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martes, 6 de abril de 2010

EL CRUJIR DE LA TIERRA: ZOZOBRA EN EL TIEMPO...


EL CORAZÓN DE MEXICALI LATE
DESPUÉS DEl TERREMOTO VIENE LA CALMA?...

Lombardo López Gorosave

Describir lo indescriptible cae en el ocio, que terco de lo imposible no se limita a tratar de explicar la experiencia de vivir por tan sólo 45 segundos un terremoto de las magnitudes de todas las escalas, sobre todo la de mi corazón que latió a 7.2 grados con epicentro en la parte inferior próxima a mi estómago, así como el de miles de personas, que más allá de apoderarnos del pánico generalizado, nos invadió el asombro insospechado de la fuerza de la tierra, sí, la verdadera, no la generosa, increíblemente poderosa, capaz de moverse por sí misma para sacudir el estorbo de quienes aferrados a ella la habitamos, la explotamos, la contaminamos; una ola subterránea… zozobra sin viento, sin barco, sin horizonte...zozobra en el tiempo.

Gritos, llantos, sirenas, un cielo de pájaros en fuga, y nada, sólo el susto y el asombro, que en esta ocasión volvimos a salir ilesos, y efectivamente, tal como diagnosticó mi hermano Edmundo, recogimos los vidrios rotos de las caguamas para el refil inmediato, necesario y hasta justo; las tiendas con la mercancía literalmente en el suelo, no impidió que algunos comerciantes sin luz ni agua atendieran la emergencia refilera que exigimos con valor civil en varias ocasiones hasta casi la 1 de la mañana, hora en que la vecindad seguía fuera de sus casas, dentro de sus autos algunos, en parques públicos y ante la falta de luz el contraste: un cielo movedizo repleto de estrellas brilló intensamente, consuelo de Dioses que acompañó las 200 réplicas siguientes.

Amaneció y el temblor de 5.5 grados de las 4 de la madrugada no causó daño en mi sueño, ni fue registrado en la estadística de mi memoria, así que dormí bien y amanecí bien, sin embargo queda marcado en nuestro ser, de manera indefinida, el latido del corazón de esta tierra peninsular que quiere hablar de su pasado; un futuro incierto y el miedo habita en los ciudadanos, ante lo impredecible de la repetición del fenómeno natural y de su intensidad; no existe tecnología que garantice la integridad física ante un evento de este tipo, ni el Chapulín Colorado nos puede defender, sólo quedan como único recurso de defensa las medidas preventivas indicadas, las cuales nadie seguimos, todos salimos corriendo a buscar un lugar donde no te cayeran encima los postes de luz.

Dicen que después de la tempestad viene la calma, pero después del terremoto se vuelve a dormir la angustia que habita en tu ser, pero que deja vivir.

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