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sábado, 19 de febrero de 2011

Van cinco



JAIME SÁNCHEZ SUSARREY

Oaxaca, Puebla y Sinaloa en 2010. Guerrero y Baja California Sur este año. Cinco gubernaturas que, de otro modo, habrían caído bajo la aplanadora priísta. La experiencia lo confirma. Las alianzas sí funcionan y han modificado radicalmente la escena política. No hay elementos para suponer un regreso inminente e imparable del PRI a Los Pinos en 2012. Los dados no están cargados ni el resultado asegurado.
Lo anterior sin embargo, no borra un hecho innegable. La recuperación del PRI es palpable y está asociada al desencanto de la población. Muchos sectores razonan de manera directa y simple: más vale malo por conocido, que bueno por conocer. O son aún más tajantes: los priístas eran corruptos pero eficaces, los panistas también con corruptos, pero además ineficaces.
El problema para los priístas y sus cálculos futuros es que esa es sólo la mitad de la ecuación. ¿La otra mitad? El rechazo al PRI sigue siendo real. No importa que se trate de electores de izquierda (PRD), de derecha (PAN) o flotantes (oscilan en cada elección). En determinado momento un grupo importante de ellos puede aglutinarse bajo un objetivo: ir contra los priístas.
Por eso las victorias en los cinco estados mencionados y por eso los resultados apretados en Hidalgo y Durango el año pasado. Por eso, también, la incertidumbre de lo que podría ocurrir en el Estado de México si efectivamente se fraguara una alianza PAN-PRD. Los números no mienten. Un electorado dividido a tercios genera dos efectos: a).- una tendencia a la polarización en cada elección, b).- que favorece a las fuerzas que traban una alianza.
Eso fue exactamente lo que describió y sugirió Felipe Calderón hace apenas unos meses. El “silogismo” no fue perfecto, pero sí contundente: a).- el peor de los resultados imaginables en 2012 sería el regreso del PRI, 
b).- no hay que descartar un candidato de la sociedad civil que unificase a los antipriístas, 
c).- una elección plebiscitaria (sí o no al regreso del PRI) se traduciría en una victoria.

Perogrullo. Todo lo anterior rige para el Estado de México. Lo que suceda allí será crucial para el 2012. Quien triunfe obtendrá una ventaja estratégica. Se trata del estado con mayor número de electores, con una cantidad enorme de recursos públicos y con zonas conurbadas con la ciudad de México. Amén del impacto psicológico que tendrá hacia la elección presidencial.
Bajo ese panorama, la alianza PAN-PRD debería darse por descontada. Primero, porque todo indica que sin esa alianza ni el PAN ni el PRD tienen posibilidades de alcanzar la victoria. Segundo, porque la derrota en el Estado de México constituiría un tremendo golpe para el precandidato estrella del PRI. Y tercero, porque sentaría un precedente hacia el 2012.
Nada sin embargo, está escrito. La incógnita de esta ecuación tiene nombre y apellido: AMLO. Su oposición a la alianza es tajante. Es más, ya advirtió a su pupilo, Alejandro Encinas, que si él “transa” y acepta ir con Acción Nacional, entonces el Partido del Trabajo y Convergencia lanzarán un candidato por su cuenta con el apoyo de su Eminencia.
Ese tour de force tendrá un pronto desenlace. Porque si López Obrador se mantiene en su estrategia, los perredistas toparán con dilema: postular un candidato de unidad de toda la izquierda (Alejandro Encinas) o ir en alianza con Acción Nacional, pero enfrentando la quinta columna de López Obrador. Con un agravante adicional. La fuerza del “rayito de esperanza” en el Estado de México es considerable. No tanto como para obtener la victoria e imponerse sobre el candidato del PRI, pero sí para torpedear las posibilidades de victoria del candidato PAN-PRD. Dicho de otro modo, López Obrador no tiene la llave de la victoria, pero sí el boleto de la derrota de sus adversarios en el interior del PRD.
Este juego de sombras y de imágenes no se agota en sí mismo. Es, en sentido estricto, el primer round de la pelea por la candidatura del PRD a la Presidencia de la República. López Obrador está socavando el poder y la fuerza sus principales opositores (Nueva Izquierda de Jesús Ortega). Al hacerlo le cierra el camino a Marcelo Ebrard y le envía una advertencia: hacia el 2012 la izquierda marchará unida o dividida, tú decides.
El mensaje descifrado tiene las mismas claves del Estado de México. López Obrador irá por su cuenta llueva o truene. Aún en el caso hipotético de que el PRD postulara a Marcelo Ebrard o se sumara al PAN para apoyar un candidato ciudadano. En ambos escenarios, “el rayito de esperanza” no tendría la capacidad de ganar la elección, pero sí de torpedear a sus adversarios.
El ultimátum es terminante: Yo o el diluvio. Por eso lo que ocurra en los próximos meses será determinante y resolverá las principales incógnitas del 2012. El desenlace es de pronóstico reservado. Pero hay dos referentes a tomar en cuenta para prefigurar el futuro inmediato.
El primero es la personalidad del “rayito de esperanza”. López Obrador ha hecho su travesía del desierto con la tozudez que lo caracteriza. Su fuerza proviene de una convicción: le robaron la Presidencia en 2006. Y también de una reivindicación: sólo él, y nadie más que él, tiene el derecho y la obligación de vengar el agravio.
A lo que agrega su propio cálculo “racional”: si en 2012 logra polarizar la contienda con Peña Nieto, podrá aspirar a jalar en torno a su candidatura el voto antipriísta y la victoria estaría al alcance de la mano. Él es el indestructible y… lo seguirá siendo.
¿Se equivoca? Por supuesto que sí. Pero lo que importa es lo que él cree y piensa. Y eso lo sabremos, con certeza, muy pronto.

1 comentario:

Nonato Antonio dijo...

El enfoque inicial del Sr. Sánchez Susarrey es voluntariamente falso, nadie va a creer que un analista de su talla no sepa que ni en Guerrero ni en BCS hubo alianzas modelo 2010. Las elecciones de Guerrero y BCS demuestran que ambos partidos ganadores pueden hacerlo solos sin enredo ni necesidad de dar tantas explicaciones.