Loading...

sábado, 16 de mayo de 2009

SÍNDROME DE MEMORIA SÚBITA SELECTIVA...De MILENIO DIARIO


Acentos
Diego Petersen Farah

2009-05-16•Al Frente

La amnesia selectiva es una enfermedad muy común entre la clase política mexicana; no se acuerdan de nada de lo que pasó en su sexenio, no recuerdan nombres, detalles, cifras, nada. Pero la memoria súbita es una enfermedad que no habíamos visto y que es digna de análisis por el Centro de Control de Enfermedades, pues una epidemia de esta enfermedad podría ser una catástrofe política.

¿Qué le pasó a don Miguel de la Madrid que de repente se acordó de tanta cosa bonita? O de veras está tan mal que confundió la entrevista con Carmen Aristegui con la aduana del infierno y prefirió confesar, selectivamente, todo de lo que se acordaba, o de plano el señor se quiso pasar de vivo en el lecho de muerte porque la enfermedad de memoria de don Miguel de la Madrid es absolutamente extraña: sólo se acuerda de lo que hicieron otros, no de lo que pasó en su sexenio ni de lo que pasó en el de López Portillo. En el caso de Carlos Salinas, don Miguel tiene una estimación, seguramente muy cercana, de lo que el señor y su familia se robaron de la partida secreta. Es una estimación porque el señor vio los toros desde la barrera, de primera fila, pero barrera al fin. En el caso de López Portillo, don Miguel nos podría dar la cifra hasta con pesos y centavos, pues resulta que él era secretario de Programación y Presupuesto (a menos de que ya no se acuerde) y en el sexenio de Miguel de la Madrid ni se diga, ahí sí no hay mejor fuente que él mismo para que nos diga si se llevó o no algo de la partida secreta.

Que De la Madrid diga que se arrepiente de haber nombrado a Carlos Salinas de Gortari eso si no es noticia. Lo realmente extraño del asunto es que no lo hubiera dicho antes. Todos los presidentes que tuvieron “la oportunidad” de nombrar a su sucesor se arrepintieron. Díaz Ordaz se quejó de la ingratitud de Echeverría; Echeverría de la de López Portillo; Salinas de la de Zedillo. Desde que Calles designó a Lázaro Cárdenas y éste lo mandó al exilio nadie le ha atinado, porque la designación del sucesor era un regalo envenenado.

El dedazo era uno de los fenómenos más apasionantes y perversos del sistema político del partidazo. En el fondo el privilegio consistía en escoger quién de entre tus colaboradores te gustaba para que te acribillara políticamente. Al que escogieran los iba a traicionar, pues en la naturaleza del poder no hay forma de que éste sea compartido (Fox llegó a creer que él ejercía el poder compartido con la pareja presidencial, pero en realidad era Marta quien ejercía el poder y él sólo administraba la Presidencia). En un sistema de poder absoluto sólo el dedazo podía asegurar la estabilidad del sistema. El único que tenía poder para designar al presidente era el propio presidente, pero el acto de designación era también un acto de transferencia. Se requería todo el poder concentrado para dar el dedazo, pero el acto mismo aniquilaba el poder.

La sinceridad senil de Miguel de la Madrid es de agradecerse. Nadie va a ir a la cárcel por las declaraciones de don Miguel (quizá los hijos lo manden a un manicomio para que ya no les mueva las aguas, pero no pasa de ahí). Tampoco se va a caer la bolsa ni va a temblar en el DF como cuando venía Salinas ni nada por el estilo. Ni siquiera le va a bajar sustancialmente los votos al PRI, pues los votantes de este partido en su mayoría saben perfectamente que eso sucedía y en su visión consideran que es mejor la corrupción eficiente de los priista que la corrupción hipócrita e ineficiente de los panistas, o la corrupción con ligas y en efectivo de los perredistas.

Para lo que sí sirve el Síndrome de Memoria Súbita Selectiva que le atacó a don Miguel es para hacer arqueología del poder. Gracias a estos arranques de honestidad y arrepentimiento podemos saber cómo operaba realmente el sistema y cuáles eran los mecanismos con los que se movía. Todos sabíamos, de alguna manera u otra, que Salinas se había despachado un cacho de la partida secreta, lo que no sabíamos era si sólo la había dado un pellizco o se la había cenado completa; todos sabíamos que Enrique y Raúl eran los principales factores de corrupción (nunca los únicos) en el gobierno de Carlos Salinas, pero no sabíamos con ese grado de detalle; sabíamos que hay empresarios en este país que se prestan a cualquier cosa (y luego van por la vida pregonando una supuesta superioridad moral de la clase empresarial), pero no teníamos la confirmación desde dentro del sistema de cómo operan las alianzas para la corrupción.

Hay que agradecerle, pues, a don Miguel su arranque de sinceridad. Está claro que el país no aguantaría una epidemia de este extraño síndrome de memoria súbita, sería un desastre del que no nos salva ni la OMS, pero unos dos o tres contagios no nos vendrían mal para darle sabor a unas elecciones muy aburridas e influenzadas, y para saber un poco más cómo es que nos han venido trasquilando a lo largo de los años. Ahora sí que nomás por el puro placer (masoquista) de saber.

diego.petersen@milenio.com

No hay comentarios: