día llegaría lejos. Capaz que se hizo la película alguna noche en vela de las que no trabajaba. Que yo tenía un montón de guita, y que la iba a buscar al puterío, y que me la llevaba a un departamento lujoso, y quién sabe si no me casaba con ella también, de puro enamorado. A lo mejor ella pensaba eso, digo yo. Pero no me dijo nada. En lugar de eso, se sacó la tanga y me la revoleó en la cara: para que te acuerdes de mí, dijo. Y a veces, cuando me echaba entre turno y turno, uno se acostumbra a las horas del arenero, es él quien marca los compases, quien vive en nosotros, es como un nene que hay que ponerle las mangueras, sacarle las mangueras, cambiarle los pañales. A veces, cuando me echaba entre un turno y otro, dormía con la tanga de la colorada pegada a la cara. Como si fuera un pañuelo, tapándome la nariz, como si pudiera, por un rato, olvidarme del aliento barroso del arenero.
Acá no hay privacidad. El catre lo usa el que no está de turno, así que nunca esta vacío. Alguna vez tuvo sábanas, pero la mayoría nos acostamos vestidos. Parecerá extraño, pero es una forma de defenderse del arenero, de seguir siendo uno, al menos en la piel que no se curte con el gasoil y el barro. Mi piel, y no una más de los que se acostaron -de los que van y vienen, porque todos van y vienen, ¿sabes?- en este catre.
 
El día que me presenté me explicaron todas las reglas del trabajo, todas la que están escritas, porque las del Polaco por ejemplo, no me las dijeron. Trabajás cuatro horas, dormís cuatro horas. Dormís o paveas, o haces lo que quieras, vivís. Lo que se puede vivir en el arenero. Eso lo haces unos quince días, en tandas de tres, lo que tarda el arenero en trepar el río hasta donde se puede chupar, casi un día que se la pasa chupando, y después la vuelta y la descarga. Así vas y venís cuatro veces, y después, tenés unos tres días francos, que luego aprendés que son menos, eso no te lo dicen, porque muchas veces el río está bajo, y no se puede atracar, o se atrasa porque hay que dejar paso a otro barco, y resulta que en una curva del río te comes cuatro, a veces cinco horas de espera, mientras el otro maniobra. Pero nadie se queja, llegar a puerto es un día de fiesta. Para todos, menos para mí. Para mí no hay nada en el puerto. Ni siquiera la Colorada.
El Polaco tiene una mina, dicen, porque él nunca habla nada. El Rata siempre tiene alguna colegiala que le de bola, y Paquete se la pasa en los puteríos. Dice que las putas no le cobran, por el tamaño. Dice que las tiene locas a todas. Pero de una forma u otra, siempre vuelve sin un mango, y termina mangueándome la yerba a mí o al Rata. Con el Polaco no se mete, aunque son compañeros de guardia. El y el Paquete hacen un turno, el Rata y yo el otro. El Polaco le dice Paquetito, le toca el culo. Si a algunos de nosotros se nos ocurriera hacer lo mismo, nos destrozaría; pero cuando se lo hace él, no dice ni “mu”. Me contó el Rata, que una vez se agarraron a trompadas. El Paquete se le fue al humo, y el Polaco lo surtió mal. Le dejó la cara arruinada, y para peor, cuando lo tenía drogui en el piso, se la dió. Dice el Rata que el otro casi ni se movía cuando el Polaco le daba, que estaba como inconsciente. Y después de esa, nunca más. Se hablan lo necesario, pero andan siempre con cara de perro. Yo creo que cualquier día de estos el Paquete se la devuelve, al fin de cuentas, todo es ida y vuelta en la vida. Y va a ser jodido, porque el guacho anda armado de veras, da miedo. A mí si me preguntan: yo no vi nada.
 
El primer franco me moría de ganas de ir a verla. La vida acá arriba es distinta. Hay más tiempo para pensar, o eso es lo que uno se cree al principio. Hasta que se acostumbra. Después entrás en una especie de sueño en vela, dormir entrecortado ayuda, y pasa el tiempo sin que uno se de cuenta. ¿Cuántos días? ¿Cuántos meses me la pasé sentado en el borde del arenero, con los pies metidos en el agua y mirando la nada. Esperando encontrar la tanga de la colorada, enganchada en una ramita, flotando entre la basura o algún camalote, confundida con alguna bolsa de plástico. El río es lindo para los que vienen de visita. Pero si estas acá, llega un momento que te tapa. Todo es río, y no tenés ni idea si estás en tal o cual lugar, son todos iguales. Arriba del arenero, no te das cuenta si es de día o de noche, si es primavera u otoño, si sos viejo o si sos joven. Acá es siempre lo mismo. El tiempo no corre en el agua: el tiempo es agua, y si vas a favor o en contra de la corriente, te juega sucio: hace cosas raras. Pero de eso te das cuenta después, cuando ya sos del río, cuando pasó más agua por debajo de tus pies que suelo, cuando te mareas en tierra, cuando no sabés, o no te acordás, como volver. Al principio es todo distinto, es algo nuevo. Se extraña la gente, el barullo. El arenero va rumiando su sueño de gasoil día y noche, y parece que te vas a volver loco. Entonces no ves la hora de tocar puerto, tierra, vida. Y me moría por verla, pero el primer franco todavía no había cobrado, no me habían hecho los papeles, y entonces me tiraron unos pesos adelantados, que eran pocos, y yo no quería mostrar miseria. Por algo me había ido, no para volver con chauchas.
Me aguante. Espere como un desesperado, ida y vuelta: río arriba y río abajo. El segundo franco también me moría por verla, pero no fui. Había juntado unos buenos mangos, y si esperaba unos francos más, me iba a alcanzar para alquilar un departamentito, para llevármela, para hacerla vivir como se debe. ¿No era eso lo que ella soñaba? Lo que me había mostrado en aquella cara, decepcionada, furiosa casi. Era su sueño, y quién se lo iba a hacer realidad sino yo. ¿Alguno de los borrachos que la iban a ver? No tienen más que para visitarla una vez por quincena, y a veces ni para pagarse los tragos. En eso me podía estar tranquilo. El único que me la podía llevar era yo. Yo era especial, aunque ella no lo quisiera creer. Yo iba a ser especial. Aquellos días dormía con la tanga agarrada bien fuerte bajo la almohada. La cama olía a la Colorada y no a gasoil, y ni el barro de las mangueras podía ensuciarme. Yo soñaba que me esperaba en el puerto, que cuando llegaba el arenero ella me estaba esperando con el vestidito ese floreado que le vi una vez, que corría a mi encuentro y me abrazaba. A veces, hasta venía con un pibe en brazos. Uno como yo, pero chiquito. Y entonces me entraba un ardor en los ojos, y me tapaba la cara con las sábanas para que no me vieran. ¿Cuántas lágrimas tendrá guardada esta almohada? Seguro que no son todas mías.
Mientras tanto, iba entendiendo como eran las reglas del arenero. No los turnos y las mangueras, eso lo aprendés en un par de días. Lo difícil: sobrevivir en el arenero. Esa sensación del perpetuo cansancio que las cuatro horas de sueño no te alcanzan a sacar, y que se hace todavía peor cuando subís a cubierta y lo único que podes hacer era mirar el río, siempre marrón, y la costa, siempre verde, y discutir si aquel era el arenero de Manzotti, o si el que se había varado había tenido mala suerte, o si era un imbécil que no podía compararse con alguno de nosotros. Para cuando pasan unos meses arriba del arenero, te sabes la vida y obra de todos los demás, y ellos conocen la tuya. Y entonces solo se puede hablar de lo que hay, de lo que se vive, de lo que se respira. Y eso es siempre el río.
 
