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martes, 5 de marzo de 2013

DIARIO DE UN NIHILISTA:EL LINCHAMIENTO MEDIÁTICO de ELBA ESTHER


ALFREDO GARCIA

 El linchamiento mediático de Elba Esther Gordillo estuvo fundado en su aspecto físico y fue por ello doblemente deleznable. El apodo infamante de ‘la novia de Chucky’, que corrió desde Mérida hasta La Paz, evidencia este odioso punto. Es decir, que sus enemigos actuaron ad feminem, se fueron sobre la persona, para ridiculizarla, para caricaturizarla. Lo demás parece un cuento de las mil y una noches. En efecto, ¿quién puede gastarse 36 millones de pesos diarios? ¿En qué los dilapidaría? Naturalmente, los 1700 millones que se le achacan a la Maestra están íntegros y a disposición del SNTE o, después de su captura, del Gobierno Federal que la mandó a prisión. Los cargos que se le imputan son abstractos, genéricos, cuestión de papeleo y de ingeniería financiera. Ni ella ni Carlos Slim siquiera, cargarían encima un millón de pesos en joyas o lo guardarían en el clóset de su casa. En esta época poscapitalista, el dinero flota en la estratósfera y no pertenece a nadie: cantidades seguidas de muchos ceros cambian de manos de manera instantánea, mediante un papeleo que se asemeja más a las habilidades manuales de los casinos, sin que nadie en el bajo mundo del trabajo y la necesidad se dé por enterado. Es así como se explica que cantidades fabulosas, míticas se hallen ligadas a los nombres de simples mortales, ya se trate de Zhenli Ye Gon o de Javier Villarreal el rico. El dinero pertenece al dinero, esto es a nadie y a todos, a las potencias abstractas y casi mágicas que mueven la macroeconomía. Las personas concretas lo usufructúan de manera relativa, temporal y siempre parcial: Carlos Slim, en efecto, necesitaría decenas de vidas para darle uso y disfrute a una fortuna que parece haber conseguido por el intermedio de una lámpara mágica. Sólo mediante un uso sesgado y mafioso de la ley se puede meter en la cárcel a una persona, acusándola de gastar en cinco vidas hipotéticas una cantidad de dinero que ni siquiera ha visto junta en su vida. Ahora bien, si de dinero hablamos, quienes tienen control sobre él son los empresarios, unas criaturas impolutas, angelicales que nunca se ven envueltos en los escándalos de los medios de comunicación. Contratan publicidad en los medios y al hacerlo compran impunidad. Personajes privilegiados del régimen, el Gobierno los protege, los medios los ensalzan, la Iglesia consagra sus casamientos y sus funerales. Sólo la clase trabajadora, que los sufre, los conoce de manera completa y detallada. Naturalmente, los empresarios no tienen en sus casas máquinas para imprimir dinero; sus fortunas provienen de la expoliación directa y despiadada de millones de mexicanos. Fueron ellos quienes orquestaron la campaña de linchamiento de Elba Esther y quienes ordenaron al presidente Peña Nieto que la encarcelara. Por lo demás, la Maestra nunca fue el patrón de los trabajadores de la educación: su patrón era el Gobierno, que durante más de medio siglo les pagó a millones de ellos un sueldo de obreros de fábrica. Gracias a Gordillo, los profesores empezaron a comer con manteca. Ella defendió los derechos del sindicato en una época de turbulencia política, estableciendo alianzas con el PRI y con el PAN, sus posteriores verdugos, con tal de que el estatus socioeconómico de los maestros, arduamente alcanzado, no se fuera al traste. Millones de profesores se beneficiaron de su beligerancia, de su astucia, de su maquiavelismo, de su condición de guerrera. Hizo cierto su epitafio: no está en la cárcel como una ladrona, sino como una guerrera. 

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