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viernes, 15 de marzo de 2013

¿Bergoglio o Pedro Apóstol?




Jesús Gómez Fregoso

2013-03-15 •
Pedro Apóstol, San Pedro Apóstol, fue sin la menor duda el menos indicado para ser el primer Papa, según el criterio de los “expertos” que durante las últimas dos semanas nos han bombardeado con reportajes, análisis y sesudos comentarios sobre el probable sucesor de Benedicto XVI. Pedro, el pescador, no tenía la menor experiencia en manejos políticos, sin ningún conocimiento de los problemas globales, de las necesidades del mundo, de la diversidad de culturas, de la antropología social, de la problemática de la juventud actual, de las asechanzas de la pederastia, de las ideas de la globalización, de la urgencia de los retos de los desafíos de la políticas de género, etc. etc. etc.
Pedro no era ningún políglota, con trabajos hablaba el arameo, no tengo idea de cómo se valdría en Roma para hacerse entender. No tenía ninguna noción de la lengua griega, el idioma culto de entonces. Ningún doctorado, ni siquiera licenciatura. Para colmo de males, tenía suegra. Imagínese Usted la importancia de la señora suegra del Papa.
Tal vez el más “papable” era Pablo de Tarso, culto, ciudadano romano, viajado, hábil en su trato, aunque, como todos los varones de su tiempo, machista y antifeminista. La gran dificultad para ser papable era que, cuando Jesús decidió nombrar al primer Papa, Pablo andaba muy lejos de los caminos de Jesús: no era de los doce apóstoles, ni siquiera de los setenta y dos discípulos. Para colmo de males, cuando Pablo, Saulo, aparece en la Biblia lo encontramos como perseguidor de los cristianos. Fue sin duda el que fundó más iglesias locales, el que más difundió la doctrina de Jesús; pero, cuando Jesús fundó la Iglesia, andaba muy metido en el judaísmo y fue encarnizado perseguidor de los fieles a Jesús.
Mateo y Judas Iscariote eran posiblemente los más “papables” de todos los apóstoles y, como dicen ahora los “expertos” en asuntos vaticanos sabían del mundo de las finanzas, muy aptos para manejar la Banca Vaticana. Mateo había sido publicano, hábil para conocer la economía judía y los manejos financieros del Imperio Romano. Judas era experto en administrar los dineros de los doce socios. Pero, a la hora de escoger al Papa, Jesús no los tomó en cuenta.
Andrés y Bartolomé no tenían dotes señaladas como para encabezar al naciente grupo de discípulos de Jesús. En cuanto a Felipe, ninguna referencia nos da el Evangelio para considerarlo papabale, lo mismo que a Simón el Fanático.
Juan, según investigaciones más recientes, era muy apto para el trato de gentes, joven, andaría en los 25 años, muy lejos de los cardenales actuales setentones y ochentones. Juan era vigoroso y muy responsable, tan humano e inteligente que Jesús, moribundo en la cruz, le encomendó a su afligida madre y el joven evangelista la llevó lejos, muy lejos a Éfeso para librarla de los judíos. Sin embargo Jesús para nada lo tuvo en la lista de “papables”.
Las preferencias de los católicos mexicanos hubieran sido muy favorables a Judas Tadeo, que tiene miles de estatuas, millones de medallas y docenas de templos en México, de modo que para muchos de nuestros fieles sería sin duda altamente “papable”, seguro de contar con miles de votos en una posible elección, si la elección fuera por mayoría entre los católicos; a pesar de que prácticamente nada se sabe de él, fuera de que está en la lista de los primeros doce apóstoles, pero no necesariamente papables.
Jesús no empleó ninguno de los medios actuales para promover a su candidato; tampoco usaba encuestas de opinión y de muy poco le hubieran servido para escoger a su sucesor. Jesús no tenía consejos asesores. Su único consejero era su Padre y, con frecuencia, en las noches, se retiraba a consultarlo en la oración. Según el Evangelio apócrifo de la Madre Matiana, una noche, en el Huerto de los Olivos, le dijo a su Padre: “me diste una muy flaca caballada”, y el Padre le contestó: “con esos bueyes hay que arar”.
Por respeto al padre Bergoglio, así lo conocí en Buenos Aires hace años, tendré que modificar la última frase. Según otro Apócrifo, en la oración del Huerto, el Padre Celestial le dijo también: “no te preocupes, yo tengo mis planes que tú ignoras; confía en mí”.

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