Un día me decidí. Había juntado como para alquilarme una casita chiquita, o un departamentito, a lo mejor a ella le gustaba más vivir en un departamento. Hay gente que sufre mucho la humedad. Aunque mi recuerdo de los pies de la Colorada son siempre calientes, como manos que te aferran, como enredaderas que te atraen, que no te dejan escapar. La Colorada sabía como exprimir a un hombre, como hacerlo sentir que la única forma de sobrevivirla era entregándole todo lo que se tiene.
Ese día el río estaba de mi parte, algún tiempo después me pregunté si sabría lo que iba a pasar. Ahora estoy seguro. Llegamos con la alta, y ni bien amarramos yo ya estaba abajo, listo para irme hasta la Constitución, a ver si me compraba unos pantalones nuevos, una camisa. Al final terminé comprándome un trajecito que me ofrecieron en tres cuotas. Volví al barco para cambiarme, me bañé y para eso de las seis salí al ruedo. El pelo todavía mojado, el traje con olor a recién comprado. Me sentía un tigre caminando por la Cazón, si hasta me daban ganas de rugir cuando pasaban las viejas. Un par de minas me miraron de reojo en la sombra de un Bar, pero yo solo tenía una mujer en la cabeza: alta, de crenchas coloradas que se sacudían con su cuerpo, blanca como la nieve, siempre de rojo. La Colorada era el dragón de la noche, y yo... yo estaba dispuesto a que me comiera vivo.
Ahora me pregunto si el que me haya dejado el bufoso en el arenero fue un error de mi inocencia o una oportunidad del destino, que me hizo volverme por dame tiempo a pensar. De una forma u otra, cuando uno tiene la muerte en los ojos, ya no hay quién que se la saque. Se mata primero en la cabeza, y después el cuerpo se arrastra, se somete a la voluntad de lo que ya pasó. Cuando uno mató a una persona en la cabeza, ya esta muerta; se aprieta el gatillo para cumplir una mera formalidad, para que el rugir del arma lo convenza a uno, lo amaine.
Cuando entre al Tigre Dorado, la vieja Vargas me puso el alto. Me dijo que estaban completos por la noche, que me fuera. Que así vestido le espantaba a los clientes, que la Colorada no trabajaba más ahí. Que me fuera, que me volviera, que esa noche no. Mira que pintón que estas, andate a la Cazón, haceme caso. Buscate una buena piba. Vos no tenés nada que hacer acá.
Parece que no elijo bien las cosas, o la gente no me quiere. El Polaco, el primer día que subí al arenero me dijo: ¿y vos que haces acá? Sos muy blandito, pibe. El arenero te va a comer los huesos. Raja, que todavía podes. Tal vez tenían razón, pero nunca fui muy bueno escuchando consejos.
Discutí con la vieja hasta que se abrieron algunas puertas. En eso apareció un cana en calzoncillos, con la camisa azul desabrochada y la reglamentaria en la mano, pero la vieja lo tranquilizó, y el grandote bigotudo se volvió a meter en la habitación, protestando como perro demasiado grande cuando lo chumba un chiquito. Yo no oía nada. La vieja me hablaba y me hablaba, pero yo miraba por encima de ella, a la puerta de la Colorada. Yo había venido por la Colorada, y nadie me lo iba a impedir. No está, me dijo. La