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lunes, 8 de abril de 2013

8 de abril: Auschwitz y mis lecciones antisemitas




Alejandro Alvarez

Mi primer lección antijudía la recuerdo como si fuera ayer, acababa de iniciar la secundaria. De eso hace casi cincuenta años. Mi maestro de biología, un respetable médico que todo mundo quería, soltó un día en clase la siguiente expresión: “los judíos se quieren apoderar del mundo, eso está bien claro en un libro que todos ustedes deben leer ‘El protocolo de los sabios de Sión’, debemos estar preparados para combatirlos”. La impresión debió ser en su momento terrible para un niño de esa edad. No recuerdo una sola de esas clases de biología, pero la frase antisemita la llevo gravada. Mucho tiempo después supe que el prejuicio de mi maestro de biología se construyó sobre la base de un documento falsificado por el zarismo ruso para justificar la persecución y el odio  contra los judíos en 1902, sin gran éxito,  pero que después se recicló para culpar a los judíos de la Primera Guerra Mundial y de la Revolución rusa de 1917. A partir de entonces “Los protocolos….”  se convirtieron en una especie de libro sagrado antisemita.
Cuando pregunté a los adultos que entonces estaban a mi alrededor acerca de ese libro nadie me supo dar razón, pero cuando mostraba mi inquietud por saber algo de los judíos casi todos mostraban un sentimiento hostil a ese grupo social por distintos motivos. “Esas personas mataron a Cristo”, decían unos. “Son unos estafadores que se enriquecen a nuestras costillas”, afirmaban otros. “Los millonarios de todo el mundo son judíos, están detrás del poder en todas las naciones”, sentenciaban. No se sentían obligados a comprobar nada, ni dar alguna referencia relativamente verificable. Era como un torrente sordo que viajaba en el submundo de los enemigos invisibles. Los judíos eran los chivos expiatorios perfectos que todos necesitaban para justificar su miseria.
Las lecciones antijudías eran una comidilla relativamente fácil de encontrar. Bastaba con mencionar la palabra “judío” para que brotaran historias sobre su maldad. Pero algo cojeaba en esas versiones tan familiares cuando se trataban de explicar el origen judío de todos los personajes principales de la Biblia, hasta Jesús de Nazareth y sus seguidores que pertenecían al malquerido judaísmo.
En  el primer año de prepa esta historia cobró un giro. Descubrí que Marx y Trotsky, autores de lectura obligada para los jóvenes en favor de la causa del proletariado de aquella época eran de ascendencia judía. Y mis clases de física empezaron por descubrir el origen judío de Albert Einstein autor de la teoría de la relatividad. Después vinieron los descubrimientos de personajes judíos en las artes como Chagall en la pintura y Bernstein en la música clásica, Freud en la psicología. Para no hablar de personajes mucho más conocidos como Woody Allen en el cine como actor y director, Spielberg (Parque Jurásico) y Polansky (El bebé de Rosmary) como directores, Frida Kahlo como pintora y Julio Iglesias como cantante. Todos ellos judíos. Los primeros años de los setenta fueron una abigarrada búsqueda y hallazgo de hechos a contracorriente de las primeras lecciones antijudías que se convirtieron en piezas que no encajaban en el rompecabezas de la historia real. Pero lo más dramático fue descubrir el destino de los judíos en la historia de la Segunda Guerra Mundial y de cuyos datos tomo parte del título de este texto. El campo de concentración de Auschwitz fue quizás el más grande campo de concentración nazi, la mayoría de los cuales fueron edificados fuera del territorio alemán. Alrededor de un millón de personas, de los cinco millones 600 mil víctimas del Holocausto, murieron en los campos de Auschwitz-Birkenau. La forma en que murieron fueron diversas, unos fueron enviados en forma inmediata a las cámaras de gas, otros fueron ejecutados a balazos en cuanto arribaron. Otros más murieron a causa de la enfermedad, la desnutrición, los experimentos "científicos" de médicos nazis y lo inhumano de las condiciones de vida en los campos de concentración. ¿Puede existir algo que justifique tales atrocidades contra gente totalmente indefensa?
El 8 de abril se conmemora a las víctimas del Holocausto, que por cierto diversas sectas musulmanas y grupos antijudíos niegan que haya existido. Tengo amigos muy cercanos que se identifican con el odio antijudío. No los entiendo. Las persecuciones antijudías se remontan a muchos siglos atrás -Hitler quizás fue sólo el más bestial y masivo en el intento del exterminio judío-,  el prejuicio contra los judíos no será fácil contrarrestarlo,  como no es fácil la lucha contra todo tipo de prejuicio social, como el existente contra las minorías étnicas en nuestro país, por ejemplo.

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