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jueves, 18 de abril de 2013

REFORMA EDUCATIVA, POR VERSE



Alejandro Álvarez


La educación básica en el país pasa por un largo túnel de mediocridad desde hace ya muchos años. La mejor prueba de ello son las capacidades y conocimientos con los que egresan los niños de primaria y secundaria. Sin generalizaciones absolutas, pero tampoco minimizando el hecho, se puede afirmar que más de la mitad de los niños que salen del sexto grado de primaria tienen deficiencias graves en la lectura y escritura. Descifran los símbolos del alfabeto y los reproducen en un papel pero no saben leer ni escribir. Si leen un texto no son capaces de explicar su contenido por escrito. Ya no hablemos de su comprensión de los hechos históricos fundamentales del país. O de su capacidad para resolver problemas matemáticos elementales como el cálculo de superficies o volúmenes de cuerpos geométricos. Los niños con tales lagunas dan un paso al vacío si continúan su paso en la educación de los siguientes niveles.  La calidad de la educación en México se encuentra en la posición 100 de 144 países que fueron evaluadas en el Reporte Global de Competitividad en el 2012, del Foro Económico Mundial (FEM). La posición 100 se obtiene al evaluar la calidad del sistema educativo y el 124 si se trata de ciencias y matemáticas, 71 si se mide la disponibilidad de científicos e ingenieros, 49 si se compara con la calidad de las instituciones de investigación y 42 en la colaboración de universidades con la industria.
¿De quién es la responsabilidad? Desde la trinchera del radicalismo podemos señalar al gobierno como principal responsable. Pero no se explicaría todo y se caería en el activismo político para “acabar con ese gobierno”.  Se podría culpar a los sindicatos, que razones sobran para sospechar que de ahí no han salido cosas buenas para la educación. Pero se desviaría la atención y recursos hacia la limpieza de dirigentes, labor titánica y que compete sólo a los sindicalizados, a menos que se crea que por ejemplo el encarcelamiento de la señora Elba Esther Gordillo y sus socios vaya a tener un efecto positivo en el nivel educativo. Se podría culpar a los padres de familia, por no dedicar el tiempo suficiente a la atención en casa de los problemas educativos de los hijos. A ver cómo le hacen para dejar de trabajar y dedicarse a llenar los huecos que les deja la escuela a los hijos.
Nuestros diputados que siguen pensando que resuelven todos los problemas del país con el simple y sencillo levantar de sus deditos, ya resolvieron el caso y nos sambuten por la tele la idea de que con la Reforma Educativa ya tenemos la educación de calidad que demandábamos. Los profesores que se sienten amenazados en sus privilegios o que se saben vulnerables ante la posibilidad de que sean evaluados y eventualmente cesados, levantan el monigote de la “privatización de la enseñanza” para oponerse a la reforma.
Cuando hay profesores de algunos estados del país que encapuchados, armados con palos  y piedras rompen cristales de palacios de gobierno o congresos,  incendian edificios, cierran carreteras o ponen campamentos durante semanas, ninguna reforma educativa  tendrá resultados favorables. Se necesita mucho más que leyes y spots oficiales para mejorar la educación. Aquí en el estado un grupo de maestros mantiene en su poder el edificio sindical desde hace varios años. Algún secretario de educación denunció que quienes encabezaban ese movimiento ostentándose como dirigentes sindicales serían sancionados por no asistir a su centro de trabajo a laborar, porque cobrar si lo hacían religiosamente. La amenaza jamás se cumplió. Esas personas (aviadores disfrazados de “sindicalistas democráticos”) jamás han sido tocados ni con el pétalo de una rosa.  Y los representantes reconocidos oficialmente han doblado sus manitas con docilidad dejando que su local sindical siga sin funcionar para lo cual no tienen empacho en pagar renta de otro local, al fin y al cabo las cuotas de los profesores hablan. Si no son capaces de resolver esas minucias ¿podrán resolver el problema educativo del país? Sí, como no.

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