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domingo, 19 de abril de 2009

EL SANTO OFICIO: UNA LÁGRIMA POR CORÍN...



José Luis Martínez S.
El Santo Oficio

En 1986, en una ciudad en escombros por los sismos del 85, hicieron su aparición los cartujos, en un principio un grupo de cinco amigos reporteros dispuestos a compartir información y ganarse unos pesos para el café de cada noche con una columna llamada “Picota”, firmada por El Santo Oficio, en el periódico Ovaciones. Las deserciones comenzaron muy pronto y cuando ese mismo año la columna comenzó a publicarse en la revista Diva, el monje ya estaba solo. Desde entonces ha sido un largo peregrinar por los periódicos Esto, El Sol de México, El Nacional y La Crónica de Hoy, la agencia informativa Notimex y las revistas Etcétera y Milenio Semanal, a donde llegó en el 2000 por invitación de Andrés Ruiz y Horacio Castellanos y en la cual permanece. Con fundados temores, hace ahora su primera incursión en el universo insólito de los blogs, en donde espera contar con la bendición de Dios y la complicidad de sus cinco queridos lectores.Así sea.





Lector disperso y distraído, el cartujo tuvo entre sus primeros libros Flor de leyendas y algunos de Marcial Lafuente Estefanía, Keith Luger y Corín Tellado, con los cuales pavimentó el camino para volverse un sentimental incurable y lacrimoso.

Lloraba, siempre lloraba con las historias románticas de Corín, con las tragedias de sus hermosas y sensuales protagonistas, con las desventuras de los héroes de Estefanía y Luger en el viejo y salvaje oeste norteamericano; lloraba a veces con las leyendas y los mitos reunidos por Alejandro Casona en su célebre antología. Fueron estos cuatro autores españoles, cuyos nombres legales están sepultados por la celebridad de sus seudónimos, quienes lo echaron a perder y lo hicieron adicto al melodrama. Como una magdalena remojada en té, la muerte de Corín Tellado lo devuelve a la infancia, a esas lecturas alojadas con renta fija en su blandengue corazón, donde también están Lágrimas, risas y amor, Rolando el Rabioso, Los Supersabios, Chanoc y tantos otros cuentos e historietas capaces de horrorizar a los fiscales de hierro (oxidado) de las letras… EN EL VERANO de 1994, Guillermo Cabrera Infante organizó en El Escorial un curso de la Complutense dedicado a analizar la novela rosa, donde la presencia de Corín resultó insoslayable. En un ensayo memorable, culto y divertido, Cabrera Infante trazó sus coordenadas. “Los griegos —dijo el cubano—, que lo inventaron casi todo menos la pólvora y los baños turcos, inventaron también la novela rosa.” Dafne y Cloe, “escrita por un tal Longo, (…) habla solamente de amor y es mucho más franca en su carnalidad que casi todos los ejemplos posteriores”. De los griegos pasó a la Edad Media y siguió avanzando hasta llegar a los folletones del siglo XIX y de ahí a las radio, foto y telenovelas del XX. Se refirió a Corín, una “novelista de éxito y extraño talento narrativo”, con afecto y respeto, aunque sin la admiración plena de Rosa Pereda. Para ésta, las mujeres imaginadas por Tellado “tienen más aristas, son más broncas y más parecidas a las que yo he conocido más, a las que no nos queda más remedio que ser. (…) Muchas lectoras consideran que Corín Tellado es ’demasiado cruda’, lo que quiere decir que sus historias —las de Corín— se parecen excesivamente a las de ellas —las de las lectoras—. Para mí, esto es el mejor homenaje…”. Cuando la periodista Rosa Mora le preguntó a Corín su opinión sobre los cursos del Escorial donde se analizaba su obra, la escritora le respondió: “Me importa un pito”, para agregar enseguida: “¡Bah! Total qué. Nada.” Nada, excepto la lealtad de sus lectores, humildes como el cofrade pero agradecidos por haberles descubierto el placer de la lectura, así sea a través de libros desdeñados por los aristócratas de la cultura —como los llama Delia Fiallo—, atados a viejos esquemas y a todos los prejuicios… QUERIDOS CINCO LECTORES, con un suspiro dirigido al corazón de Sugey Ábrego y alegría por el regreso de Conversando con Cristina Pacheco a la pantalla del Canal Once, El Santo Oficio los colma de bendiciones. El Señor esté con ustedes. Amén.

joseluis.martinez@milenio.com

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