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miércoles, 17 de abril de 2013

RAZONES Y SINRAZONES DE VILLAVICENCIO

VILLAVICENCIO: BAJO SOSPECHA..

Héctor Santiesteban Oliva

Contaba Julio Scherer que un día su madre se encontraba gravemente enferma. Le pregunta a su hijo “¿Cuántos amigos tienes, hijo?”, él le responde que unos once, a lo que ella le replica: “yo voy a morir con dos”.
¿Por qué la pregunta? ¿Qué trataba de decir? Tal vez sea un aviso sincero contra la deslealtad y la ingratitud.
El ser humano es una caja de Pandora y encierra tantos acertijos y veleidades que no es fácil decantarnos y calificarlo en una u otra dirección, por más que estemos tentados y propensos a hacerlo. Un enemigo nuestro puede ser bueno con sus hijos o un científico exitoso, aunque nosotros lo califiquemos con criterios más sesgados. Así somos generalmente.
El tiempo pasa veloz. Hace poco nombraban a Carlos Villavicencio rector de la universidad y después de varias vicisitudes nunca pudo ocupar el puesto. De los intereses creados y las inercias ilegales ya he hablado. El día de hoy quería hablar del propio Villavicencio.
Durante muchos meses representó la esperanza y la defensa de la legalidad. Realizó con tesón varias tareas que eran complicadas, afanosas, reiteradas. Poseía un amplio panorama del quehacer universitario y una mente abierta. Parecía con las cualidades necesarias como para haberse desempeñado como un buen rector.
Hubo también los claroscuros, algunos más pasados de tueste. Por ejemplo cuando llegó no una sino en dos ocasiones a tomar posesión y no tomó nada y que cuando en el momento más crítico se le exigió el documento que lo avalaba como rector, con sentencia de un juez federal, ese documento y las copias “las había dejado en el carro”.
Está también el caso de dos profesores alemanes con doctorado y sólida formación que fueron desechados de la institución por parte de los llamados espurios “porque estaban del lado equivocado”. O el caso de los diez profesores que sufrieron (sufrimos) un acta de extrañamiento errática y tramposa fuera de toda regla legal. Y que por si fuera poco, también recibieron (recibimos) una denuncia penal por sedición o algo del jaez.
Sobre estos desaguisados sufridos por personas que defendían la legalidad y por ende la designación de Carlos Villavicencio como rector por parte de la Junta Consultiva, sobre estos desaguisados, Villavicencio no hizo prácticamente nada. Hubo gente que perdió el empleo y gente que está cerca de perderlo y él como quien ve llover.
Que sea libre de trabajar en el gobierno municipal, de alguna manera en la política, después de pasar por rectoría, es libre y tiene derecho. De hecho, se ha convertido en costumbrita. Pero que sea lo más conveniente y honesto, queda en entredicho.
Lo que sí no puede ser posible en un caballero, en un hombre de bien, es dejar a quienes lo apoyaron sufrir iniquidades y él, quitado de la pena, forjándose un futuro con visos oscuros, con el tufillo en el aire de alguna traición jugada.

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