luz de la pieza estaba apagada, pero eso no quería decir que no estuviera. A lo mejor, el que estaba con ella le gustaba así, o a lo mejor no estaba con nadie, a lo mejor dormía. A lo mejor, desde que yo me había ido, no había querido estar con nadie más. Se había pasado los días casi sin comer, esperando mi regreso; el regreso de una esperanza, de un futuro. A lo mejor, hasta se había enfermado de no comer, y la vieja, sabiendo que la Colorada se moría, no quería darme la mala. O a lo mejor me tenía bronca, porque la había visto palidecer sin que yo diera señales de vida. Hablaba y hablaba, pero no podía entender lo que me decía.
En un momento no aguanté más. La puse a un costado de un manotazo que la dejó tambaleante, y me fui para la habitación. Ya sabía lo que me iba a encontrar, pero no me encontré nada. Me imaginaba a la Colorada en la cama, pálida, medio muerta, rodeada de un grupo de compañeras que en vano querían hacerle comer o tomar algo. Y entonces yo llegaba, y ella me veía, y con la última sonrisa de su mano en mi mano, moría.
No alcancé a llegar. Vi que algo se movía a mis espaldas y me volteé pensando que era el cana que se me venía encima. La Colorada, vestida como una dama de sociedad, venía del brazo de un compadrito que sabía pasearse por el Canal haciéndose el duro. Venía riéndose, y cuando me vio, no bajó la mirada. Venía riéndose, y era de mí de quien se reía. Me dijo, que haces pibe, hoy estoy ocupada, y siguió de largo a la pieza, mientras el otario me empujaba a un lado para hacerle paso.
Después ya no me acuerdo mucho. El arenero se me reía en la cara, y yo iba como un toro a su encuentro. Levanté la cajita de chapa que tenía escondida debajo de la cama, donde guardaba el bufoso, la plata, y la tanga de la Colorada, de la engañera, de la esperanza muerta que se me hacía piedra en el pecho.
Y me fui. El Rata me seguía desesperado. Me hablaba, trataba de que me enfriara, pero ya era tarde: ya la había matado. Lo único que faltaba era ir a ver si tenía el coraje de apretar el gatillo.
Tengo recuerdos vagos de alguna esquina de Cazón, y algún grupo de pibes que se apretujaban a la pared mientras pasaba con el arma en la mano. De alguna forma, me las ingenié para cruzar la esquina de la comisaría sin que me vieran. Se ve que había tenido mi elección antes; ahora en cambio, lo que quedaba era llegar a mi destino.
Cuando volví a entrar al Tigre Dorado, la vieja había desaparecido. No me acuerdo quienes estaban, pero escuche que alguno gritó. Abrí la puerta de un empujón, la habitación estaba a oscuras. En el recuadro que iluminaba la puerta, vi a la Colorada dormida y al otario, que se había sentado en la cama, pálido como una hoja, observando como su vida latía entre mi dedo y el gatillo.
Entonces me llegó la realidad. Como si se hubiera corrido el telón de la furia, me vi a mi mismo en la puerta, empuñando el arma, y los ojos de la Colorada, marrones como el río, como la arena que chupan las mangueras, como el gasoil que mancha las paredes del arenero. Y todos ellos, juro que eran todos, lloraban en silencio.
 
Se mata primero en la cabeza, y después el cuerpo se arrastra, se somete a la voluntad de lo que ya pasó. Esa noche murió ella, y morí yo. Nos morimos juntos, en nuestro departamentito recién alquilado, con el mocoso y los sueños. El Polaco sostiene que ese día me hice hombre. Tal vez para ser hombre haya que haberse muerto. Tal vez murió el de tierra, y quedó el de río. Sé que le grité puta como mil veces. La putié y reputié; y lloré mientras la puteaba con todo lo que me quedaba adentro, mientras la veía llorar también a ella, temblando. Después le di el bufoso al cana y me volví al arenero. El Rata me compró un helado cuando llegamos a la estación, y nos sentamos a comerlo en uno de los banquitos que están en la orilla. No me acuerdo de qué gusto era.

Ajuste de cuentas


La Calle

Luis González de Alba

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  • 2010-12-27•Acentos
La izquierda mexicana no ha hecho sus Ejercicios Espirituales, su ajuste de cuentas, su reflexión derivada de la caída del Muro de Berlín, el derrumbe de las repúblicas “populares” y el éxito económico de gobiernos socialistas en España y Chile, donde la apertura al mercado y no las medidas proteccionistas han redituado en altos índices de crecimiento. España ya es irreconocible, de país exportador de conserjes a París y obreros a Alemania, es hoy parte de la Europa rica, unida y sin fronteras.
Por eso la izquierda mexicana se entrampa ante figuras del Pleistoceno: el subcomandante Marcos, la democracia india a mano alzada frente al cacique y la prohibición de mujeres en asamblea porque “sus maridos llevan las voces de ellas”, dicen…
En la misma fuente abreva la veneración por la Revolución de 1910 y por la Independencia en 1810. Para hacer las cuentas que desea Porfirio Muñoz Ledo, quien lleva un año prediciendo el levantamiento del pueblo contra el mal gobierno, debe uno olvidar la Guerra de Reforma (1857-1861), la Cristiada de 1926 a 29. En fin, olvidar las fechas que desmienten la teoría de los centenarios en las erupciones del volcán popular.
Esta reivindicación de la violencia nos viene de cómo narramos nuestra Historia y del apego izquierdista a la enfermedad infantil del alzamiento popular. No hubo tal cosa ni en la Independencia ni en la Revolución. Repito: en mayo de 1911 el feroz dictador no fue derrocado por un pueblo en armas que “dijo basta y echó a andar”. Nunca hubo un levantamiento masivo de los mexicanos pobres, más bien los mexicanos de clases medias y altas se mataron entre sí empleando pueblo como carne de cañón y abundantes cuerdas para atar, en cada poblado, a los “voluntarios” que debían ir a combatir por su libertad.
Para 1917, cuando los libros dicen que la Revolución termina y plasma sus ideales en una nueva Constitución aún faltaba la rebelión de De la Huerta (que ni fue rebelión ni la deseaba de la Huerta), los tres años de guerra civil por el jacobinismo del gobierno y la instigación del alto clero que avivó las llamas con el cierre de iglesias, faltaban los asesinatos de Carranza, Zapata, Villa y Obregón, ninguno de ellos muerto en combate por las tropas de la dictadura.
Con Porfirio Díaz instalado en Francia desde 1911, México no tuvo paz hasta la llegada del presidente Lázaro Cárdenas. Y relativa, pues tampoco terminó su período sin derramar sangre de opositores en los comicios que dieron el triunfo a Ávila Camacho.
De una Historia pergeñadas al azar de los gustos del Nuevo Régimen que no consolidó su ideología sino con Cárdenas, sacamos conclusiones más que peligrosas para resolver los conflictos actuales. El país se tensó por la necedad de un mal perdedor que jamás ha logrado explicar cómo y cuándo se cometió el fraude que no lo despojó de la Presidencia a él, sino al pueblo mismo.
No es, entonces, un ejercicio de corrección de fechas y datos por amor a la verdad histórica, sino de desmontar el mito del mexicano que aguanta y aguanta pero al final estalla, y eso ocurre cada cien años. En 1810 la rebelión de Hidalgo, circunscrita al centro y occidente de la entonces Nueva España, no cumplió ni el año. El virreinato siguió su marcha hasta otro momento que tampoco nos gusta: una negociación incruenta entre el virrey recién llegado, Iturbide y Guerrero nos hizo independientes de España en 1821, sin que Hidalgo haya hecho otra cosa que ahuyentar a los partidarios de la independencia.
La inteligencia mexicana enloqueció de gozo cuando apareció el Primer Comunicado del EZLN sentenciando a muerte al régimen. Después no han hecho nuestras mejores cabezas un encierro al estilo Loyola para revisar sus pecados guerrillerosos. Marcos simplemente cayó en el olvido. Pero esa falta de auto-análisis dejó abierta la idea de las soluciones armadas a cargo de una vanguardia del pueblo bueno que no puede más.
Así tenemos los comunicados de los secuestradores de Diego Fernández de Cevallos. Para empezar, no hubo un frente nacional unánime contra ese secuestro. Es que hay secuestros malos y secuestros buenos. El de Diego era bueno para mucha gente de inteligencia superior al promedio. Los comunicados del grupo guerrillero que dice haberlo secuestrado (la escisión de una escisión de otra escisión) muestran que aún no recibe el telegrama que dice: “Cayósenos Muro de Berlín (punto) Democracias populares extinguiéronse (punto) Díjolo Marx: llégase a socialismo por industrialización (punto)”.
Más en Las mentiras de mis maestros, (Cal y Arena).

ENCUENTRO DE CANDIDATOS PRIISTAS CON MUJERES ...BEATRIZ PAREDES, ENTRE ELLAS...




Quién lo dijera: un evento de campaña electoral priista sin acarreados. Sin escenografìas clientelares de fondo ni de forma. Era una atmósefera cimbrada por la pulsión gregaria y su entramado de confraternidades exacerbadas por estas fechas   navideñas, cuando todo mundo es un ser amorosisimo mientras no demuestre lo contrario...ahorrándose nuestro regalito; un ambiente marcado  por el reagrupamiento partidario ante la posibilidad de recuperar el poder, o parte de èl, a la vuelta de la filosa  esquina del 2011.

