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martes, 2 de abril de 2013

¡Ah, esos universitarios!


http://www.enlagrilla.com                  30 marzo de 2013

Jaime Sánchez Susarrey
Si el diagnóstico que afirma que los priistas portan en su ADN el autoritarismo fuese cierto, la transición democrática en México no se habría alcanzado por la vía de las urnas.
Durante la campaña por la Presidencia de la República, López Obrador espantó con el petate del muerto: si Peña Nieto llega a Los Pinos, la maestra Elba Esther Gordillo será la secretaria de Educación.
No fue la primera -ni será la última- vez que "el rayito de esperanza" espanta con el petate del muerto. Las reiteradas denuncias de la privatización de Pemex durante los gobiernos de Fox y Calderón lo ejemplifican hasta la saciedad.
Ahora, ante la inminencia de una reforma energética, vuelve a gritar: ¡ahí viene el lobo! Lo que sorprende en esta historia no es el uso de un recurso cada vez más desgastado, sino que amplios sectores de la población le sigan creyendo.
Esto es particularmente notable si se tiene en cuenta que en la última elección presidencial muchos jóvenes universitarios votaron por AMLO.
El fenómeno causa intriga a la luz de la biografía y la historia recientes. ¿Cómo se pudo olvidar o ignorar la larga lista de barbaridades que López había cometido en los últimos 12 años?
Enumero:
Si se piensa en lealtad, basta recordar la persecución que inició contra Rosario Robles y Cuauhtémoc Cárdenas, al día siguiente de su toma de posesión como jefe de Gobierno.
Si se piensa en la honestidad valiente, basta evocar el video donde René Bejarano afirma que López Obrador sabe todo lo que él hace, al mismo tiempo que se embolsa cientos de miles de pesos.
Si se piensa en transparencia, basta pensar en Gustavo Ponce, en Las Vegas, apostando decenas de miles de dólares, para luego -bajo el manto protector de AMLO- huir y esconderse.
Si se piensa en responsabilidad, basta escuchar el grito: "¡Al diablo las instituciones!". Y luego las reiteradas amenazas y desafíos a la Suprema Corte de Justicia.
Si se piensa en Estado de derecho, basta referirse a las condiciones escandalosas en que Carlos Ahumada fue procesado y detenido en la Ciudad de México, después de haber sido chantajeado por el gobierno de AMLO.
Si se habla de un político veraz, basta revisar la serie de mentiras que construyó y difundió después del 2 de julio de 2006 para denunciar un inexistente fraude electoral.
Si se habla de rigor intelectual, basta visualizar el papelón que hizo en el programa de Televisa, Tercer grado, cuando descalificó al INEGI y se sacó de la manga una serie de datos falsos.
Por último, y más importante, si se habla de salud mental, basta rememorar su toma de posesión como "presidente legítimo", el 20 de noviembre de 2006, y luego la instalación de su gobierno patito, con todo y águila republicana.
Pese a este larguísimo recuento, López Obrador repuntó en la pasada elección presidencial y, como señalé arriba, los sufragios de muchos jóvenes universitarios fueron parte del caudal de casi 16 millones de votos que recibió.
La pregunta se formula entonces por sí sola: ¿qué es lo que aprenden y quién les enseña a esos jóvenes en las universidades públicas y privadas? La respuesta tiene, sin duda, muchas aristas y obliga a una investigación profunda.
Sin embargo, hay varios elementos que se pueden esbozar y adelantar: a los jóvenes se les enseña y vende una verdad maniquea que tiene varios componentes.
Primero, México vivió bajo el priato en la oscuridad total. Fue un sistema autoritario y bárbaro que imperó a lo largo de todo el siglo XX.
Segundo, no hay matices ni diferencias, los priistas llevan el autoritarismo en el ADN. Es ingenuo esperar que se reformen. Una vez en el poder, se quedan para siempre.
Tercero, las oposiciones de izquierda o de derecha son preferibles al regreso del PRI a Los Pinos. Es una obligación y una responsabilidad generacional impedir que la historia dé marcha atrás.
Sobra decir que este maniqueísmo, como cualquier otro, simplifica y falsea la historia reciente y no tan reciente.
Porque el priato arranca en 1928, pero a lo largo de 71 años hay muchas etapas y diferencias fundamentales entre los gobiernos.
Bajo el priato se construyeron instituciones fundamentales y el país se industrializó y modernizó.
El priato nunca fue un sistema totalitario como el socialismo real en Rusia y Europa del Este o como la dictadura totalitaria de los hermanos Castro en Cuba, que por cierto sigue concitando la admiración y veneración de amplios sectores de la izquierda.
El priato, en su etapa final, que arranca en 1982 y se cierra en 2000, se abrió a una serie de reformas económicas, políticas y sociales que ingresaron a México en el siglo XXI y posibilitaron la alternancia en paz y en orden.
Dicho de otro modo, si el diagnóstico que afirma que los priistas portan en su ADN el autoritarismo fuese cierto, la transición democrática en México no se habría alcanzado por la vía de las urnas, sino por medio de movilizaciones, protestas y hasta balazos.
Pero hay más. La izquierda mexicana, en sus dos afluentes: socialista (marxista) y nacionalista revolucionaria (priista disidente), tiene componentes autoritarios y conservadores.
Por el lado socialista, porque -salvo notables excepciones- jamás hicieron un recuento ni una autocrítica de las tesis revolucionarias.
Por el lado nacionalista-revolucionario, porque se quedaron atrapados en el viejo paradigma del Estado corporativista y nunca pusieron en cuestión la tesis cardenista del pueblo bueno integrado por obreros y campesinos, que ellos encabezan.
No debe sorprender, por lo tanto, que la amalgama de socialistas y priistas disidentes haya terminado bajo la férula de un liderazgo autoritario y conservador que, de alcanzar la Presidencia, marcaría, ése sí, el regreso del PRI más vetusto y autoritario.
Eso es lo que muchos jóvenes universitarios no logran entender aún.

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