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lunes, 8 de abril de 2013

Autopsia a la inteligencia


http://noticias.terra.com.mx                     07 abril 1203

Eduardo Caccia
De no ser por el Cisen (digo yo) y el Santo Niño de Atocha (dice Ricardo Monreal), la semana se hubiera pintado de sangre y México daría otra vez nota mundial por el asesinato de dos hermanos, senador uno, diputado otro. Ya dijo el secretario de Gobernación, Osorio Chong, que el atentado frustrado es un exitoso caso de inteligencia, ese recurso del Estado para prevenir y preservar las condiciones de seguridad de la nación.

Hasta aquí todo luce como una muy buena noticia, que además ha sido bien recogida por la opinión pública. "Ahora sí está funcionando el Cisen", "Estos sí saben cómo manejar la seguridad", son apreciaciones comunes que se escuchan en la sobremesa. Como todo iceberg que flota en la superficie, su sustentación es posible gracias a la masa que pasa inadvertida al ojo que mira encima del agua. "Lo esencial es invisible para los ojos...", nunca mejor fecha para recordar un cuento universal: El Principito cumple, ahora, 70 años.

La especulación, alimentada por una dosis de ciencia ficción al estilo de la serie de televisión CSI, evoca espías modernos escuchando grabaciones desde una camioneta sin ventanas, criminalistas de bata blanca que con aparatos excepcionales son capaces de reconstruir conductas torcidas. Cualquier pista es una evidencia en potencia, nada debe descartarse, desconfiar es la norma.

El espía, audífonos puestos, cabecea escuchando estupideces, hasta que brinca el tímpano: "voy a matar a unos perros", y de ahí la canina retórica se junta con el olfato de sabueso, "si no es el senador D que sea su hermano, el diputado R", ¿así o más claro?, aparece una figura de nerd tecnológico, como el personaje "García" del programa Criminal Minds, encuentra en su base de datos parejas de hermanos políticos, uno diputado, otro senador, ¡los Monreal!, da el pitazo, activa cierto código y con eficacia quirúrgica los asesinos en potencia son detenidos.

Sin quitarle mérito a la labor de inteligencia, me parece que hay elementos en esta escena del crimen frustrado que permiten cuestionar algunas cosas. Dicen los que saben que, emateria de inteligencia, uno de los principios fundamentales de la actividad es aceptar que nunca hay logros que festejar, esto es, los éxitos son guardados en un cajón, silenciosos, no trascienden. Bajo esta condición que renuncia al ego, el agente de seguridad es un héroe anónimo que nunca aspira a una medalla, algo así como un salvavidas enmascarado que debe esconderse mientras la gente pregunta: ¿a quién aplaudimos?

¿Qué motivación hay para presumir un logro de inteligencia nacional? Para decirlo de otro modo, de poco sirve que yo publicite que cada 15 días le doy el "chivo" a mi esposa, cuando es mi deber y además pacté que sería una acción entre dos, a menos que me convenga que todos vean que soy un marido ejemplar. ¿Quién, entonces, gana difundiendo una labor que por definición no debe ser presumida? ¿Qué cuentas se saldan o se crean entre los diversos actores del episodio? ¿Qué piezas del ajedrez se fortalecen y cuáles se debilitan con este movimiento? ¿Cuál es la movida magistral que no vemos pero que un genio ajedrecista de la política ya trazó?

No tengo duda de que la inteligencia al servicio del bien y del Estado es una poderosa herramienta que han usado todos los gobiernos en la Tierra. Saber de los otros es una necesidad de sobrevivencia desde tiempos cavernarios. El cazador que dejaba mujer e hijos en la cueva para ir por el bisonte necesitaba saber que sus vecinos no eran caníbales o fueran una amenaza latente para su grupo nuclear. Saber de los otros es una herramienta de preservación biológica, de organismos vivos y del Estado.

Festejo que dos políticos mexicanos que hubieran sido asesinados sigan vivos, festejo que continúen su labor política; aunque no comulgo con su visión ideológica, tienen todo el derecho a expresar y luchar por sus ideales bajo los medios legales que nuestras bases jurídicas les dan.

El caso deja preguntas abiertas, más allá del móvil y lo que haya detrás. Necesitamos saber quién gana con haber difundido un éxito que debió haber quedado entre cuatro paredes.


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