Utopía regresiva, le llaman algunos; otros hablarían del Futuro y de un nuevo rumbo, en una  jerga publicitaria entresacada de la literatura tan en boga de superación personal, donde la voluntad, el voluntarismo a ultranza, es la clave del ÉXITO. "Ser sudcaliforniano es darlo todo..." !Upps! 
EL CASO es que se percebía un genuino interés en la mayoría de los aproximadamente 700 asistentes al Salón María Teresa del hotel Crowne Plaza. Algunos motivados  más por el morbo, por el simple divertimento de humor invluntario que prodiga nuestra clase política, que por fervor partidario; cierto: pero interés al fin, que no excluye la no tan soterrada esperanza ciudadana de que nuestros conejillos de indias literarios o periodísticos, nos sorprendan con el salto cualitativo-dirían los marxistas sesenteros-del vodevil o la Historieta, a la Historia viva de nuestros días.¿O ya haríamos bueno el adagio de Fukuyama del fin de la Historia y las Ideologías?
En un encuentro de los candidatos y las fuerzas vivas priistas con mujeres, con el viejerío, diría el recién liberadito Jefe Diego,la figura central no podría ser otra que Estela Ponce Beltrán, la diputada con licencia, aspirante puntera  a la alcaldía de La Paz, acuerpada por una ya no tan corpulenta Beatriz Paredes, lideresa nacional del revitalizado PRI.

Estelita, como le dicen sus seguidores, se pasea por el atestado salón con buen semblante. Es evidente que está viviendo uno de los momentos álgidos de su carrera política. A un mes y feriecita de la jornada electoral que la podría llevar a la presidencia municipal de La Paz, si los sondeos a su favor se corroboran en las urnas a contrapelo de una elección de Estado, con los dardos cargados a favor de los guiñoles oficiales.

   
La sonrisa de Estelita se abre paso entre sus correligionarios que se acercan a saludarla.. Su triunfo tendría una fuerte carga simbólica: Sería la primera alcaldesa de la historia política saudcaliforniana,  y recuperaría para el PRI la capital estatal.  Si el voto de castigo a la barbarie pseudo izquierdista en curso, se desborda como en el 99, pero ahora en sentido inverso,  La Paz, por razones obvias, será su principal caja de resonancia.

Y decimos en sentido inverso porque este voto de castigo, si es realmente de castigo, con cierto sabor a revancha, a ese revanchismo tan caro a la idiosincracia mexicana,buscará el cauce madre que no es otro que el otrora "voto duro" priista, desechando las añagazas , las coartadas, los señuelos tan burdamente ofrecidos por el grupo en el poder.

La respuesta definitiva podrían darla esas mayorías silenciosas, registradas en los sondeos como indecisos, plagadas de jóvenes condenados al subempleo cuando no a la franca marginalidad social y productiva; conformadas por esos sectores clasemedieros, medianamente ilustrados e informados, que buscan algo más que frases electoreras, prefabricadas, espoteras, para decidirse a participar.

No podemos saber hasta què punto la emergente figura política de Estelita, pueda sumar al voto duro priista  este voto de castigo, y captar el de las mayorías silenciosas de los indecisos. Lo que sí podemos asegurar es  que su buen semblante contrasta con el del candidato perredista Ricardo Gerardo, la viva imagen de una derrota anunciada.En cuanto a la "popularidad" del candidato del PAN y de los Pilarillo(que no dan un paso sin el palomazo del jefe Chicho), como la del mismo Covarrubias, es , dicen acuciosos obsevadores políticos, una "burbuja" mediática  que tiende a apagarse conforme la nostalgia por los "auténticos priistas", los que "no se rajaron"  y no se fueron a otros partidos, vaya acrecentándose.

" Para estas burdas caricaturas de la más cerril  subcultura priista, disfrazados de izquierdistas,  mejor los originales", sería la consigna.!!Que devuelvan las entradas!!

Los "originales", los "autènticos" priistas, que citando a Neruda, al poeta chileno, ahora nos dicen:"Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos...". ¡¿Será? Más les valdría que así fuera, porque el que sí cambió es el país, a pesar de la lumpenizada clase política, del lastrte de la partidocracia, que tiene estancada la transición democrática.
Es cierto que el PRI no fue del todo desalojado de Los Pinos, que el antiguo régimen no ha sido desmantelado y suplantado por otro más moderno y eficientemente democrático, como lo vemos en el terreno del sindicalismo al estilo SNTE; que la Reforma del Estado sigue pendiente.Pero tambien es cierto que la hegemonía priista sí fue nulificada, trascendida, diluida, acotada, en diversos campos de la vida institucional( casi borrada del mapa en el DF, la capital de la república,  desde el 97), y en terrenos tan sensibles como el mediático, por ejemplo.
"La democracia también es negocio", dijo el Trigrillo Azcárragta cuando le pregntaron si él también sería un "soldado del PRI", como su padre. 

Dato curioso: mientras en el resto del país, la libertad de expresión tiene en cada región , en cada estado, medios emblemáticos,en BCS, la prensa, escrita y electrónica, se reduce-con sus excepciones marginales de rigor- a su mínima y más mediocre expresión  en la historia del periodismo sudpensinular.

Este es un dato duro, a la vista de todos los frustados lectores, electores, ciudadanos,  que los candidatos de oposición, en este caso los priistas, no han visto o no han querido ver. El gravísimo tema del "rancho mediático" parece ser tabú, como el de la universidad pública convertida en botín político, saqueada, ultrajada con singular sevicia a partir de 1999.


(¡¿Deveras creen que El Sudcalifornianao y el Panorama electoral de Miguel Angel Ojeda, siguen siendo los grandes electores?En el 99, ese ´diario, alquilado entonces por el PRI mercadista, al igual que el Canal 10, fueron las principales trincheras de la guerra sucia contra Leonel Cota, el "traidor", y ya ven lo que pasó.)

Quienes acudimos al  encuentro de priistas con mujeres, deseosos de escuchar un discurso o discursos sustanciosos, que fijaran la agenda del debate público, los temas medulares, nos  quedamos esperando, empalagados con tanta sensiblería navideña y retórica electorera.. Hasta Beatriz- una dama, dirigente partidista,  ilustrada, intelectualmente muy superior a Jesús Ortega y César Nava, ahora con unos 20 kilos de menos-, cayó en un sospechoso  impasse poético que hizo bostezar a la concurrencia.


Por el amplio muestrario social integrado por madres de familia, jóvenes profesionistas y estudiantes, representantes de una clase media sin alternativas, pauperizada por la crisis y la discrimninación política, el escenario era el ideal para desmenuzar el tema medular del secuestro de nuestra universidad pública, y convocar a la sociedad a su rescate

Ya tendrá oportunidad Ricardo Barroso de hacer ese llamado urgente desde el mismo campus de su alma mater, si en enero se decide entrar a la UABCS, en un acto que podría catapultar su campaña a un final más feliz que todas las navidades y años nuevos de su corta vida..

SONDEOS DE OPINIÒN.- Entre las diversas encuestas que aparecen en tiempos electorales, nos llama la atención el sondeo realizado por un grupo interdisciplinario de académicos y comunicadores del noroeste de Mèxico, denominado Multimedios Plus,  cuyo objetivo prioritario es la investigación y el perfecionamiento del método estadístico, y no la publicación de datos para la especulación mediática.

Hemos tenido acceso a parte del "diagnóstico preliminar" de un sondeo realizado la primera quincena diciembre en el escenario electoral sudcalifornino, aplicando un método que combina la pregunta directa con la percepción y el registro de las tendencias de opinión  en los llamados "nichos sociales", en los que el encuestador se involucra circunstancialmente como otro interlocutor más.
Algunas cifras corroboran el repunte del candidato prista, Barroso, hasta colocarse en dos semanas a cinco puntos del puntero "panista" Covarrubias, en buena medida impulsado por su crecimiento en Los Cabos, de la mano de Angel Salvador Ceseña, que ya habría alcanzado y rebasado,por dos puntos, al candidato oficial, el hermano del todavìa gobernador.. En la eleccción muncipal de La Paz, Estela Ponce aparece con cuatro puntos de ventaja sobre su más cercano perseguidor, el señor Ibarra, de la alianza Pan-Pilarillos.

 En la batalla por el congeso local, las cifras del tercer distrito podrían sorprender a algunos: El doctor Alejandro Carballo Cota, encabeza la contienda con tres puntos sobre el priista Juan Antonio Valdivia, datos que en buena medida coinciden con las encuestas del propio PRI que también anda muy flojo en el distrito uno.  
  









 

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jueves, 23 de diciembre de 2010

PARA FINALIZAR EL AÑO

Alejandro Alvarez



No hay ni por dónde empezar. El mosaico de expresiones indeseables para el país es diverso y abundante en malas noticias, y malos signos, para concluir el año. La nota más reciente es la explosión de un ducto de Pemex en San Martín Texmelucan, Puebla. Seguramente rebasarán la treintena de decesos, la mitad de ellos menores, y pueden ser más de medio centenar los heridos. Los daños materiales afectan principalmente a sectores empobrecidos. Los daños ambientales pueden ser muy graves. Las primeras explicaciones revelan una posible toma clandestina de combustible como la causa del siniestro. No sería nueva la noticia del robo de gasolinas a Pemex si no fuera por la desgracia que ahora enluta a esa comunidad poblana. Pero el hecho pone al descubierto enormes problemas de nuestro funcionamiento social. San Martín Texmelucan en tamaño puede equipararse a La Paz. Si un grupo de delincuentes se dedicaba a robar gasolina u otros combustibles perforando oleoductos no lo hacía para venderlos por litro, ni por cubeta, debió emplear varias pipas de miles de litros de capacidad lo cual involucra a muchas otras personas en la red de compra venta ilegal de combustibles. También debió ser de amplio conocimiento la oferta de combustibles a precios sensiblemente más bajos que los del mercado oficial. Si no fuera así el negocio no sería atractivo. Todo ello no puede pasar desapercibido para las autoridades en una ciudad de ese tamaño. En este caso, como en otros que azotan la seguridad pública, hay un componente de complicidades con la delincuencia organizada cuyo radio de acción es enorme. Unos por participación directa o indirecta, otros por omisión, otros por miedo, otros más por indiferencia, pero muchísimas personas seguramente conocían del ilícito pero convivían con él, como conviven con el narcotráfico, el secuestro, el robo, pensando que nunca les tocará pagar las consecuencias de esa complicidad. La sociedad es penetrada por la descomposición de forma silenciosa pero inexorable como una naranja acaba pudriendo todo el costal, si no es descubierta a tiempo.

Apenas unos días antes fue asesinada en la ciudad de Chihuahua la activista Marisela Escobedo frente al palacio de gobierno, quien desde hacía dos años exigía justicia por el homicidio de su hija. El homicida confeso de su hija, Sergio Rafael Barraza Bocanegra, luego de ser arrestado aceptó haber cometido el crimen y llevó a la policía hasta el lugar en el que prendió fuego al cuerpo. Durante el juicio el juez consideró que tales declaraciones carecían de validez probatoria y fue dejado en libertad. Otros dos jueces procedieron de forma idéntica. Y ahí empezó el calvario para la señora Escobedo hasta que un tribunal lo consideró culpable y lo sentenció, pero para entonces el homicida ya se encontraba prófugo. Marisela Escobedo investigó por su cuenta y logró ubicar a Barraza en Fresnillo, Zacatecas, de donde volvió a escapar el criminal. Una de las últimas mantas que alcanzó a colocar frente al palacio de gobierno chihuahuense sentenciaba: "Justicia: privilegio del gobernador. ¿Y para mi hija cuando?". El sistema judicial está descompuesto, ya lo sabíamos, cuenta además con un medio social que es indiferente ante la evidencia de la corrupción, empezando por los máximos tribunales.

También hace pocos días se fugaron una centena y media de reos de un penal de Nuevo Laredo, Tamaulipas. Apenas en septiembre se habían fugado cerca de cien del penal de Reynosa y en marzo fueron otros cuarenta de Matamoros, todos en Tamaulipas. Ahí en ese mismo estado asesinaron en junio al entonces candidato a gobernador Roberto Torres Cantú. ¿Cabe alguna duda de que ese estado norteño está en manos de la delincuencia y de que sus tentáculos cruzan todo el tejido social de la entidad?

Aquí en Sudcalifornia sigue impune el asesinato en marzo de Jonathan Hernández Ascencio y la desaparición desde octubre de la niña Liset Salinas Soto. Hay motivos para estar preocupados, muy preocupados. Mientras, cientos de caritas sonrientes, como quien asiste a una fiesta, piden el voto y prometen mucho en discursos vacíos.